lunes, 19 de marzo de 2012

EL REGALO PA' FACUNDO

Mi alegría es hoy total
Don Facundo al saludarlo,
ya que vine a visitarlo
hasta este triste hospital,
veo que ha curao su mal
y está medio fuerte y sano.
En su vida de paisano
una nueva etapa inicia
y hoy le traigo una noticia
que lo va a alegrar, hermano.

Sé que al estar internao,
por sus reflejos camperos
a su tropilla de overos
mucho ha de haber estrañao;
ayer los vi en el bañao
y ayer día del verano,
la yegua parió en el llano
por eso, tanto me alegro:
le tuvo un overo negro,
parece pintao a mano.

¡Qué potrillo más gauchito!
Ya lo verá Don Facundo.
Como ese, en este mundo
habrá pocos de bonito,
ahora se lo ve chiquito
pero el tiempo ha de pasar,
sé que usté lo va a domar
y en esas fiestas tan gratas
si le llega a echar las latas,
¡cómo lo van a mirar!

Los caballo’andan atrás
del potrillo, amontonaos.
Si estaban amadrinaos
ahora lo están mucho más.
Esto ha de quedar atrás
cuando de aquí haya salido
y cuando al campo haya ido
se ha de embriagar de gozo,
al ver el regalo hermoso
que “la ruana” le ha traído.

Versos de Patricio Somohano

LAS GAUCHADAS NO SE COBRAN

- Llegué para devolverte
lo que me habías prestao.
Contento de estar curao...
Dando gracias a la suerte…
Quiso llevarme la muerte
con insistencia bravía
pero sigo todavía
redomoneando baguales
y aquí te traigo los reales
que me diste el otro día.

Además gracias, te digo,
porque andando en mala pata,
enfermo y con poca plata,
siempre estuviste conmigo.
En vos encontré un amigo
que ayudó sin pedir nada.
Hoy eso es cosa pasada
y traje al saber tu maña,
una botella de caña
pa’ agradecer la gauchada.

- Me siento contento, hermano,
por tan amable atención.
Y más grande es mi alegrón
verte enteramente sano.
Fue mi deber de paisano
hacer lo que hice con vos.
Y como crece en los dos
la amistá cada día más,
las gracias que a mi me das,
hay que dárselas a Dios.

No se cobra una gauchada
entre gauchos corazones.
Guardate esos patacones
que a mi no debés nada.
Arrimate a la enramada,
desensilla en la gramilla.
Voy a chairear la cuchilla
mientras bañás al overo,
porque tengo un buen cordero
pa’echar sobre la parrilla.

Versos de Juan José Somohano

lunes, 5 de marzo de 2012

GRACIAS AL PINGO AZULEJO!

Pobre mi pingo azulejo,
en el recuerdo te evoco
al verte así, tan bichoco
y que apena’andás de viejo;
juiste pa’ todo parejo,
yo te amansé con pacencia,
y a pesar de mi esperencia,
cuando una semana hacía
que en mi poder te tenía
…te fuiste pa’ tu querencia.

A ver quien te había atracao,
le pregunté al del remate…
¡Por vos ligué’l primer mate
de los tantos que me ha dao!
Y ya salí entusiasmao,
por eso, sin más espera,
dejé abierta la tranquera
pa’ poderte ir a buscar
y así poder conquistar
a la que’s mi compañera.

Pero un día al dirte a traer
me salió al cruce, su Tata,
que “me devolvía la plata”
si no te podía tener.
Entonces, fue mi deber
el tenerle que aclarar
que te dejaba escapar
pa’ que busques la querencia.
Y ya le pedí licencia
pa’ poderte visitar.

En sus ancas t’he cargao
pa’ yevarte al casamiento
y ya desde aquel momento
¡cuánto servicio has prestao!
Nuestros hijos has yevao
a la escuela, que’ra lejos,
fuiste pa’ todo parejo
y hoy… un nieto te ha subido…
Recuerdo, ¡t’he conocido
gracias al pingo azulejo!

Versos de Libertario Blengio

GAYO PIMEO

Me parece que te veo
en la punta del “limón”
de aqueya chata cajón
durmiendo, gayo pimeo.
Tras el ruidoso aleteo
al costao de tantas güeyas,
en las épocas aqueyas
que al errante conductor
le hacías de despertador
con una esfera de estreyas.

O en la cruceta de fierro
te’scuché pedir socorro
por la presencia de un zorro
como avisándole al perro;
conocedor del cencerro
amigo de la madrina,
conquistador de gayinas
si en una chacra bajabas,
y tempranito cantabas
anunciando las ñeblinas.

También te ví en la casiya
de la vieja triyadora
cuando marcabas la hora
en el tiempo de la triya
del trigo suelto o gaviya.
Y sin cuidar el peyejo
ante tu propio reflejo
-cuidando tus compañeras-
ande un rival lo creyeras
hacías trizas un espejo.

No ha podido el relojero
darte adelanto o demora,
siempre justito en la hora
yamándolo al carretero.
Como en tu tiempo primero
con tu canto y aleteo,
hoy, nuevamente te veo
como al iniciar tu meta,
al buche de una carreta
en un desfile o museo.

Versos de Libertario Blengio

sábado, 3 de marzo de 2012

EL APERO

En las pilchas del recao
se ve el paisano prolijo,
y se descubre, de fijo,
de qué modo se ha educao.
Sobre todo, si es aseao
y si es buen trabajador;
no mostrando el esplendor
de la platería labrada,
sino la prenda arreglada
con sencia de trensador.

Linda es la cincha bordada,
hecha de algún cuero blanco,
ande el criollo que no es manco
deja su sencia marcada.
Las riendas; las cabezadas;
el cabresto y el bozal;
y como un lujo el pehual
que asujeta el sobrepuesto,
ande se prende el cabresto,
trayendo algún animal.

La manea, asegurada
suele dir en el fiador,
prenda que con gran primor,
es, a veces, trabajada.
Como badana, sobada,
como acero resistente;
y el bozal, sobre la frente,
lleva las letras del dueño,
ande se nota el empeño
del tropero dilijente.

De un cuero bien estaquiao,
trabajao en redondel,
siendo a su costumbre fiel
hará un lazo bien trenzao.
Con hígado barnizao,
le puede dar suavidá;
y así, con facilidá,
pa’l trabajo lo maneja,
seguro que ande lo deja,
no le dentra la humedá.

Cada prenda del recao,
tiene un poquito de historia,
página que en la memoria
de nuestro gaucho ha quedao.
De día, sobre él sentao,
pasa su vida el tropero;
y al estilo más campero
cuando procura reposo,
lo halla en la noche dichoso,
siendo su cama el apero.

Versos de Evaristo Barrios

EL OSCURO Y MI RECAO

Cuando el campo abandoné
y me vine pa’l poblao,
en el pueblo radicao
por razones me quedé.
Jamás estuve de a pié,
por eso ni me hace meya,
y aunque no salga a la hueya
siempre anduve bien montao,
y hoy pa’ lucir mi emprendao
tengo un “oscurito estrella”.

Muy nuevito lo compré,
apenas volteaba el diente,
y como al año siguiente
pa’ domarlo lo agarré.
Después que lo palenquié
un paisano lo montó,
varios corcovos pegó
pero el gaucho en dos tirones
lo hizo sentar de garrones
y endespués lo seguí yo.

Aunque quiso beyaquear
en ocasiones diversas
emplié más maña que fuerza
pa’ poderlo dominar.
Después ya se entró a entregar
totalmente dominao,
pero siempre con cuidao
habiendo andao un buen trecho
pegando la pera al pecho
lo volcaba a cualquier lao.

Me salió como pintao!
Tanto que’n los días de fiesta
parece que se molesta
si no le pongo el recao.
Paseando de lao a lao
con mansedumbre y coraje
se va escarceando en el viaje
de un cordón a otro cordón,
recogiendo la ovación
de todito el paisanaje.

Como mi recao quería
un pelo firme, seguro,
por eso compré “el oscuro”
pa’ ver como me lucía;
claro que las pilchas mías
forman un recao senciyo,
al ser chico mi bolsiyo
hacerlo cuesta un tesoro
por la ausencia de “don oro”
talvez que le falte briyo.

Bozal, riendas, cabezada,
freno ‘e copa, pontezuela,
cabresto y a la alta escuela
el rebenque y la barbada;
las boleadoras calzadas
a mi gusto y mi manera,
los basto’en la cabecera
‘tan luciendo una inicial,
y bastante ancho el pretal
que a mi “oscuro” lo empechera.

Cincha, estribos, la manea,
sobrepuesto en patacones
y espuelas que’n mis talones
un gayito cacarea.
Yo luzco para que vea
mi rastra de plata y oro,
un tirador medio moro,
bastante ancho mi culero
y puñal picazo overo
que al verlo es bastante toro.

Es poco lo que presento:
pingo, recao que’s mi orguyo,
que’l que’nsiya con lo suyo
se ve de chocho, contento.
Al tener ese argumento
en lo que digo confío,
ni piensen que desvarío
porque corto por lo sano,
que mi orguyo de paisano
es ensiyar con lo mío.

Quiero mucho mi pilchaje
pero más quiero mi “oscuro”,
en él me siento seguro
montao entre’l paisanaje.
Y por eso este homenaje
en estos versos le dejo
antes de yegar a viejo
en este mundo apurao
al que luce mi emprendao
en los días de festejo.

Versos de Felipe Velazquez

¡NO LO CREO!

A “Coco” Diz

¿Me dicen que se ha marchado?
No es cierto… no se los creo.
Si pa’onde mire lo veo
siempre alegre y bien montado;
cuántas veces me ha pasado
que al mirar a la tranquera
allí está… parado afuera
anunciando su llegada.
¿Qué se ha ido…? Son pavadas
se lo aseguro a cualquiera.

Escuchen lo que les digo:
anteayer estuvo aquí,
al rato el fuego encendí
y cenó junto conmigo.
Conversamos con mi amigo,
me habló de un tiempo lejano,
contó hazañas de su hermano
el famoso “Indio Diz”
y se puso tan feliz
que lagrimeaba el paisano.

Ayer mismo, a la mañana
encerramos animales
y en la manga ‘e los corrales
les pusimos “caravanas”;
marcamos dos orejanas
y curamos un ternero,
después arregló el overo
como siempre, muy prolijo,
y fanfarroneando dijo:
“¡cómo tuza el carnicero!”

Hoy, todavía no vino
y me tiene preocupado,
quiero creer que se ha quedado
charlando con un vecino.
Estoy mirando el camino
y no asoma todavía,
como dijo que vendría
aquí estoy bajo el alero
esperando al compañero
igual que todos los días.

¿Me dicen que se ha marchado?
No se ha ido para mí
si siempre anda por aquí
tal como les he contado.
Hoy al ver que no ha llegado
Pedro Alejo Diz, “El Coco”,
en este verso lo invoco
pues comentan que se ha muerto…
Yo… sostengo que no es cierto
aunque digan… que estoy loco…
(2011)

Versos de Miguel A. Maj