sábado, 30 de abril de 2011

A LA CRIOLLAZA MANUELA

Yo no sé porque razón
cabrestiás ansí tan feo
cuando medio rebenqueo
el pingo de mi pasión;
si con güenaza intención
cariñoso te atropello
contra el palenque me estrello
de tu negra ingratitú.
¡Pucha! si como ñandú
me juis perdiendo el resuello!

Al ñudo como carancho
a todas horas del día
te ando ronciando, alma mía,
por la tranquera y el rancho;
gracias a la marca “chancho”
que en ocasiones me alienta,
de nó, ya de mi osamenta
ni el polvo hubiera quedao;
pues no hay como andar chispiao
cuando una pena revienta..

Seguile nomás cuerpiando
a mis amorosos piales
que al final entre chircales
vas a quedar hocicando;
vos me has de tener penando
con negarme tu querer,
pero yo que a la mujer
arisca, nunca le aflojo,
te he de pinchar como abrojo
hasta que te haga ceder.

Con boliarte a lo bagual
y disparar orejiando
vas mi cariño aumentando
de manera sin igual;
y yo, a quien jamás el mal
le hace perder el valor,
he de sufrir el rigor
con que me querés matar
hasta que pueda cuartiar
la carreta de tu amor.


                      (Buenos Aires, 02/1902)


Versos de Justo Albornoz

ALBORADA

(Fragmento)

Rasgando el brumoso poncho
de una noche sin estrellas,
clareando rastros y huellas
y surcos del campo en flor,
una ancha faja rosilla,
que allá por el este sube,
arrea la última nube
trenzando el primer albor…

Con la luz de la alborada
que colorea el horizonte,
pumas y gatos del monte
ya dejan de matrerear;
relinchan los yeguarizos;
alzan vuelo los caranchos,
y abren las puertas los ranchos
dejando a la luz entrar.

En las cocinas, los peones,
después de un sueñito largo,
se prenden al mate amargo,
al churrasco y al porrón;
y cargadas hasta el tope
tiradas por sus masetas,
salen las viejas carretas
con los cueros, del galpón…

En los postes y alambrados,
en los sauces y los talas,
se va el zorzal en escalas,
y abajo, escarba el tatú;
mientras por entre las zarzas,
se pierden con sus gambetas,
las perdices martinetas
y el perseguido ñandú.

A los gritos del resero,
chirleados por los cuadriles,
vienen novillos cerriles
por el gran camino real;
y bajando a la laguna
siguen al tero en comparsas,
los flamencos y las garzas
que se alzan del fachinal.

De un buey viejo en la osamenta,
que allá quedó entre los fangos,
pellizcan cuervos, chimangos
y los perros en montón;
la yegua llama al potrillo;
mientras los peones mensuales
trabajan en los corrales
imitándolo al patrón.

Versos de Bartolomé Rodolfo Aprile

EL BOLSERO

Chata playa o de cajón
que de’una van atracando,
bolsero que está esperando
en la puerta del galpón,
bolsa derecho al vagón
que en el pesaje descansa,
un pinchazo que la alcanza
como el puntazo de un sable
que le ha dao “el responsable”
poco antes de la balanza.

Burro que se ha terminao
y hay que seguir más arriba,
camino sobre la estiba
y muslos acalambrao;
nuevo, de hombro lastimao,
llegada de un forastero,
hay un cambio de sombrero
y si la sé no da tregua,
con la corrida de yegua
ya se refresca el garguero

Está el que barre la chata,
lauchero en la descosida,
el surco, que en la tenida
va dejando la alpargata;
aujeros en una lata
del chico que junta afuera
el cereal que se cayera
y lo lleva zarandeao,
también de ropa un atao
si es hijo ‘e la lavandera.

Cuzco que cuida el pilchaje
en una estiba empezada,
un lugar en la ranchada
al que es nuevo en el paraje;
un peso al que va de viaje
pa’l pan o pa’l cigarrillo,
el chiripá y calzoncillo
cuando es tiempo de calor…
Siempre mojao de sudor
pero seco de bolsillo.

Versos de Libertario Blengio

jueves, 28 de abril de 2011

APARIENCIA

La cuestión me entró a gustar
una tarde yoviznando
qu’iba un picazo montando
con dos galgos a la par;
áhi fue que al atropeyar
una liebre, en la ocasión,
noté despierto en la ación
al redomón de bocao,
y cuando estuvo enfrenao
lo entré a cuidar a galpón.

No mañerió pa’ comer
ni siquiera el primer día.
Yo bien chaireao lo quería
pues pintaba pa’ correr;
una tapa le hice hacer,
el pelaje entró a cambiar,
lo sacaba a caminar
de mañana muy temprano
y ya herrao de pata y mano
también aprendió a parar.

Con Panchito, mi muchacho,
le mandé a decir a Lara
que venga ni bien aclara
pa’ ponerlo frente al ‘tacho’.
El picazo vivaracho
bien ceñido, atutanao,
más me dejó entusiasmao
cuando Lara lo tendía
y con la contra tenía
‘un diecinueve’ aliviao.

Fue un domingo luminoso
antes que apriete’l calor
que’n un moro escarciador
salí pa’l pueblo, dichoso;
cabrestiando muy airoso
iba mi picazo atento
con un trotecito lento
a lo lejos divisaba,
y al verlo así aparentaba
de poder ganarle al viento!

Y entre copa y cigarriyo
estando ayí en las cuadreras
me desafió un tal Contreras
con pingo doradiyo;
nos arreglamos senciyo:
la bandera de parao,
trescientos metros clavao,
la cancha, el peso, el rayero
…y la sorpresa, aparcero
fue perder lejos… cortao…!

Después, al atardecer
medio en el trago bandeao,
montando el moro ensiyao
pa’l rancho quise volver.
Me costaba comprender
al picazo en forma lenta,
y ya sacaba la cuenta
que no iba a pedir revancha.
¡No siempre se ve’n la cancha
lo que’n el campo aparenta!

Versos de Carlos Daniel Líneas

ACLARACIÓN

1
Mi verso quiero dejar
así nomás de pasada,
para nuestra caballada
que jamás voy a olvidar.
Yo quiero solo aclarar
a todo el aficionao
que a veces he oservao
en uno y otro paraje
que confunden el pelaje
del pingo que han ensillao.
2
Es muy poco mi saber
y muy chica mi esperiencia
pero hay que hacer diferencia
en el pelaje, a mi ver.
Si hasta suele suceder
que al “picaso”, en un apuro
hay quien lo ha llamao “oscuro”
y si el sol los ha quemao,
“cebruno” los han llamao…
Eso yo les aseguro.
3
Al “moro” con el “tordillo”
no me lo confunda, hermano,
como el “alazán” del “ruano”
y el “moro” con el “rosillo”;
“colorao”, del “doradillo”
y del “zaino colorao”;
el “bayo” con el “gatiao”
no confunda, le diré,
el “zaino” del “pangaré”
y el “alazán” del “tostao”.
4
El “overo” y el “manchao”
separo uno por uno,
el “barroso” del “lobuno”
y “rosao” de “entrepelao”.
No confunda en ningún lao
el “sabino” y el “tordillo”
y sepárelos con brillo
como el “palomo” del “blanco,
eso se conoce al tranco
es muy fácil y sencillo.
5
Está el “castaño”, el “pintao”,
el “azulejo”, el “tobiano”,
el “dorao” y el “rabicano”,
el “yaguané” y el “bragao”.
Y empiezo por otro lao
con manchas particulares,
en el campo muy vulgares
como el “lista” y “malacara”,
que tan fácil encontrara
andando en estos lugares.
6
Está el “pampa”, el “mascarilla”,
el “estrella” y el “lucero”,
el “lista tuerta”, que quiero,
“pico blanco” y “gargantilla”.
También está el “testerilla”,
el “media res” y el “maneao”,
el ”medias botas”, el “trabao”
y el “argel” ya lo atestigua;
me voy con la frase antigua:
¡Es muy ligero el “cruzao”!
7
Yo he querido en mi versiar
destacar pelo por pelo
que para mi es un anhelo
el poderlos comparar,
y así poder aclarar
sin lugar a confusión,
y si pegué un tropezón
al ir tirando con rollos:
¡Cómo ustedes son bien criollos,
les voy a pedir perdón!

Versos de Juan Félix Oar

miércoles, 27 de abril de 2011

ROMANCE DE SOL Y HUELLA

Venías en tu carreta
mordizquiando una manzana,
sentada en el oscilante
cabezal de la culata.

Tráibas zapato amarillo,
vestidito de zaraza,
las trenzas sueltas al sol
brillando de aceite ‘e pata!

Eran un lujo esos güeyes!
franqueros, hoscos y pampas
d’esos que agarran la güeya
sin merecer la picana.

Les ataste pa’ la fiesta
machines en las guampas;
¿tráiba malicia el clavel
que me diste a la pasada?

Los cerros del Valle Edén,
en redondo corcoviaban…
Tenía olor a primavera
la brisa de la mañana…

Mi tropa andaba ligero
porque había olfatiao el agua,
y en un flete coscojero,
rabicano, ‘e gran alzada,

venía yo como de novio,
con todo el chapeao de plata,
de pata dura, luciendo
los estribos de campana.

Venías en tu carreta
mordizquiando una manzana.

“¡Moza! deme una mordida!”
-te dije- pa’ que brillaran
tus ojos de Nochebuena
dormidos de serenatas.
Me contestase a las risas
entre el mugir de las vacas:

“Si San Antonio lo ayuda
no si ha de morir de ganas!”

Los cerros del Valle Edén
bellaquiaban en redondo…
el aire, pasaba ardiendo,
como un lonjazo en el rostro…

Tuve que picar espuelas
pa’ enderezar un barroso
que se me hacía cimarrón
si le mezquinaba’l ojo,

y juí el que perdió tu amor
por no descuidar un toro…

Tomaron rumbos distintos
tu carreta y mi esperanza.

Parándome en los estribos,
te acaricié en la palabra
de mi pañuelo de seda
con voz de pena lejana…

Y después, cuando tu risa
palideció en la distancia,
acosté un silbido triste
sobre el lomo de mis vacas…

“Hopa! Hopa! Bichos lerdos”.
Polvo, pezuñas y guampas,
y el sol parao en el cielo,
y esta güeya que se alarga,
y el repique del cencerro,
y ay! qué vidita aporriada!

Siempre arriando alguna pena
pa’ la feria, o la guitarra!

Versos de Osiris Rodríguez Castillos

BIEN SOLO Y BIEN AL TRANQUITO

Si me toca en la “culata”
ni me interesa un arreo,
me corro pa’ la puntera
pa’ atar mi silbo al cencerro.
No me gusta dir charlando
con cualquier gaucho tropero
pesao como piedra ‘e bola
que empieza y no acaba un cuento.

Llamando la novillada
al son de un silbo puntero
pasan por sobre el camino
lindas las leguas y el tiempo.
A solas con la tropilla
se me arriman los ricuerdos
a tráirme de viejos pagos
amores que jueron nuevos.

Pasan chinas y guitarras,
pericones y desvelos…
porque -siento estando solo-
como caricias los sueños.
Si hay luna, mejor pa’ un canto,
cuando no hay luna, la enciendo
en cualquier bicho de luz
o en mi puchito estrellero.

O, alzo mi chifle puntudo
pa’ verla junto al chambergo…
Siempre lo llevo con tragos
de esos que se güelven versos.
A mi que me den la punta
si dientro en algún arreo,
que andar solo y medio triste
me hace dos veces tropero.

No me apuro ni aunque sé
que llegar tarde no es güeno,
y si va o viene el camino
tuavía estoy sin saberlo.
Por eso en una puntera,
mejor si hay luna pa’ un verso,
bien solo y bien al tranquito,
triste y solo voy contento.

Versos de Wenceslao Varela
                    (uruguayo)