(romance)
La cosa jue por jugar,
unos tiritos livianos
como pa’ probar las vistas
y desarrugar los brazos.
La comenzaron sonriendo
dentro una rueda’e paisanos
en el patio de un boliche
que jué de “Los Dos Hermanos”.
Los dos eran muchachones,
pisarían los veinte años,
pero los dos pretendían
echar fama de baquianos.
Hicieron unas salidas
con los facones cruzados,
y a la voz de ¡aura!, se abrieron
dejando un pie adelantado.
Eleuterio con un poncho
sobre la zurda enrollado,
y Sabino unas bajeras
que manotió de un recado.
Comenzaron a girar
como si fueran dos gallos,
uno tiraba de punta
y otro tiraba de hachazo,
Eleuterio por lujoso
se anotó el primer planazo,
que se alargó por las risas
de la rueda de paisanos.
Y el vino que estaba quieto
por la sangre fue montando,
y fue fácil colegir
que no se andaría jugando.
Por áhi se escuchó una ¡pun… tiada!
como remedio pa’ un tajo
y unas gotas coloriaron
el gris antiguo del patio.
“¡Basta!”, gritaron algunos
con ánimo de calmarlos,
pero el grito llegó tarde,
la muerte ya había copado.
Después… lo de siempre:
varios rostros preocupados,
uno camino a la noche,
otro que se fue marcado
por esas cosas del hombre
que ninguno me ha explicado,
que tiene finales tristes
aunque comiencen… jugando.
Versos de Osvaldo Andino Álvarez
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