jueves, 8 de diciembre de 2011

COMO INDIO PA' LA BOLA

“-Se las mandé y se las puse”
dijo Marciano Laprida
y el avestruz en la juida
se dio güelta sobre el tuse;
boliando el hombre se luce
como estrella en noche oscura
y si un tiro ‘e bola apura
pa’ darle gusto al colmillo,
vaya sacando el cuchillo
porqu’es picana segura.

“-¡A medias si lo bolea!
¿Qué le parece aparcero?”
“-Que las medias, compañero
no andan en pata tan fea…”
“-Güeno, entonces si aprecea
una amistá verdadera,
viá pedir pa’ una pollera
que le v’hacer el bordao,
un cogote bien sacao
p’hacerme una tabaquera”.

Versos de Omar J. Menvielle

martes, 6 de diciembre de 2011

PA'L LOBUNO TORCAZ

Gaucho el lobuno torcaz
amagando a ser bragao,
gragantilla, bien calzao
y pico blanco además.
Animalito capaz
de enderiezar ande quiera
y al jugar con la testera
como queriéndola ispiar
es caballo ‘e galopiar
todita la vida entera.

Es aparente el apero
y su priesencia sencilla
va cantando que’l que’ensilla
es un paisano surero;
matras, caronas y cuero,
han zarandeao los baguales
y conocen los percales
porque al patrón d’endeveras,
le gustan más las polleras
que al zorro los pajonales.

Se h’amacao juerte el bragao
porque ha sido fastidioso
y anque medio cosquilloso
ya está bastante entregao.
El hombre que lo ha lidiao
no le pierde ni los trancos,
porque sabe que no hay mancos
ni son como vela ‘e sebo,
esos de la marca “El Güevo”
del finao Don Manuel Campos.

Versos de Omar J. Menvielle

DE LAS BRASAS A UN COSTAO

Lindo es después de un asao
mientras corre el cimarrón,
tirarse sobre un jergón
a conversar del pasao;
y de las brasa’a un costao
la pava medio tiznada,
con la tapita ladeada
pa’ que no suelte el hervor;
un viejo bolaceador
y una guitarra prestada.

Y entre un “¡Sírvase, aparcero!”
y un pedido de cigarro,
alguien prepara en un jarro
café al estilo campero;
otros limpian con esmero
su cuchillo en la alpargata,
que’s una prenda barata
y a veces no hay más remedio,
que hacerle un tajo en el medio
para que dentre la pata.

Con un cielo oscurecido
y el viento que pasa auyando,
a poco ya están hablando
de historias de aparecidos;
el “viejo” por consabido
es el primero que muenta,
y al tiempo que un caso cuenta
de hacerles fruncir el cuero,
se enrieda en unos aperos
y al suelo va la osamenta.

Allí se armó un zafarrancho
de marca morrocotuda,
al diablo se fue la viuda
y las historias del chancho;
las mujeres desde el rancho
preguntaban, ¿qué ha pasao?,
y salieron misturao
los que el golpe festejaban
con los que se santiguaban
vichando pa’ todos lao.

Versos de Osvaldo Andino Álvarez

lunes, 5 de diciembre de 2011

PIBE DE ORO

Fue al potro como pegao
y con muy poca ventaja,
chiquitita la rodaja
y el cuero bien recortao,
le gustaba al bocao
ponerlo desde la encía
y en cuanto al lomo caía
gritaba: ¡largue, nomás!
Y echando su cuerpo atrás
el potro ni lo movía.

El hombre se fue temprano
al cumplir los veintidós,
y créanmé de que yo
lo sentí como un hermano;
linda pinta de paisano,
morocho, algo fornido,
bastante bien parecido,
de regular estatura;
les describo su figura
pa’ quien no lo ha conocido.

Fue, un oscuro tapao
el que lo costó la vida:
lo enganchó en una caída,
no pudo salir parao.
Dicen, los que han presenciao,
que iba mirando pa’tras
y no pensaba jamás
que adelante, en el camino
‘taba su propio destino
junto a la fatalidá.

El potro que hago mención
después del triste acidente,
recibió un tiro en la frente
por orden de su patrón.
Fue tan grande la emoción
ante el suceso pasao
que’l cielo quedó nublao
en la estancia ‘e Albarracín
donde tuvieran su fin
el jinete y reservao.

Lo cierto del caso fue
que jinete y adversario
tuvieron como escenario
la Estancia de “San José”,
y desde entonces se ve
sobre los pastos tendidos,
al vencedor, ya vencido
y convertido en la nada,
con las carnes desgarradas
y los huesos carcomidos.

A Armando Aguirre he nombrao,
le decían: “El Pibe de Oro”,
porque llevaba un tesoro
dentro su pecho guardao.
Que Dios lo tenga al finao
descansando eterna paz,
que nosotros desde acá,
los que andamos por la vida,
lamentamos la partida
de un gran jinete y audaz.

Versos de Julio Secundino Cabezas

sábado, 3 de diciembre de 2011

DE PASADA

-Con la licencia de ustedes
voy primero a saludar
pa’ dispués desensillar
(dijo Romualdo Paredes),
he salido ‘e “Las Mercedes”
junto al Río Colorao,
y como ya he galopiao
dando güelta pu’ “El Retiro”,
éste que traigo de tiro
viá cambiar por el montao.

-Güeno, desensille y largue
y vaya dispués dentrando
que lo estoy abarajando
pues llega como de encargue;
me aurra así de que me largue
hasta allá, hasta “La Inmortal”
que he trabajao un bozal
pa’ mi compadre Amaranto,
y como pronto es su santo
no quisiera quedar mal.

-Siempre estoy pa’ su mandao
pero… veo que a mi picazo
un bozal así, lindazo
le quedaría pintao.
-Que lo tenía destinao
ya lo sabe aquí, Don Soria,
pero… úselo pa’ mi gloria
y tamién pa’ su contento
y pa’ que al ver cada tiento
haga de mi una memoria.

-Bien tejida la esterilla
y lindo el botón barquero,
le va a venir a mi apero
como ñudo a una golilla;
tengo siempre en mi tropilla
alguno sobresaliente,
y ese alazán reluciente
es sin yel, galopiador,
y como es un pingo flor
queda pa’ usté, Don Vicente.

Versos de Charrúa

RETRIBUYENDO

Viera que lindo alegrón
me ha causao el otro día
cuando su mano en la mía
pegó tamaño apretón.
Y como en esa ucasión
me ha demostrao ser sincero
enredarlo, amigo, quiero
en el lazo ‘e la amistá
que con franqueza le dá
este paisano campero.

Estaba como desiando
de poderlo conocer
por eso le quise hacer
carrera en mi “Convidando”.
Que desde ya va quedando,
de acuerdo a lo conversao,
completamente anulao
porque los crioyos de laya
no deben en una raya
nunca, quedar mal parao.

Mi “azafranao”, usté vido,
no lo alabo porque’s mío,
pero en cualquier desafío
estuvo siempre priendido.
A ucasiones ha sabido
perder, no lo viá negar,
más cuando supo ganar
también, se lo digo yo,
todo el tiro, al que perdió,
la tierra l’hizo tragar.

Y su “tordillo platiao”
lo reconozco, aparcero,
que’s cabayo parejero
que hay que tenerle cuidao.
Algo me habían comentao
pero aura lo pude ver
que’l que le quiera correr
por más que venga limao
téngalo por descontao
que ni meya le v’hacer.

Ansí, ya qu’hemos quedao
amigos de tal manera
mi rancho, pa’ cuando quiera
también le ofrezco, cuñao,
que aunque vivo apueblerao
debido a la circustancia
lo mesmo que’n una estancia
se ayará en ese rincón
que’s templo de tradición
levantao con la costancia
(06/1948)

Versos de Rodolfo Nicanor Kruzich

ENTRE DOS LUCES

S’esconde el sol en los cerros,
no canta el viento sus quejas
y pa’l brete unas ovejas
vienen arreando los perros.
El tañido ‘e los cencerros
puebla de notas la loma;
el trebolar con su aroma
va embalzamando la brisa
y con su media sonrisa
la luna en creciente asoma.

Volando bajo y serena
la cerrazón se desliza
tendiendo un poncho ceniza
sobre el potrero de avena.
Pone en alerta la escena
con su grito el teru-tero,
el panorama campero
va perdiendo sus matices
entre un silbar de perdices
que vuelven al dormidero.

Mientras va Doña Tomasa
a entrompetar el ternero,
un muchacho arrea el nochero
pa’l potrerito ‘e las casa.
Un lucero como brasa
v’apadrinando a la luna
y al volar los patos de una
espantada en alboroto
parece un espejo roto
entre’l juncal la laguna.

En la quietú del ambiente,
en formación alineadas,
van cruzando las bandadas
en dirección al poniente.
En el ramaje imponente
donde todo fue alegría
no se oye l’algarabía
de los pájaros cantando
y están los sauces llorando
la triste muerte del día.

Versos de Andrés Eduardo Gromaz