-Áhi anda Ciriaco Garro
desesperau por correr,
con el moro de “El Placer”
de tanta fama en Navarro;
mano a mano, amigo Marro,
le correría con mi “Guaso”,
pero, de plata ando escaso,
de no… ya estaba apostando
y se lo gano domando,
sin pegar ni un rebencazo.
-Pero si ese viejo, amigo,
es más charlatán que un loro
y ya lo tiene al tal moro
más seco que pasa de higo;
no halla rival o enemigo,
se vuelve pura parada,
gritando en forma taimada
y arrejau que lo acuchillen:
¡le corro al que desensillen
y hasta ande marquen llegada!
-Es que las otras mañanas
un güen cotejo le han dao
y fácil se lo ha ganao
al escuro ‘e los Maidanas;
y el patrón de “Las Marianas”
que se lo jué a relojiar,
como lo vido pasar
en güen tiempo los quinientos,
le ha hecho cráir que ni los vientos
se lo han de poder ganar.
-Yo le haría el gusto al viejo
con el tordillo ‘e Barbosa,
ya que no habla de otra cosa
que del moro y del cotejo;
y dispués, con mi azulejo
si sigue haciendo pata ancha,
le daría la revancha
pa’ que deje ‘e cacariar
y lo hago contra-cantar
todo el tiro de la cancha.
Versos de Charrúa
viernes, 28 de octubre de 2011
NI AMOR NI JUEGO
Jui regular pa’l cuchillo,
pa’l lazo, como de encargo,
pa’ los naipes muy amargo
y aquerenciao al lomillo.
Pero nada más sencillo
que’l juego ‘e taba encontrao;
pucha… si me tiene dao
en la vida tanto cobre;
que de bandido ando pobre
con la plata que he ganao.
Con mi tiro se pararon
los más crudos ‘copadores’,
y famosos clavadores
a mis manos se jugaron;
como a Dios me respetaron
en las canchas más mentadas
y, después de esas oladas
de arrear el último peso;
quedé barajando el güeso
al final de cien jugadas.
En la estancia “El Caburé”,
después de una gran cerdiada,
se había armao una tabiada
y de pasada llegué.
Mano a mano me atraqué
al resplandor de la luna,
las pilchas y una fortuna
le tuve a un indio ganadas.
Le eché veintidós clavadas
sin volcárseme ninguna.
Un medio de día de enero
que’l sol me venía quemando
encontré desensillando
la peonada de un tropero,
allí nomás el apero
a mi moro le bajé
y a jugar los convidé
-mientra’el churrasco se asaba-;
esa ocasión con la taba
ni sé cuánto levanté.
En la estancia “La Espadilla”,
a un moreno brasilero,
le gané todo el dinero,
el herraje y la tropilla;
y también, a un tal Bonilla
en la pulpería ‘e “Centenos”,
tabero bastante güeno,
aguantador y platudo;
lo largué medio desnudo
y en pelo sobre un ajeno.
Después, cuando con mi hermano
acarriabamos baguales
pa’ unos remates mensuales
allá en el pago entrerriano
llegó un amor soberano
toda mi vida a embargar,
de una hija de aquel lugar
de la gran tierra Argentina;
era una mujer divina
que nunca podré olvidar.
Más mi hermano, con pasión
se prendó de mi entrerriana
y en mi mente una idea insana
me espueliaba con razón;
véia en el humo traición
si pitaba ‘e su tabaco
o si me empinaba un taco
de su chifle de franquero;
en su facón caronero
o en su poncho calamaco.
A buenas nos arreglamos
-aunque nos sobran agallas-
y a siete pasos dos rayas
con los facones marcamos;
la “baya” los dos tanteamos,
tiró primero mi hermano,
iba a defender ufano
toda su dicha, talvez…
Y me la dejó a los pies
como puesta con la mano.
Yo también la barajé
con esperanza en el pecho,
adelanté el pie derecho,
agaché el brazo, y tiré…
La taba picó y se jué
como una cosa perdida;
si cuando la vi caída
me vino como un sudor…
Jué la parada mayor
que yo he perdido en mi vida.
Después, golví pa’ mi tierra
con alma y fe quebrantadas
y me hayao en cien jugadas
de boliche, trilla o yerra.
Pero en tal forma me aferra
el recuerdo, aquella amada,
que si caigo a una jugada
y por vicio el güeso piso:
cuando echo algo, siempre es liso
por más que pique a clavada.
Versos de Wenceslao Varela
(uruguayo)
pa’l lazo, como de encargo,
pa’ los naipes muy amargo
y aquerenciao al lomillo.
Pero nada más sencillo
que’l juego ‘e taba encontrao;
pucha… si me tiene dao
en la vida tanto cobre;
que de bandido ando pobre
con la plata que he ganao.
Con mi tiro se pararon
los más crudos ‘copadores’,
y famosos clavadores
a mis manos se jugaron;
como a Dios me respetaron
en las canchas más mentadas
y, después de esas oladas
de arrear el último peso;
quedé barajando el güeso
al final de cien jugadas.
En la estancia “El Caburé”,
después de una gran cerdiada,
se había armao una tabiada
y de pasada llegué.
Mano a mano me atraqué
al resplandor de la luna,
las pilchas y una fortuna
le tuve a un indio ganadas.
Le eché veintidós clavadas
sin volcárseme ninguna.
Un medio de día de enero
que’l sol me venía quemando
encontré desensillando
la peonada de un tropero,
allí nomás el apero
a mi moro le bajé
y a jugar los convidé
-mientra’el churrasco se asaba-;
esa ocasión con la taba
ni sé cuánto levanté.
En la estancia “La Espadilla”,
a un moreno brasilero,
le gané todo el dinero,
el herraje y la tropilla;
y también, a un tal Bonilla
en la pulpería ‘e “Centenos”,
tabero bastante güeno,
aguantador y platudo;
lo largué medio desnudo
y en pelo sobre un ajeno.
Después, cuando con mi hermano
acarriabamos baguales
pa’ unos remates mensuales
allá en el pago entrerriano
llegó un amor soberano
toda mi vida a embargar,
de una hija de aquel lugar
de la gran tierra Argentina;
era una mujer divina
que nunca podré olvidar.
Más mi hermano, con pasión
se prendó de mi entrerriana
y en mi mente una idea insana
me espueliaba con razón;
véia en el humo traición
si pitaba ‘e su tabaco
o si me empinaba un taco
de su chifle de franquero;
en su facón caronero
o en su poncho calamaco.
A buenas nos arreglamos
-aunque nos sobran agallas-
y a siete pasos dos rayas
con los facones marcamos;
la “baya” los dos tanteamos,
tiró primero mi hermano,
iba a defender ufano
toda su dicha, talvez…
Y me la dejó a los pies
como puesta con la mano.
Yo también la barajé
con esperanza en el pecho,
adelanté el pie derecho,
agaché el brazo, y tiré…
La taba picó y se jué
como una cosa perdida;
si cuando la vi caída
me vino como un sudor…
Jué la parada mayor
que yo he perdido en mi vida.
Después, golví pa’ mi tierra
con alma y fe quebrantadas
y me hayao en cien jugadas
de boliche, trilla o yerra.
Pero en tal forma me aferra
el recuerdo, aquella amada,
que si caigo a una jugada
y por vicio el güeso piso:
cuando echo algo, siempre es liso
por más que pique a clavada.
Versos de Wenceslao Varela
(uruguayo)
jueves, 27 de octubre de 2011
SIEMPRE SE APRENDE
Hasta el lobuno he’nsillao
y se me larga a llover,
¡con lo que tengo que hacer
que tiempo más desgraciao!
Pero si Dios lo ha ordenao
le tendré que cabrestiar,
¡que me voy a retobar
si el cielo no tiene agujeros
donde meterle los dedos
pa’ que deje de gotear!
Aura si, con esta leña
y algunas charamusquitas,
mi viejo fogón palpita
y en calentarme se empeña;
de mi voluntá se adueña
las ganas de no hacer nada
y me ayuda la encordada
con que mi mano trompieza,
pa’ asujetar la tristeza
que viene de atropellada.
Ya que la tengo abrazada
tan mansa y tibia la siento
que casi me hayo contento
que el tiempo haga esta jugada;
en su música embretada
queda mi melancolía
y toda la vida mía
desfila de a remezones,
como si arriara en sus sones
las tristezas y alegrías.
El rencor o la amistá,
lo bueno como lo malo,
la mezquindá o el regalo,
el amor… la soledá…,
odio, perdón y piedá
se mezclan en el izquierdo,
y al rastriar, el tiempo lerdo
toda la vida empareja,
como pa’ tapar las quejas
que nacen de los recuerdos.
¿Me estaré poniendo viejo
que al sentimiento le aflojo?
Él me maneja a su antojo
y yo, dominar, lo dejo.
Estos recuerdos añejos
que el mal tiempo me ha traído,
casi los he bendecido
aunque en antes renegué,
por eso aura pienso que:
¡gracias a Dios, que ha llovido!
Versos de Omar Italiano
y se me larga a llover,
¡con lo que tengo que hacer
que tiempo más desgraciao!
Pero si Dios lo ha ordenao
le tendré que cabrestiar,
¡que me voy a retobar
si el cielo no tiene agujeros
donde meterle los dedos
pa’ que deje de gotear!
Aura si, con esta leña
y algunas charamusquitas,
mi viejo fogón palpita
y en calentarme se empeña;
de mi voluntá se adueña
las ganas de no hacer nada
y me ayuda la encordada
con que mi mano trompieza,
pa’ asujetar la tristeza
que viene de atropellada.
Ya que la tengo abrazada
tan mansa y tibia la siento
que casi me hayo contento
que el tiempo haga esta jugada;
en su música embretada
queda mi melancolía
y toda la vida mía
desfila de a remezones,
como si arriara en sus sones
las tristezas y alegrías.
El rencor o la amistá,
lo bueno como lo malo,
la mezquindá o el regalo,
el amor… la soledá…,
odio, perdón y piedá
se mezclan en el izquierdo,
y al rastriar, el tiempo lerdo
toda la vida empareja,
como pa’ tapar las quejas
que nacen de los recuerdos.
¿Me estaré poniendo viejo
que al sentimiento le aflojo?
Él me maneja a su antojo
y yo, dominar, lo dejo.
Estos recuerdos añejos
que el mal tiempo me ha traído,
casi los he bendecido
aunque en antes renegué,
por eso aura pienso que:
¡gracias a Dios, que ha llovido!
Versos de Omar Italiano
miércoles, 26 de octubre de 2011
MALAMBIANDO!
He sido malambiador
ayá en mis tiempos de mozo,
y enancao en el retozo
de un rasguido escarciador,
con mudanzas de mi flor
me lucía zapatiando.
Y si alguno desafiando
quería contrapuntiar
¡era capaz de pasar
una noche mudanciando!
Entonces, era puestero
en la estancia de un inglés;
yo cabayos, tenía tres,
uno de’yos parejero.
Y aunque pa’ jugar dinero
siempre he sido moderao,
güenos pesos he ganao,
y dispués de la cuadrera
alguna moza pueblera
su almiración me ha entregao.
Ha sido el mejor cabayo
que yo he tenido en mi vida;
me salvó de la partida
mi güen parejero bayo
un 25 de Mayo
creo… del año ‘70
cuando me cobré una cuenta
con el cabo del talero…
por él, del estaquiadero
pude librar la osamenta.
Un día vine a ganar
corriéndole a un forastero,
y más tarde el guitarrero
un malambo entró a rasguiar,
y ya me empecé a floriar,
el paisanaje aplaudió,
y el mozo aquel que perdió
me desafió a un contrapunto;
como yo acetara, al punto
frente mío se plantó.
“-¡Contra de su parejero
mi cinto, rastra y cuchiyo!”
Contesté en en tono senciyo:
¡El flete no, compañero!
“-¿No será que’l aparcero
tiene miedo de perder…?”
Yo sentí la sangre arder,
emprincipié a escobiyar
y entramos a mudanciar
cuasi hasta el amanecer.
Una mudanza sin par
con un esfuerzo machazo
con la pata ‘el lao del lazo
se la conseguí sacar,
pero del lao de montar
el caldo se jue’spesando,
me pialé, y trastaviyando
no la pude devolver…
ansí el flete jui a perder
¡y lo perdí malambiando!
(12/12/1991)
Versos de Alberto Zárate
"El Lujanero"
ayá en mis tiempos de mozo,
y enancao en el retozo
de un rasguido escarciador,
con mudanzas de mi flor
me lucía zapatiando.
Y si alguno desafiando
quería contrapuntiar
¡era capaz de pasar
una noche mudanciando!
Entonces, era puestero
en la estancia de un inglés;
yo cabayos, tenía tres,
uno de’yos parejero.
Y aunque pa’ jugar dinero
siempre he sido moderao,
güenos pesos he ganao,
y dispués de la cuadrera
alguna moza pueblera
su almiración me ha entregao.
Ha sido el mejor cabayo
que yo he tenido en mi vida;
me salvó de la partida
mi güen parejero bayo
un 25 de Mayo
creo… del año ‘70
cuando me cobré una cuenta
con el cabo del talero…
por él, del estaquiadero
pude librar la osamenta.
Un día vine a ganar
corriéndole a un forastero,
y más tarde el guitarrero
un malambo entró a rasguiar,
y ya me empecé a floriar,
el paisanaje aplaudió,
y el mozo aquel que perdió
me desafió a un contrapunto;
como yo acetara, al punto
frente mío se plantó.
“-¡Contra de su parejero
mi cinto, rastra y cuchiyo!”
Contesté en en tono senciyo:
¡El flete no, compañero!
“-¿No será que’l aparcero
tiene miedo de perder…?”
Yo sentí la sangre arder,
emprincipié a escobiyar
y entramos a mudanciar
cuasi hasta el amanecer.
Una mudanza sin par
con un esfuerzo machazo
con la pata ‘el lao del lazo
se la conseguí sacar,
pero del lao de montar
el caldo se jue’spesando,
me pialé, y trastaviyando
no la pude devolver…
ansí el flete jui a perder
¡y lo perdí malambiando!
(12/12/1991)
Versos de Alberto Zárate
"El Lujanero"
domingo, 16 de octubre de 2011
EL RANCHO
Tengo un rancho de totora…
ataperao por el tiempo,
tirao a un lao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.
Son de adobes las paredes,
de adobes son los cimientos,
y de tala, los horcones
y la cumbrera del techo;
y como no tuve paja
pa’ terminarle el alero,
y me faltó -entre otras cosas-
las ganas de hacerlo y tiempo…
cacé un puñao de ilusiones,
me agencié de algunos sueños,
los misturé con suspiros
y se los puse de alero.
Y pa’ que no me lo arranquen
el viento de los recuerdos,
lo afirme con cuatro cifras,
con estilos y con cielos.
Ansí levanté mi rancho,
ansí lo puse derecho:
a un costao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.
En él, no me falta nada
aunque no me sobra un cuero:
tengo güen horno, fogón,
y catre pa’ dos tengo hechos…
porque nunca me ha faltao
a quien arrimar los güesos;
¡privilegio de los sonsos
que somos corto de genio!
Varias cabezas de vaca
tengo pa’ hacerme de asiento,
y en las paredes: cencerros,
bolas, lazos y cabrestos,
encimeras y peguales
forman tuito el ornamento.
Y allá en un rincón… dormida
hasta que yo la despierto,
tengo una gaucha guitarra
que’s ¡pavada de instrumento!
Ni bien le pego un rasguido
parece que tiene adentro
cien zorzales encerraos
que se despiertan riyendo
y que juyen por las notas
cara al sol y pecho al viento.
De cuando en cuando,
uno de ellos, se para en el clavijero,
pa’ leer la cinta bordada
que una morocha le ha puesto
y dice: “Dolores Junes,
pa’ quien me ha robao el sueño”.
Todo eso tengo en el rancho…
y algo más que no me acuerdo.
En él son bien recibidos
amigos y forasteros;
los primeros por ser tales,
los segundos, por aquello
de que “en el rancho de un criollo
a naides le falta un cuero
en que tirarse una noche,
ni un pedazo de asao tierno,
ni un gollete a que prienderse
si no mezquina el garguero”.
Si pasa por él, mi amigo,
apeesé sin recelos,
va a entrar al rancho de un criollo
más servicial que’l yesquero;
es un rancho pobretón
pero adentro hay un entero.
Lo hallará al lao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.
Versos de Carlos María Cervetti
(La versión corresponde a la grabación efectuada por Alberto Merlo)
ataperao por el tiempo,
tirao a un lao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.
Son de adobes las paredes,
de adobes son los cimientos,
y de tala, los horcones
y la cumbrera del techo;
y como no tuve paja
pa’ terminarle el alero,
y me faltó -entre otras cosas-
las ganas de hacerlo y tiempo…
cacé un puñao de ilusiones,
me agencié de algunos sueños,
los misturé con suspiros
y se los puse de alero.
Y pa’ que no me lo arranquen
el viento de los recuerdos,
lo afirme con cuatro cifras,
con estilos y con cielos.
Ansí levanté mi rancho,
ansí lo puse derecho:
a un costao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.
En él, no me falta nada
aunque no me sobra un cuero:
tengo güen horno, fogón,
y catre pa’ dos tengo hechos…
porque nunca me ha faltao
a quien arrimar los güesos;
¡privilegio de los sonsos
que somos corto de genio!
Varias cabezas de vaca
tengo pa’ hacerme de asiento,
y en las paredes: cencerros,
bolas, lazos y cabrestos,
encimeras y peguales
forman tuito el ornamento.
Y allá en un rincón… dormida
hasta que yo la despierto,
tengo una gaucha guitarra
que’s ¡pavada de instrumento!
Ni bien le pego un rasguido
parece que tiene adentro
cien zorzales encerraos
que se despiertan riyendo
y que juyen por las notas
cara al sol y pecho al viento.
De cuando en cuando,
uno de ellos, se para en el clavijero,
pa’ leer la cinta bordada
que una morocha le ha puesto
y dice: “Dolores Junes,
pa’ quien me ha robao el sueño”.
Todo eso tengo en el rancho…
y algo más que no me acuerdo.
En él son bien recibidos
amigos y forasteros;
los primeros por ser tales,
los segundos, por aquello
de que “en el rancho de un criollo
a naides le falta un cuero
en que tirarse una noche,
ni un pedazo de asao tierno,
ni un gollete a que prienderse
si no mezquina el garguero”.
Si pasa por él, mi amigo,
apeesé sin recelos,
va a entrar al rancho de un criollo
más servicial que’l yesquero;
es un rancho pobretón
pero adentro hay un entero.
Lo hallará al lao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.
Versos de Carlos María Cervetti
(La versión corresponde a la grabación efectuada por Alberto Merlo)
ROMANCE PARA MI MATE
Aparcero de la pava
amadrinao a mis callos,
afirmao a un trasfoguero
o en las patas de algún banco.
Como un sueño de visita
en la boca de un hallazgo,
en las manos de una moza
sos ausencia, charco y lazo.
Lazo pa’ pialar las charlas,
charco pa’ ahogar el cansancio.
Y ausencia para quedarse
como dormido en sus labios.
Y áhi andás como un siñuelo
si entropillo algún churrasco,
cruzando por el camino
la presencia de algún gaucho
te alzás en invitación:
“eche pie a tierra, paisano”.
Galopiao por los luceros
llevás el chasque de un trago,
si te apura un dormilón
o te revuelca un bellaco.
Curandero en cada yuyo
y rumbo en cada cigarro,
si habrás llevao pisotones
cuando te rastrió una mano
a flor de tierra en las llantas.
Si te habrás golpeao el casco
palanqueando en las bombillas
el recuerdo de otros labios,
ablandando un alunao
o riéndote de algún guapo
que simuló acomodarte
solo pa’ mirar pa’ abajo.
De tanto ejuagarte el pecho
y engrasarte en los descansos
quedaste marrón oscuro
pa’ hacer juego con los bastos.
Tenés una cicatriz
recuerdo de aquel “picazo”
que anduvo de feria en feria
como vos de mano en mano.
Vos pa’l fondo ‘e la maleta
y yo apurao por montarlo,
me acuerdo se voleó entero
y vos quedastes abajo.
Con unas grampas de cobre
te fui remendando un tajo,
pero sangraba tu herida
hasta reclamarme un trapo.
Fue entonces que en una yerra
se quebró un pampa en el lazo.
Los asao pa’ los fogones,
los cuartos pa’ choricearlos
y los güevos, ni que hablar,
sobre las brasas se asaron
y calculen, con el forro
quedó el porongo del gaucho,
que las mozas acarician
como a un pasajero manso.
Mientras la tierra dé yerbas,
yuyos el monte y el campo,
yo soy el pobre más rico
sobre el rumbo de mi amargo.
Versos de Juan Carlos Bares
"El Indio" -uruguayo-
amadrinao a mis callos,
afirmao a un trasfoguero
o en las patas de algún banco.
Como un sueño de visita
en la boca de un hallazgo,
en las manos de una moza
sos ausencia, charco y lazo.
Lazo pa’ pialar las charlas,
charco pa’ ahogar el cansancio.
Y ausencia para quedarse
como dormido en sus labios.
Y áhi andás como un siñuelo
si entropillo algún churrasco,
cruzando por el camino
la presencia de algún gaucho
te alzás en invitación:
“eche pie a tierra, paisano”.
Galopiao por los luceros
llevás el chasque de un trago,
si te apura un dormilón
o te revuelca un bellaco.
Curandero en cada yuyo
y rumbo en cada cigarro,
si habrás llevao pisotones
cuando te rastrió una mano
a flor de tierra en las llantas.
Si te habrás golpeao el casco
palanqueando en las bombillas
el recuerdo de otros labios,
ablandando un alunao
o riéndote de algún guapo
que simuló acomodarte
solo pa’ mirar pa’ abajo.
De tanto ejuagarte el pecho
y engrasarte en los descansos
quedaste marrón oscuro
pa’ hacer juego con los bastos.
Tenés una cicatriz
recuerdo de aquel “picazo”
que anduvo de feria en feria
como vos de mano en mano.
Vos pa’l fondo ‘e la maleta
y yo apurao por montarlo,
me acuerdo se voleó entero
y vos quedastes abajo.
Con unas grampas de cobre
te fui remendando un tajo,
pero sangraba tu herida
hasta reclamarme un trapo.
Fue entonces que en una yerra
se quebró un pampa en el lazo.
Los asao pa’ los fogones,
los cuartos pa’ choricearlos
y los güevos, ni que hablar,
sobre las brasas se asaron
y calculen, con el forro
quedó el porongo del gaucho,
que las mozas acarician
como a un pasajero manso.
Mientras la tierra dé yerbas,
yuyos el monte y el campo,
yo soy el pobre más rico
sobre el rumbo de mi amargo.
Versos de Juan Carlos Bares
"El Indio" -uruguayo-
CAPATAZ DE ARREO
Era ‘capataz de arreo’
ese Don Mariano Soria,
tan vivo está en mi memoria
que se me hace que aún lo veo:
muy cuidadoso en su aseo,
responsable, observador,
y como un timbre de honor
o rúbrica de su mando,
del hombro le iba colgando
el cabo del arreador.
Usaba chambergo ‘e lana
la copa bombeada entera
pa’ evitar de tal manera
formar una palangana;
la corralera liviana
y el tirador muy sencillo,
marca “Arbolito” el cuchillo
que le regaló un patrón,
junto con un redomón
de los Montes del Tordillo.
Lo conocí cincuentón,
con muchas huellas trilladas,
algo triste la mirada
¡pero entero el corazón!
Por la civilización
y aunque duro de pescuezo,
como un impuesto al progreso
y a sus nuevos elementos,
la “California” en los tientos
le formaba un contrapeso.
Nunca supe de donde era.
Pa’ donde se fue…? ¿quién sabe…?
Toda la tierra le cabe
sin alambraos ni tranqueras;
no ha dejao una tapera
al irse con su tropilla,
solo quedó en la gramilla
la sombra de su elegancia
y en el aire, la arrogancia
del vuelo de su golilla.
Versos de Osvaldo Andino Álvarez
ese Don Mariano Soria,
tan vivo está en mi memoria
que se me hace que aún lo veo:
muy cuidadoso en su aseo,
responsable, observador,
y como un timbre de honor
o rúbrica de su mando,
del hombro le iba colgando
el cabo del arreador.
Usaba chambergo ‘e lana
la copa bombeada entera
pa’ evitar de tal manera
formar una palangana;
la corralera liviana
y el tirador muy sencillo,
marca “Arbolito” el cuchillo
que le regaló un patrón,
junto con un redomón
de los Montes del Tordillo.
Lo conocí cincuentón,
con muchas huellas trilladas,
algo triste la mirada
¡pero entero el corazón!
Por la civilización
y aunque duro de pescuezo,
como un impuesto al progreso
y a sus nuevos elementos,
la “California” en los tientos
le formaba un contrapeso.
Nunca supe de donde era.
Pa’ donde se fue…? ¿quién sabe…?
Toda la tierra le cabe
sin alambraos ni tranqueras;
no ha dejao una tapera
al irse con su tropilla,
solo quedó en la gramilla
la sombra de su elegancia
y en el aire, la arrogancia
del vuelo de su golilla.
Versos de Osvaldo Andino Álvarez
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