martes, 4 de agosto de 2026

EL RANCHO DEL MONTE

Entre el ramaje tupido

de un monte grande y cerrau

hay un rancho abandonau

que lo ha cubierto el olvido;

en la espesura escondido

como si fuera un matrero

está aquel nido campero

y un mojo verde y lugúbre

me parece que lo cubre

contra vientos y aguaceros.

 

Hay en el corral de rama

un cardal alto y crecido,

solo el palenque está erguido

como un gigante que clama

y que al monte le reclama

que vuelvan los tiempos idos,

de aquellos años vividos

cuando era color de rosa,

donde cantando una moza

barrió el patio florecido.

 

En los terrones partidos

se han hecho grandes rendijas

y entra y salen sabandijas

en el rancho guarecidos;

en el alero vencido

se anidaron los gorriones,

hormigueros a montones

en los rincones se ven

y han hecho cuevas también

los peludos y ratones.

 

Tan solo el viejo fogón

parece que hablar quisiera

con un banco de cadera

que está solo en un rincón.

Telas de araña en montón

que cuelgan de la techumbre;

como con incertidumbre

son dos ojos las ventanas

abiertas a las mañanas

para que el sol las alumbre.

 

Y esa vivienda paisana

oculta entre la maleza

en la cocina y las piezas

guardará historias lejanas.

Y del pozo, la roldana

se ve colgar del crucero

donde, su casa, un hornero

levanta con barro y paja

y mientras canta, trabaja

el pajarito barrero.

 

Pero ha de llegar el día

que pa’ siempre se derrumbe,

pero yo antes que se tumbe

lo guardé en las letras mías.

Aunque es dura la porfía

y para su fin se apronte,

mirando así al horizonte

sigue aquel rancho campero

oculto, como un matrero

en loa espesura del monte.

 

Versos de Hugo Pino


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