Se luce en él mi emprendao
cuando me esmero en el tuse
y su pelaje reluce
cuando bien lo he cepillao,
y luciéndome el recao
tranquea de sobrepaso,
si llego al pueblo, en tal caso
en un escarceo arranca,
mientras golpea sobre’l anca
como jugando, mi lazo.
Cuando al boliche del “gringo”
me llego a la tardecita
o cuando voy de visita
a ver mi amada, el domingo,
por largas horas mi pingo
queda en el palenque atao,
y siempre ha soportao
lluvia, calor, viento o frío
y las gotas del rocío
que mojaron el recao.
Las riendas, las cabezadas,
el cabresto y el pegual
al cuerpo del animal
parecen como pintadas,
mis letras están grabadas
sobre del pretal de suela;
y si lo raya mi espuela
un istante y por descuido,
hace con un resoplido
bailotear la pontezuela.
Y cuando a mi se me antoja
tirarlo un poco en la boca
al ver que se lo provoca
hace sonar la coscoja,
y en cuanto la vincha roja
de mi paisana se ve
que abajo el alero de
su rancho me’stá esperando,
¡golpea en el tuse, escarceando,
las riendas, mi pangaré!
Versos de Rubén O. Díaz
viernes, 3 de junio de 2011
jueves, 2 de junio de 2011
CUANDO APRETABA EL GARRÓN
Viejo y querido Entre Ríos
al recordar tus cuchillas,
veo retozar las tropillas
que domé en los pagos míos.
Como gotas de rocío
es mi llanto en la poesía,
al ver tras la lejanía
el hachazo en los quebrachos,
y a mis tiempos de muchacho
machucando las encías.
Perdiéndose en la llanura
del camino un poco lejos,
la estancia es como un espejo
después, vienen las alturas.
La cuchilla y sus pasturas,
saliendo de “Tres Esquinas”,
ande la senda se inclina
muchas veces galopié
en los tiempos que domé
en la estancia “La Argentina”.
También al ser domador
en la estancia “La Victoria”
galopea en mi memoria
un paisano flor y flor.
Vide en él un gran amor
con nobleza de hombre entero,
muy pialador, buen soguero
y al ser pa’l potro capaz,
era un gaucho capataz
Don Rodolfo Pellichero.
¡Si habré rejuntao baquía
con mano firme y serena!
Allá por “La Magdalena”
entre brincos y porfías.
Garrón, fuerza, gallardía,
tirón, tacazo, revuelo.
Allí me dieron los duelos
tantas grandes experiencias,
que por buenas referencias
fui a domar a “San Carmelo”.
En sus corrales están
los recuerdos que amansé;
y los pingos que monté
de poncho y de lazo están.
Pero los años se van
como el agua cristalina;
y hoy ni el monte se imagina
que llevo sobre los hombros,
estos recuerdos que nombro
del pago de “Tres Esquinas”.
Versos de Alfredo Miño
al recordar tus cuchillas,
veo retozar las tropillas
que domé en los pagos míos.
Como gotas de rocío
es mi llanto en la poesía,
al ver tras la lejanía
el hachazo en los quebrachos,
y a mis tiempos de muchacho
machucando las encías.
Perdiéndose en la llanura
del camino un poco lejos,
la estancia es como un espejo
después, vienen las alturas.
La cuchilla y sus pasturas,
saliendo de “Tres Esquinas”,
ande la senda se inclina
muchas veces galopié
en los tiempos que domé
en la estancia “La Argentina”.
También al ser domador
en la estancia “La Victoria”
galopea en mi memoria
un paisano flor y flor.
Vide en él un gran amor
con nobleza de hombre entero,
muy pialador, buen soguero
y al ser pa’l potro capaz,
era un gaucho capataz
Don Rodolfo Pellichero.
¡Si habré rejuntao baquía
con mano firme y serena!
Allá por “La Magdalena”
entre brincos y porfías.
Garrón, fuerza, gallardía,
tirón, tacazo, revuelo.
Allí me dieron los duelos
tantas grandes experiencias,
que por buenas referencias
fui a domar a “San Carmelo”.
En sus corrales están
los recuerdos que amansé;
y los pingos que monté
de poncho y de lazo están.
Pero los años se van
como el agua cristalina;
y hoy ni el monte se imagina
que llevo sobre los hombros,
estos recuerdos que nombro
del pago de “Tres Esquinas”.
Versos de Alfredo Miño
DE PASO POR LA LLANURA
Es un espejo el arroyo
que le abre un tajo al potrero
y taloneando un overo
se larga a cruzarlo un criollo;
marca la boca de un hoyo
chiflando el alambrador;
rompe el silencio un cantor
pecho de bronce y badajo,
mientras deja boca abajo
la gramilla, el arador.
Dos nubes medias lobunas
al sol lo van emponchando
y mira al maizal pensando:
“¡Dios quiera que llueva, ahijuna!”;
un gran ventarrón acuna
en el alambre, a un zorzal,
al ancho camino real
le da un chirlo a la pasada
y deja la rastrillada
de blanco polvaderal.
Un toro muy enojao
da unos balidos machazos
y escarba a los manotazos
un pozo medio ovalao;
un corderito asustao
no sabe pa’nde agarrar;
un tero empieza a gritar
al ver una comadreja
y en el lomo de una oveja
un tordo sale a pasear.
De repente parecía
que era una “poya” de luces
la bandada de ñanduces
que por el bajo corría,
y cuando el potro del día
daba el último arrastrón
sin trinos, medio tristón,
de lejos miraba el monte,
que hacía fuego el horizonte
pa’ tomar un cimarrón.
Versos de Gilberto De Goicoechea
que le abre un tajo al potrero
y taloneando un overo
se larga a cruzarlo un criollo;
marca la boca de un hoyo
chiflando el alambrador;
rompe el silencio un cantor
pecho de bronce y badajo,
mientras deja boca abajo
la gramilla, el arador.
Dos nubes medias lobunas
al sol lo van emponchando
y mira al maizal pensando:
“¡Dios quiera que llueva, ahijuna!”;
un gran ventarrón acuna
en el alambre, a un zorzal,
al ancho camino real
le da un chirlo a la pasada
y deja la rastrillada
de blanco polvaderal.
Un toro muy enojao
da unos balidos machazos
y escarba a los manotazos
un pozo medio ovalao;
un corderito asustao
no sabe pa’nde agarrar;
un tero empieza a gritar
al ver una comadreja
y en el lomo de una oveja
un tordo sale a pasear.
De repente parecía
que era una “poya” de luces
la bandada de ñanduces
que por el bajo corría,
y cuando el potro del día
daba el último arrastrón
sin trinos, medio tristón,
de lejos miraba el monte,
que hacía fuego el horizonte
pa’ tomar un cimarrón.
Versos de Gilberto De Goicoechea
A OMAR J. MENVIELLE
(El más criollo de todos los poetas)
Hay en tus rimas de acero
no sé qué extraño coraje,
si pintás al paisanaje
o ahondás en su venero.
Sos humilde y altanero,
persona como no hay dos.
Tu gaucho. Tu eres un dios
de sobria y férrea pintura,
y encuentro en ti más altura
que en los cuadros de Quirós.
La historia de esos Medinas
está de mano machaza
¿Quién es el que no te abraza
por cosas tan peregrinas?
Son tus décimas ladinas
que nadie podrá voltearlas;
el que quiera interpretarlas
ha de ser mucho y muy criollo
o ser Anastasio el Pollo
pa’ poder caracuciarlas.
Yo, que soy toro sufrido
y que busco a los mejores
poetas y payadores,
y a ninguno le he temido,
pero al verte tan erguido,
me dio por pedir socorro,
por disparar a lo zorro
viendo tantas maravillas,
bien trenzadas y sencillas,
tan hijas del mismo chorro.
Adonde quiera que vayas
has de cosechar respeto,
pues tu canto es como un reto
que no conoce murallas;
cantores de todas layas
que quieran sacarte el cuero
si sacás el caronero
dirá tu canto machazo:
“Donde bala este torazo
no bala ningún ternero”.
Este verso no es campero, pero está dedicado a un campero. Lo incluyo porque es una curiosidad, y pienso que sobran los dedos de una mano para contar a los que lo conocen.
Hay en tus rimas de acero
no sé qué extraño coraje,
si pintás al paisanaje
o ahondás en su venero.
Sos humilde y altanero,
persona como no hay dos.
Tu gaucho. Tu eres un dios
de sobria y férrea pintura,
y encuentro en ti más altura
que en los cuadros de Quirós.
La historia de esos Medinas
está de mano machaza
¿Quién es el que no te abraza
por cosas tan peregrinas?
Son tus décimas ladinas
que nadie podrá voltearlas;
el que quiera interpretarlas
ha de ser mucho y muy criollo
o ser Anastasio el Pollo
pa’ poder caracuciarlas.
Yo, que soy toro sufrido
y que busco a los mejores
poetas y payadores,
y a ninguno le he temido,
pero al verte tan erguido,
me dio por pedir socorro,
por disparar a lo zorro
viendo tantas maravillas,
bien trenzadas y sencillas,
tan hijas del mismo chorro.
Adonde quiera que vayas
has de cosechar respeto,
pues tu canto es como un reto
que no conoce murallas;
cantores de todas layas
que quieran sacarte el cuero
si sacás el caronero
dirá tu canto machazo:
“Donde bala este torazo
no bala ningún ternero”.
Este verso no es campero, pero está dedicado a un campero. Lo incluyo porque es una curiosidad, y pienso que sobran los dedos de una mano para contar a los que lo conocen.
miércoles, 1 de junio de 2011
EL RODEO
Desde temprano en la estancia
se oyen sonar los cencerros,
balidos y grito ‘e perros
se escuchan en la distancia
donde pinta la arrogancia
el sol de rojo copete,
donde la hacienda arremete
pa’ pegar la disparada
hasta quedar sujetada
por gritos, ponchos y fletes.
Cuando el rodeo ha parao,
se corta un montón chicuelo,
que le llamamos “siñuelo”
los que hablamos del pasao,
éste debe estar plantao
pa’l lao de que viene el viento
donde salen de un intento
cada res a los bufidos,
porque las sacan prendidos
con la cola como tiento.
Mayordomo o capataz
cuando a rodeo va a entrar
éste siempre ha de llevar
dos paisano por detrás,
los que esperarán nomás
que le apunte con el dedo
los que quedan sin enriedo
que la res quede oriyada
para sacarla calzada
en los encuentros, sin miedo.
A veces solo se escucha
una voz que ha convidao
cuando la sacan calzao
dos caballo’en la marucha,
y el vacuno en esa lucha
se va derecho al “siñuelo”,
como no pisando el suelo
va cortando la gramilla,
porque sintió en las costillas
dos raspones contra el pelo.
Cosas que quedaron viejas
de los campo’ y sus labores,
hoy se ven garrotiadores
que ni el caballo manejan;
de lo nuestro que se aleja,
hombre pa’ campo y hacienda
y sin que nadie se ofenda
yo he visto gauchos de empleo,
entrar de a uno al rodeo
llevando largas las riendas.
Lujo del campo argentino
sacando por el de Uropa,
de campero ni la ropa
usan nuestros campesinos.
Cosas que llevó el destino
y lo nuestro ni se nuembra,
parece que hasta se siembra
naciones con otras voces,
hay quien manda y no conoce
ni al macho, ni cual es hembra.
Versos de Ángel San Esteban
se oyen sonar los cencerros,
balidos y grito ‘e perros
se escuchan en la distancia
donde pinta la arrogancia
el sol de rojo copete,
donde la hacienda arremete
pa’ pegar la disparada
hasta quedar sujetada
por gritos, ponchos y fletes.
Cuando el rodeo ha parao,
se corta un montón chicuelo,
que le llamamos “siñuelo”
los que hablamos del pasao,
éste debe estar plantao
pa’l lao de que viene el viento
donde salen de un intento
cada res a los bufidos,
porque las sacan prendidos
con la cola como tiento.
Mayordomo o capataz
cuando a rodeo va a entrar
éste siempre ha de llevar
dos paisano por detrás,
los que esperarán nomás
que le apunte con el dedo
los que quedan sin enriedo
que la res quede oriyada
para sacarla calzada
en los encuentros, sin miedo.
A veces solo se escucha
una voz que ha convidao
cuando la sacan calzao
dos caballo’en la marucha,
y el vacuno en esa lucha
se va derecho al “siñuelo”,
como no pisando el suelo
va cortando la gramilla,
porque sintió en las costillas
dos raspones contra el pelo.
Cosas que quedaron viejas
de los campo’ y sus labores,
hoy se ven garrotiadores
que ni el caballo manejan;
de lo nuestro que se aleja,
hombre pa’ campo y hacienda
y sin que nadie se ofenda
yo he visto gauchos de empleo,
entrar de a uno al rodeo
llevando largas las riendas.
Lujo del campo argentino
sacando por el de Uropa,
de campero ni la ropa
usan nuestros campesinos.
Cosas que llevó el destino
y lo nuestro ni se nuembra,
parece que hasta se siembra
naciones con otras voces,
hay quien manda y no conoce
ni al macho, ni cual es hembra.
Versos de Ángel San Esteban
LUNA GAUCHA
La noche viene bufando
y entre el vapor de su aliento,
se ve un rancho ceniciento
y a dos que están “dragoneando”.
El viento pasa escardando
la nube que encuentra guacha,
y en tanto que a la muchacha
él se declara formal,
ella mira el delantal
para buscarle una hilacha.
Entre el color amarillo
de la luz que dá un candil,
están los dos de perfil
haciendo un cambio de anillo.
Ese traspaso sencillo,
ese amor que no se grita,
ni pide a la margarita
que al deshojarla de un sí,
guarda miel de camoatí:
silvestre pero exquisita.
Cuando ya, codo con codo,
preso el amor se quedaba,
la luz del candil mermaba
hasta apagarse del todo.
La luna buscó acomodo
entre una nube barrosa
y al asomarse, curiosa,
volvió a esconderse, perpleja,
porque vio que la pareja
se besaba cariñosa.
y entre el vapor de su aliento,
se ve un rancho ceniciento
y a dos que están “dragoneando”.
El viento pasa escardando
la nube que encuentra guacha,
y en tanto que a la muchacha
él se declara formal,
ella mira el delantal
para buscarle una hilacha.
Entre el color amarillo
de la luz que dá un candil,
están los dos de perfil
haciendo un cambio de anillo.
Ese traspaso sencillo,
ese amor que no se grita,
ni pide a la margarita
que al deshojarla de un sí,
guarda miel de camoatí:
silvestre pero exquisita.
Cuando ya, codo con codo,
preso el amor se quedaba,
la luz del candil mermaba
hasta apagarse del todo.
La luna buscó acomodo
entre una nube barrosa
y al asomarse, curiosa,
volvió a esconderse, perpleja,
porque vio que la pareja
se besaba cariñosa.
MENSUAL DE ESTANCIA
En un catre pobretón
hecho con toda rudeza
y allá, en l’última pieza
que está pegada al galpón,
allí duerme el pobre peón
o sea el mensual de la estancia,
el que se crió en la inorancia
pero al trabajo arremete,
aquel que ensillando el flete
no le teme a la distancia.
En la mañana temprano
poco después que yerbea
a su tropilla rodea
como todo buen paisano,
y levantando una mano
corta un “overo rosao”,
pingo que se ha destacao
por ser de tan buena rienda
en los trabajos de hacienda,
cuando lo ha necesitao.
Ensilla y después espera
salir junto al capataz,
como éste se queda atrás
abre el mensual la tranquera,
después sale campo afuera
juntando una novillada,
porque va a ser revisada
por un fuerte comprador
y temprano, a lo mejor
va a estar allí de pasada.
Después una recorrida
tiene que echarle a un rastrojo,
lleva bien abierto el ojo
con la mirada extendida;
un desperfeto enseguida
él lo descubre al momento
y con cuidao, muy atento,
cruza po’entre la majada
hasta unas vacas echadas
que han buscao el lao del viento.
Y después que ha galopiao
divisando la llanura
vuelve al tranco, no se apura,
trae el “overo” sudao;
conciente que ha trabajao
cumpliendo su obligación
no le gusta que’l patrón
lo vaya a’garrar del pico,
¡fue pioncito desde chico
y aura, sigue siendo peón!
Versos de Juan G. García
hecho con toda rudeza
y allá, en l’última pieza
que está pegada al galpón,
allí duerme el pobre peón
o sea el mensual de la estancia,
el que se crió en la inorancia
pero al trabajo arremete,
aquel que ensillando el flete
no le teme a la distancia.
En la mañana temprano
poco después que yerbea
a su tropilla rodea
como todo buen paisano,
y levantando una mano
corta un “overo rosao”,
pingo que se ha destacao
por ser de tan buena rienda
en los trabajos de hacienda,
cuando lo ha necesitao.
Ensilla y después espera
salir junto al capataz,
como éste se queda atrás
abre el mensual la tranquera,
después sale campo afuera
juntando una novillada,
porque va a ser revisada
por un fuerte comprador
y temprano, a lo mejor
va a estar allí de pasada.
Después una recorrida
tiene que echarle a un rastrojo,
lleva bien abierto el ojo
con la mirada extendida;
un desperfeto enseguida
él lo descubre al momento
y con cuidao, muy atento,
cruza po’entre la majada
hasta unas vacas echadas
que han buscao el lao del viento.
Y después que ha galopiao
divisando la llanura
vuelve al tranco, no se apura,
trae el “overo” sudao;
conciente que ha trabajao
cumpliendo su obligación
no le gusta que’l patrón
lo vaya a’garrar del pico,
¡fue pioncito desde chico
y aura, sigue siendo peón!
Versos de Juan G. García
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