jueves, 9 de febrero de 2012

PALENQUE...

Viejo palenque clavao
junto a unas viejas taperas
como si acaso quisieras
apuntalar lo pasao,
hoy solo, triste, olvidao
no servís ni pa’ esquinero,
el tiempo te ha puesto overo
como overa está mi alma.
¡Bien se ha dicho que la calma
va enancada al entrevero!

Te está sangrando la herida
con que te tajeó la suerte,
fuistes en el cimbrón fuerte
pero te venció la vida;
fuiste adiós en la partida
y caricia en la llegada,
lucero en la madrugada
y resolana en la siesta,
el malambear de la fiesta
y la cifra en la payada.

Siempre fuiste en las cuadreras
banderín y juez rayero;
vos le secaste al resero
el sudor de las ‘bajeras”
a las palomas viajeras
le diste asiento y querencia:
vos le “emprestaste pacencia”
a la lechuza agorera
y la calandria parlera
aprendió tu mal de ausencia.

Sos cumbre, pampa, ladera,
chiripá, poncho, pañuelo,
te falta el color del cielo
para llamarte bandera;
viejo palenque, ande quiera
pegá un grito de atención
que recorra la extensión
rudo, vibrante, valiente,
¡Pa’ que viva en el presente
nuestra gaucha tradición!

Versos de Enrique Uzal

EL RESERO

Con el profundo respeto
que merece el paisanaje,
he de rendir homenaje
a un personaje concreto;
y al sentirme así, repleto
de inspiración, me’ntretengo,
escribiéndole a quien tengo
por guapo, noble y campero,
quiero cantarle al resero
pues su recuerdo mantengo.

Mil caminos ha cruzao
con sus pingos decididos
entre el polvo y los balidos
de los vacunos arreao’;
más trabajo le ha costao
lidiar con la ternerada,
puesto que al ser destetada
era un peligro constante…
Pero, el resero triunfante
rondó en cualquier rinconada.

Vista ligera y baquía,
precisó como experiencia,
pero en cambio, la paciencia
pa’arrear las vacas con cría,
y más fácil se le hacía
ir con novillos tropeando,
o ir vaquillonas arreando
por los distintos parajes;
y de paso en esos viajes
sus potros iba amansando.

A la madrina puntera
solía un crudo acollarar
pa’ póderlo galopear
en cuanto un descanso hubiera,
y aunque ya casi estuviera
corriente el pingo montao,
anduvo medio apurao
el prevenido resero,
si al largarse un aguacero
se asustó del encerao.

Siempre su orgullo habrá sido
por ser hombre servicial,
entregar todo al final
como lo hubo recibido;
pero el camión ha venido
a reemplazarlo en su aguante;
lo imagino en este instante
aunque no esté su presencia,
¡yendo en busca ‘e la querencia
con la tropilla adelante!

Versos de Pablo Gallastegui

LAS COSAS DE MI GALPÓN

Se ha largao un chaparrón
que obliga a estar encerrao.
Menos mal, no me he mojao,
me guarecí en el galpón.
El agua es un aluvión,
ahijuna!, lluvia machaza.
Esperando a ver si pasa,
si llego hasta la cocina,
desde un nido de gallina
me observa una bataraza.

Hay restos de algún arao
y otros tantos fierreríos.
Por cierto, que no son míos,
el tiempo, los ha juntao,
y desde el techo, colgao,
se está pudriendo un apero.
No lo salva ni el soguero
de morir en su agonía…
y una gota que caía
se hizo lágrima en el cuero.

Las cosas de mi galpón
que nunca les di importancia.
Recuerdo de alguna estancia
que hoy duermen en un rincón.
Orgullo de mi patrón
fue aquella vieja volanta
que ya vencida se planta
y yo estoy imaginando:
las cuatro ruedas llorando
con un nudo en la garganta.

Que lindos tiempos pasao’,
recuerdos que por tenerlos
reviven de solo verlos,
no han de quedar olvidao’.
Se quedan como pintao’
y por áhi, si se presenta,
aprovechan la tormenta
pa’ galopiar sin recao.
Es que a veces de apurao
los miro, sin darme cuenta.

El aguacero se fue,
las nubes no mojan más,
y yo mañana quizás,
por un ratito vendré.
Trayendo el tiempo, andaré
de alguna memoria nueva.
Y a veces, haré la prueba,
pa’ robar un tiempo ido.
Voy a volver más, seguido,
sin esperar a que llueva…

Versos de Pacho Esperón

A LO CHINGOLO

Como he venido de paso
les voy a pedir primero,
permiso pa’ un forastero
y disculpen… por si acaso!
No quiero pecar de guaso,
por tal, si es qu’estoy demás,
pego la güelta pa’ atrás
sigo rumbiando mi güeya,
total, yo tengo mi estreya,
nací gaucho y montaraz.

Como no tengo reparo
en cantar siempre a mi modo,
me buscaré el acomodo
y voy a hablarles bien claro.
Mas si piensan que soy raro
‘tan todos equivocao,
soy decente y aplicao
si el que me trata es decente.
De tanto probar la gente
es que me sé disconfiao.

A veces me hago el prudente
por no pasar por guarango,
y si es que se arma un fandango
trato de ser consecuente.
Mas si alguno de indecente
quiso probarme en la cancha,
entonces m’hice pata’ncha
sin esigir condiciones.
¡Cuando afirmo los tralones
ni pido ni doy revancha!

Sé aflojar, cuando me aflojan,
y pincho cuando me pinchan,
yo cincho cuando me cinchan
y por esto no se encojan.
Las lluvias qu’a uno más mojan
son las que agarran sin techo;
si pongo a lo hecho, pecho,
es porque me sé varón,
y sé templar la intención
porque mi temple es derecho.

Me cuido de las carpetas,
igual que de lasmujer;
cuando m‘entrego a un querer
me ajusto bien las chancletas,
de arisco le hago gambetas
al naipe y al beberaje,
y no averiguo el pelaje
ni cuantos hay que enfrentar.
¡El hombre se ha de jugar
sin elegir el paraje!

Tiene que ser muy toscudo
el que me quiera topar;
si no me supe achicar
tampoco m’hice entrañudo;
yo soy curtido en lo duro
estoy sobao a lo pampa,
y de áhi sé lucir la estampa
que Dios me supo entregar.
¡Y pa’ mejor esplicar…
soy entrador como guampa!

Pa’l amigo, soy amigo,
educao, pa’l educao.
Y siempre fue mi cuidao
afirmarme en lo que digo:
el que precise un abrigo,
o algún servicio prestao
he de estar a su mandao
si es que la vida me deja.
Ansí que paren la oreja
pues lo dicho está firmao!

Volveré alguna otra güelta,
mas si acaso, he molestao,
‘tesen nomás sin cuidao
que soy una cosa suelta;
dejen la tranquera abierta
que yo he de pasar de largo,
pero si ‘e cáido de encargo
pa’ entretener la reunión,
¡mil gracias por l’atención,
y hasta más verlos… ya salgo!

Versos de Eusebio José Morán

martes, 7 de febrero de 2012

LA MILONGA 'E SANTA TECLA

¡Jué pucha! ¡Qué ganas tengo
de largarme pa’ Corrientes!...
Aquellas tierras ardientes
pagos de altivo gauchaje...
¡En donde brota el coraje
como el agua en las vertientes.

Qué gloria sería pa’ mi
al ratito de aclarar,
ver los carpinchos andar
por la costa del arroyo,
¡y en un buen caballo criollo
por los campos galopar!

Y que lindo recorrer
la orilla de los esteros,
alborotando los teros
y haciendo volar los patos...
¡Y qué macanudos ratos
charlando con los puesteros!

¡Mi Dios lo que yo daría
por conocer a un cainguá!
¡Ver algún guazú pihtá
brincando entre las totoras!
¡Y pasarme largas horas
contemplando el Yberá!

Escuchar el alarido
de los tapes jineteando,
ver tantas aves nadando
por las inmensas lagunas...
¡Y en esas noches de luna
amanecerme cantando!

O bien cuando a medio día
el sol reluciendo está
sobre el río Paraná,
y ya la calor aprieta
¡sentir desde alguna isleta
el grito del carayá!

¿Y las tropas de carretas
cómo en tiempo que pasó?
¡Bien quisiera verlas yo
entre arenales y zanjas
hasta el tope de naranjas
rumbeando pa’ Utúzaingó!

Y aquellos trabajos “a uña”
puerta ajuera del corral
entre griterío infernal,
balidos y polvadera.
¡Amalhaya quien pudiera
presenciar escena igual!

¿Y estremecerse en la noche
oyendo el urútaú?
¿Bolearse al cruce un ñandú,
en medio del desplayado?
¿O asustársele el montado
ante un boacuriyú?

O con mi buen 30-30
al que tengo tanta fé,
balear algún yacaré...
Y hasta pienso que pudiera
¡en la isla ‘e Talavera
rastrear un yaguareté!

Tomar mate con chipá
a la sombra ‘el corredor
y aspirar el rico olor
de una vaquilla con cuero
mientras canta un guitarrero
algún compuesto en mi honor.

Vagar entre los palmares...
y saliendo a mariscar,
en la canoa remar
contorneando un embalsado,
o ver algún toro alzado
por el monte disparar.

Y presenciar un rodeo
faena por demás ruda
lo que nadie pondrá en duda
ni un momentito siquiera...
¡Con lo brava y lo ligera
que’s esa hacienda guampuda!

¡Y a lucirse correntinos
que no tienen fama en vano!
Rueda de pronto un paisano
¡y... se me hace estarlo viendo
salir al indio corriendo
con el cabresto en la mano!

¡Jué pucha!... y que bien vendría
aprovechar la ocasión,
pa’ entrar en un pericón
en esos mates danzantes,
que evocando el tiempo de antes
gusta de dar el patrón.

¡Ah bailes de Santa Tecla!
donde no hay yerros ni tachas,
cuajaus de lindas muchachas
y tanto criollo prolijo,
de tirador y barbijo,
espuela, poncho y bombachas.

Con todo, nada ‘e lo dicho,
me hiciera ese viaje hacer,
si no fuese Ernesto Ezquer
(por mal nombre “Gato Moro”)
¡cuya amistá es un tesoro
de inapreciable valer!

¡Les garanto!... Hay pocos hombres
que como él, no tengan falla.
Buenos, leales y de agallas,
caballeros, generosos...
¡Pucha si hacen falta mozos
como Ernesto Ezquer Zelaya!

¿Y qué diré de los suyos?
La patrona ‘el Caraí,
Papín, precioso gurí
y la señora mayor...
¡Familia más superior
no se vido por aquí!

¿Y la gente de su estancia?
Bien creo valdrá la pena
mentar a Pantaleón Sena
y a Claudelino Esquivel...
aquel criollo bravo y fiel
de negra y larga melena.

Y seguiré enumerando
a toditos los de allí
y no me lo olvido aquí
a Isidro Zarza, como hombre
que goza de gran renombre
pa’ manejar el Smith.

Viene aura “Camba Thiú”
indio crudo y peleador,
cuyo probado valor
falló una vez en Posadas
ante las bruscas bajadas
de un condenado ascensor.

Y Moncho, los Barrios, Chito
hombres de facón y lazo...
Rojas, Ferreira... y si acaso
dejo alguno en el tintero,
¡sépanse que a todos quiero
confundir en un abrazo!
................................................

¡Jué pucha! ¡Qué ganas tengo
de largarme pa’ Corrientes!
Aquellas tierras ardientes
pagos de altivo gauchaje...
¡En donde brota el coraje
como el agua, en las vertientes!

Buenos Aires, junio de 1938
.

Versos de Justo P. Sáenz (h.)

lunes, 6 de febrero de 2012

CINCHANDO

¡Tire juerte güey picaso;
no me afluej’esas rodiyas!...
Ya sé que la carga es grande
y pesa mucho l’astiya…
Pero n’olvide que al lao
tamién el barcino tira,
y nu es gaucho que por güeno
se la vaya un vivo encima…
……………………………….
Güelv’a la güeya mi güey
y emparéjem’esa cincha!
No la obligue a la picana
a chucearlo en las costiyas!...
…Tamién los hombres que van
por el repecho ‘e la vida,
suelen, de diablos, quedarse
ronciando la cumbre altiva,
pa’ que los otros cinchén
hasta dejarlos arriba.
Y ayí de golpe, se paran;
y ayí de golpe se afirman;
y nos hablan como guapos
que han peliao a la partida…
…Pero… si el sol de la mala
le apuñala las pupilas,
cierras sus ojos de máulas
y el valor se le hace astiyas!
Dispués… como están sin uñas
pa’garrarse en la caída,
se ven venir como piedras
rodando por la cuchiya!...

¡Tire firme, güey picaso;
no me afluej’esas rodiyas!...
Que aunque le hablo de sentao
y lo mando dende arriba,
cincho yo, pa’ sáis gurises
en un yugo, con mi china.
¡Y mis cuartas no se afluejan!
Que’s dura lay de la vida,
clavar hondo la pesuña;
cuest’abaj’o cuest’arriba!

Versos de Esteban L. Aradó

domingo, 5 de febrero de 2012

A MI RANCHO

Ranchito que entre el verdor
parecés una gran cosa
y no sos más que la choza
donde escuendo mi dolor.
Rancho en que entuavía el amor
que en rescoldos se consume
a ocasiones desentume
las alas medio dispacio
pa’ perderse en el espacio
como si juese un perfume

Tapera medio arrumbada
que al costao de una laguna
en mis noches sin fortuna
fuiste pa’ mí como un hada.
¡Quién dirá al verte rodeada
de paráisos y palmeras,
que sos triste de adeveras
porque, bajo tus totoras,
no hay en mis noches auroras
ni en mi vejez primaveras!

Al zarzo que da a tu alero
un rosal de rosas blancas
trepa yevándose en ancas
la copa de un jazminero.
Corre a su sombra un sendero
que como baliza cierta
va derechito a una puerta
que bajo un toldo de flores,
pa’dormecer mis dolores
ha de hayarla siempre abierta.

Cuando m’echo en la catrera
bajo tu techo sombrío,
se saca el bozal mi hastío
pa’ disparar campo ajuera.
Bríndame su adormidera
la dulce melancolía,
y alegran el alma mía
las notas consoladoras
de dos calandrias cantoras
que madrugan más que el día…

Rancho que sabés mi historia,
mi linda choza querida,
que yevo siempre prendida
del cinchón de la memoria.
¡Pa’ que quedré yo más gloria
que el calorcito ‘e tu hogar,
hoy que cansao de penar
le tengo asco al vivir,
y se me hace que morir
no es nomás que descansar!

Versos de José Alonso y Trelles
                 "El Viejo Pancho"