martes, 2 de julio de 2013

RELATO DE UN MAYORAL

1
¡Las leguas que m’he tragau
con la galera de Vargas!
Como que van treinta largas
de Barracas al Salau…
y diez más desde “El Venau”
que n’ues paso de los peores,
a la Posta ‘e “Miraflores”
en la “Laguna ‘e Las Yeguas”;
total: cuarentiséis leguas
hasta el pueblo de Dolores.
2
Quedan después los uncales
de la “Cañada ‘el Vecino”,
¡mi Dios, que flor de camino
pa’ rematar animales!
Unos bañados fatales
que pasábamos por fin
a costa de gran trajín
y de embarrarnos muy mucho
pa’ dentrar en Ayacucho
al sonar de mi clarín.
3
Porque he sido mayoral
en “La Estrella del Desierto”,
en todito el Sur, por cierto,
empresa muy principal.
Luis Vargas, un oriental,
fue su dueño y mi patrón,
muy colorao de opinión
y hombre recto y sin engaños,
que no bien cumplí doce años
me tomó de postillón.
4
¡Si habrá volcao mi galera!
¡Si habré sufrido encajadas!
¡Y si habré pegao rodadas
en la cuarta delantera!
Esa es la cosa más fiera
que a uno le puede ocurrir,
aunque peor, en mi sentir,
porque se cae como en trampa,
es toparse con el pampa
cuando ha salido a invadir.
5
Nunca me olvido el día aquel
que, lleno de gente el coche,
llegamos a boca’e noche
a lo de Pablo Esquivel.
Veré si de modo fiel,
pues me parece oportuno,
mis recuerdos les reúno:
veníamos del Tandil
y era pa’ fines de abril
del año setenta y uno.
6
Yo me quería quedar…
No me gustaba la cosa
porque allá en la Barrancosa
algo me dio que pensar.
¡Era una de pasar
gamas, yeguas y avestruces
como pa’ hacerle hacer cruces
y llamarle la atención
al gringo más chapetón
o al criollo de menos luces!
7
Andaban indios, seguro,
y eso le dije al pasaje,
pero todos seguir viaje
me pidieron con apuro,
pa’ peor, del campo’e Goyburo
tráiba un mocito quebrau;
un inglés endemoniau
se quejaba’e la demora,
y a más, venía una señora
qu’iba salir de cuidao.
8
Por estas razones fue,
y otras varias que me dieron,
que al cabo me convencieron
y en mala hora aflojé.
Con todo, yo me alegré
porque luna llena había,
y esto bien me suponía
con caminos superiores,
poder estar en Dolores
con el aclarar del día.
9
Y ya caballos mudamos
sin perder un solo instante;
me acomodé en el pescante
y ya también arrancamos.
La doble zanja cruzamos
de la “posta” que les hablo,
y saludando a Don Pablo
que supo ser máistro d’ella,
tomamos por esa huella
como alma que lleva el diablo.
10
¿Quién diría que la suerte
del cristiano está suspensa
y, cuando menos se piensa,
en desgracia se convierte?
Como digo, íbamos fuerte,
meta brinco y sacudones,
yo, atento a los postillones,
el pasaje entredormido,
y galopeando tendido
nuestros ocho mancarrones.
11
Linda la noche, sin viento,
el campo, blanco de luna,
y las leguas, una a una,
yéndose qu’era un contento.
De pronto, y justo al momento
d’ir costeando un fachinal
que, junto al camino real,
se alzaba como una valla,
por tadas partes estalla
un vocerío infernal.
12
Y tras él, muchos jinetes
-más de doscientos, presumo-
que se nos vienen al humo
a media rienda’e sus fletes.
Salieron como chijetes
del pajal que les decía
y con atroz gritería
a las cuartas atropellan,
y por poco no se estrellan
contra la mensajería.
13
¡Los indios! ¡Santos benditos!
¡Señor, no nos abandones!
¡Partían los corazones
las mujeres con sus gritos!
Y llegaron los malditos
rodeándonos con presteza,
y a favor de la sorpresa
al postillón Elizondo
¡me lo hicieron cáir redondo
de un bolazo en la cabeza!
14
Y no hubo más que hablar.
Quedó parau el carruaje;
había, pues, que hacer coraje
y resolverse a pelear.
El primero en empezar
fue el inglés con  su fusil;
apagó como candil
a uno que montaba un bayo
y a otro bajó del cabayo
con un chumbo en el cuadril.
15
Los infieles al ver esto
dentraron a retirarse
pa’ después organizarse
y venirse echando el resto.
Ya nosotros, por supuesto,
perdimos toda esperanza
porque en su afán de matanza
pasaban a la carrera
y hasta dentro’e la galera
nos llegaban con la lanza.
16
Para peor, armas de fuego
solo había unas pocas buenas,
y municiones, apenas,
como se verá más luego.
Hasta el día de hoy reniego
de un balazo que le erré
con mi vieja “lafuché”
a un pampa, que abajo’el brazo,
vino y me encajó un lanzaso
en cuanto me descuidé.
17
Con más pulso, un pasajero
que viajaba en la “berlina”,
voltió con su carabina
a un chino de poncho overo.
Yo, desangrándome entero,
porque me chucearon mucho,
del pescante, sobre el pucho,
me escurrí como luz mala,
dispuesto a meterles bala
hasta el último cartucho.
18
¡Pero qué! No bien me asomo
deande me había atrincherau,
viene un indio condenau
y me lancea en el lomo.
Me dejé cáir como plomo
e igualito que lombriz,
me fui arrastrando, en un tris
que alguno me descubriera,
y atrás de una cortadera
conseguí hacerme perdiz.
19
Y siguiendo mi relato,
diré qu’entre la maciega,
a una cuadra’e la refriega
me acurruqué como un gato.
Los tiros, al poco rato,
ya no se escucharon más,
pero siguiendo no más
vibrando los alaridos
y oyéndose unos quejidos
que no olvidaré jamás.
20
¡Cosa triste y afligente
era estar sin hacer nada
de mientras tanto la indiada
se cebaba con mi gente!
No podía enteramente
moverme siquiera un poco,
y aunque yo nunca me apoco
esta vez fallé fierazo,
pues el dolor del lanzazo
me tenía medio loco.
21
También me hacía parecer
remordiendo mi conciencia,
esa terrible imprudencia,
que acababa’e cometer.
Yo nunca debí atender
los pedidos del pasaje
prestándome a seguir viaje
ansí, sin más precaución,
bajo anuncios de invasión
y en semejante paraje.
22
Cuando se dentró la luna,
pasada la medianoche,
del lau en que estaba el coche
no se óiba ya bulla alguna.
La indiada, pa’ mi fortuna,
un redepente se fue,
su galopear escuché
perdiéndose a la distancia,
hasta que me vino un ansia
y áhi nomás me desmayé.
23
No tengo idea completa
del tiempo que estuve ansí,
hasta que al fin volví en mí
en un catre de loneta.
Me hallaba en una carreta
de la tropa de Irazú
que del Puerto del Tuyú
iba con mercadería
pa’ no sé qué pulpería
en la costa’e Langueyú.
24
Según yo me lo imagino
y lo creo de verdá,
Dios en su inmensa bondá
puso al vasco en mi camino.
pero pa’otros el destino
se mostró por demás fiero,
como que del entrevero
según lo supe enseguida
¡no logró salir con vida
ni tan solo un compañero!
25
Hallaron a los finaus
-dijeron los de la tropa-
sin una pilcha de ropa
y toditos degollaus;
sus equipajes robaus
y quemada la galera…
¡No se salvó tan siquiera
del asalto, un expediente,
qu’el alcalde’e San Vicente
me pidió que le trujera.
26
Si no acierta por ventura
a encontrarme el capataz,
me hubiera muerto áhi no más
tirado como basura.
Soy de buena carnadura,
y con yuyos y a su modo
un viejo -“Miche”, de apodo-
curandero cordobés,
me atendió tan bien, que al mes
estaba sano del todo.
27
Al Azul me fui derecho
en cuantito pude andar
para ver de interesar
al ejército en el hecho.
Pero no se tomó a pecho
mi denuncia y con razón:
principiaba una función
qu’iba a terminar de prisa
con la derrota de Urquiza
en el arroyo Pavón.
28
Ansí con guerra civil
y el páis, hech’un vivo infierno,
a la final d’ese invierno
me volví para el Tandil.
Al cacique Cañumil
se culpaba por allá
de ser el memo quizá
que mandó el malón aquel…
También se habló de Catriel
y el viejo Calfucurá…
29
Pero quienquiera que fuese,
el asunto quedó en nada
sin castigarse a la indiada
por más que lo mereciese…
los mesmos pampas, parece,
fueron los que’n Lobería
cautivaron a María,
la mujer de Pedro Iriarte…
Pero ésa es historia aparte
que les contaré otro día.

Versos de Justo P. Sáenz (h)

domingo, 30 de junio de 2013

ACLARANDO RAYAS

Algunos me miran mal
porque no vivo a lo rico;
el rancho está muy pelao
y el patio está desprolijo.

Dicen que debía hacer quinta;
plantar  muchos “ocalitos”
y hasta votar po’el gobierno
pa’ tener un puesto lindo…

Yo, pa’ decir la verdá,
de esas cosas no preciso;
es más grande lo que sueño
y más variao lo que miro…

No quiero plata a montones,
yo la gasto de a poquito…
y que de a poquito venga
así no recargo el cinto…

Prolijo o despreocupao
no haciendo mal, da lo mismo…
Si al que mira no le gusta
que cambie a su vista el trillo…

Además, sabe la gente,
que yo a naides le prohíbo
que haga quinta, adorne el rancho,
o plante mucho “ocalito”.

Y menos que vivan pobres
los que quieran morir ricos;
ni que “lamba la coyunda”
pa’ alcanza algún destino…

Si pa’ quedarme me sobra,
pa’ dirme, también, colijo!
Y siempre’óido que los pobres
van pa’l cielo derechito…

¿Será por eso que el cura
si les reza, no hace ruido,
y canta fuerte empujando
pa’l cielo’el alma’e los ricos…?

He de seguir como soy!
Que otros planten “ocalitos”,
yo con lo poco que tengo
me voy mareando muy lindo.

Sabido es a las mortajas
naides les pone bolsillos…
Y si ese viaje es largón…
hay que hacerlo de vacío,
¿pa’ que debo andar cargao
en un trecho corto y lindo,
donde me gusta cantar
más que plantar “ocalitos”…?

Versos de Sandalio Santos
                     -uruguayo-

viernes, 28 de junio de 2013

PUESTO CRIOLLO

Rancho pobre de un mensual
lindero de un arroyito
tras un monte d’eucalito
y un ancho cañaveral,
todito blanquiao con cal,
algo petisón de afuera,
pero ya de la tranquera
se le ve el horno de barro,
la bomba, plantas en tarros
y un cerco de enredadera.

La cocina es muy sencilla
-se va a dar cuenta al entrar-
junto a la vieja “Istilar”
una pilita de astillas;
dos bancos largos, tres sillas,
la mesa larga y coqueta,
con florero y con carpeta
prolijamente bordada
y tras la puerta colgada
la bolsa con la galleta.

Enfrente de la ventana
la máquina de coser
donde siempre la mujer
remienda, zurce o hilvana,
una cajita alazana
es costurero, presumo;
allá por el techo, el humo
se enrieda en la telaraña
y del otro lao: la caña
con algo para el consumo.

Al lao, la pieza chiquita
con cama catre y ropero,
un retrato del puestero,
el baúl, una mesita;
por si cayeran visitas
hay manta’ y ponchos doblao.
Con una lezna ha clavao
el mayor de los cachorros
la foto grande de “El Zorro”
cuando Nielsen lo ha montao.

Hay otra pieza a la vez
-esa es la del matrimonio-
color “florcitas de otoño”,
será… de cinco por tres,
la cama, de bronce es,
la mesa de luz, divina,
el ropero haciendo esquina,
en un rincón la escopeta,
y abajo de la banqueta
el tarro de acaroína.

Así es, como les digo
el rancho de este paisano,
si gusta, golpeé las manos
que va a encontrar un amigo,
un catre, un plato, un abrigo
y la sincera amistá,
entre tanta soledá,
rodeao de tanta simpleza…
¡Lo que le falta en belleza
le está sobrando en bondá!
                                   (10/1993)

Versos de Enrique Mario Cabrera

martes, 18 de junio de 2013

SOY DEL PAGO 'E MAGALENA

Soy del pago’e Magalena
y quiero ser su cantor…
en el pueblito de vieytes
trainta casas, la estación,
y alguno qui’otro boliche
que sirve d’entretención
al gauchaje, en día de fiesta,
ayí mesmo nací yo.

En antes, hace ya añares
por esas güeyas de Dios,
anduvo el indio indomable
resistiendo al invasor.

Más tarde los gauchos bravos
sin más armas qui’un facón,
una tacuara y un laso
y un ligero ridomón,
hicieron frente y peliaron
contra el tirano español.

Con los gauchos de mi pago
tamién la patria contó;
eyos pusieron su sangre,
su destresa y su valor,
pa’ lograr la independencia
que tantas vidas costó.
Soy del pago’e Magalena
y quiero ser su cantor…

Por esos campos yo anduve
entre la tierra y el sol,
y he seguío la mesma güeya
del gaucho trabajador;
como él he pialao baguales
y monté algún ridomón;
pa’l lao ‘e “La Vigilancia”,
con mi amigo Serveyón,
supe tropiar de lo lindo,
con  tropas de Casteló.

Otras veces, con carretas,
yegué hasta el Samborombón
pa’ golver cargao con cueros
por cuenta’el acopiador.
Verde mar de gramiyales
y margaritas en flor,
verde mar de lino y trigo
y maisales en sasón,
por esos campos alegres
anduve tropiando yo!
Soy del pago’e Magalena
y quiero ser su cantor…

Tal vez no tenga importancia
pa’algunos, mi prietensión,
pero ante un pago tan gaucho
y tan yeno ‘e tradición,
¿quién no se siente trovero,
guitarrero y payador…?


Versos de Pedro C. de María

domingo, 16 de junio de 2013

RECUERDOS DE UN ARREO

1
Contratao de capataz
ayá en mi “Pago Alsinero”
pa’rriar pa’ un pago surero
salimo con otros más.
Algo pocones, quizás,
pa’ la tropa que yevamos,
ya nos vimos dende’l vamos
en momentos medio feos,
pero… ¡los muchos arreos
jue la carta que mostramos!
2
Retozó la noviyada
en saliendo de la estancia
y áhi aprecié la prestancia
de mi gente’n la atajada.
¡Si hasta vi alguna coliada!
de algún noviyo porfiao
que al verse ansina tumbao
ya no buscó de’ncarar,
pues sintió en el paletiar
el rigor de lo enseñao.
3
Ansí me juí regordiando
y a veces me’ntreveraba:
cuando alguno se’spantaba
me lo tráiba ricostando.
Aura que’stoy ricordando…
¡que pial que se’chó un resero!,
una vaca con ternero
lo agarró desensiyao,
diba a mudar de montao
pero hasta a pie’ra campero…
4
Y pa’ bandiar “El Salao”
que’staba muy correntoso
por lo tanto peligroso
¡no quiera creerlo cuñao…!,
yo que nunca había nadao
me la vi medio fierona
y la hacienda cimarrona
hizo punta pa’ golverse,
pero al rato podía verse
la otra oriya tupidona.
5
Y no me puedo olvidar
de unos fieros temporales
que al no ver los animales
era difícil rondar.
Y cuantas veces armar
-una noche que había helao-
la cama con el recao
buscando un sitio oportuno,
ande se’chara el vacuno
tras de haberlo levantao.
6
Y que lujo las tropiyas…!
Había una’e redomones
-pa’lmirar a los mirones-
con la yegua doradiya.
 Si habré saboriao sestiyas…!
En las ruedas del fogón
había uno regüenón
y en las noches calidonas,
hacía vibrar las bordonas
si cuadraba la ocasión.
7
Cuando al yegar al destino
deseosos de descansar
nos vinieron a invitar
a la yerra de un vecino.
Había un mozo correntino
y el resto de la yanura,
amigazo, que hermosura
y que lujo pa’esigentes,
tantos piales diferentes
y aperos de preciosura.
8
Tras de otras tantas vivencias
y los deberes cumplidos
golvimos enriquecidos
de tan gauchas esperencias.
Cada uno pa’ sus querencias
rumbiamos cuasi al yegar,
y ayí me diba a premiar
tras de un viaje medio largo,
con un beso y un amargo
mi patrona, al desmontar.
                                     (3/03/1987)
Versos de Agustín Alberto López

jueves, 13 de junio de 2013

1938 -junio- 2013

DÍA DEL ESCRITOR


Digo Leopoldo Lugones
y “Romances del Río Seco”
y bien sé de que no peco
de andar entre figurones;
el yamariar de fogones
alumbra al gran escritor,
el que con un frío estertor
a su vida puso fin,
¡pero es siempre el paladín
que a “Fierro” le dio esplendor!

Carlos Raúl Risso (13/06/2013)

miércoles, 12 de junio de 2013

LA TROPILLA DE ABUELO

1
Tiene el viejo Tata Abuelo
una lindaza tropilla,
pero entre todos no ensilla
dos pingos del mesmo pelo,
atraviesa pampa y cielo
el paisano singular,
tuitos oyeron sonar
el tin-tin de su cencerro,
por el llano, por el cerro,
desde los Andes al mar.
2
Tiene un “zaino malacara”,
un flete como pintao,
es un redomón calzao
con una paleta clara,
no se con que tinta rara
le bautizó la natura,
bella y fogosa pintura
engarzada en cada pelo,
cruzando el azul del cielo
y el verde de la llanura.
3
Un “alazán testerilla”,
potrillo de linda laya,
que muestra una lista baya
del encuentro a la rodilla,
del borde de la barbilla
surgen dos listas gatiadas,
que suben por la quijadas
hasta llegar al frontal,
jugueteando entre el bozal
y las virolas plateadas.
4
Cuenta con un “doradillo”
que recién lo ha amadrinao,
hace poco que ha empesao
a despuntar el colmillo,
da gusto verle al potrillo
los pechos como grangeaos,
le asoman entrelazaos
del cuadril a los garrones,
lo mesmo que patacones
unos anillos rosaos.
5
Suma este gaucho nativo
un lindo flete “gatiao”,
que tiene un cuadril nevao
en el costao del estribo,
sobre él, con gesto altivo
del Don Quijote rural
galopa sobre el erial,
entre las fibras agrestes
y las miradas celestes
del florecido cardal.
6
Un “yaguané” color “ruano”
que tiene una lista blanca,
desde la cruz hasta el anca
como dibujada a mano,
el misterio soberano
que le da vida a las cosas,
pintura a las mariposas,
al ave, al tigre, al pimpollo,
le dio al caballito criollo
más colores que a las rosas.
7
A más tiene ese paisano
un “tostao” muy parejito,
es un redomón nuevito
que hasta hoy tiene orejano,
cuando cruza por el llano
con el sol medio inclinao,
forma el reflejo dorao
una simbólica estampa,
el cielo azul y la pampa
y el brioso flete “tostao”.
8
Un “oscuro”, prenda cara,
con una estrella en la frente,
que al mirarlo de repente
parece ser que alumbrara,
pues por esa seña rara
comenta el paisano arriero,
es al que lo ve primero
al redor de la madrina,
porque en la estrella ilumina
el reflejo del lucero.
9
Un “tordillo lunarejo”
que ostenta en los costillares,
unos vistosos lunares
dorados como oro viejo
con un manchón azulejo
sobre del cuadril del lazo,
y de retazo en retazo
como locas pinceladas,
bajan dos listas tiznadas
que se pierden el vaso.
10
El que es una galanura
es el “rosillo bragao”,
lo mejor que ha galopiao
bajo el sol de la llanura,
ornan la briosa figura
del lindo flete “rosillo”,
desde el pescuezo al codillo
un manchón bayo totora
jugando con la crin mora
desde la cruz al flequillo.
11
Del “pangaré rabicano”
daré las señas más finas,
tiene las patas barcinas
y salpicada una mano,
“-Con éste -dice el paisano-
cuántas leguas galopié,
y más de una vez crucé
la pampa de orilla a orilla;
es toda una maravilla
el potrillo pangaré”.
12
Cuando andan por áhi pasteándo
los llama con un silbido,
y obedeciendo al sonido
todos se acercan trotiando,
se oye un cencerro que andando
lanza tañidos al vuelo,
es que bajo el Patrio cielo,
cruzando entre cardo y puna,
va la madrina “cebruna”
de la tropilla de Abuelo.


Versos de Martín Castro