lunes, 11 de junio de 2012

LA TROPIYA 'E PAREJEROS


Prieparen la entendedera
los crioyos por estos lao,
los que son aficionao
y les gustan las carreras;
verán de cualquier manera
en mis canciones senciya’
que voy buscando la oriya
como crioyo prevenido…
pienso hacer un recorrido
yevando “cierta” tropiya.

Voy a nombrar la madrina:
como puntera en el lote
se dirige a todo trote
a recorrer la Argentina;
la vieran como domina
los seis pingos a la cola,
con ella puedo dar piola
pues corre como embrujada.
Mi lindaza “colorada”
trái por nombre “La Pistola”.

Va siguiendo al trotecito
un “tostao”, que po’ande quiera
que haya corrido carrera
siempre ha sido favorito;
me gusta porque es mansito,
puro pueblo y coscojero,
ha dimostrao ser ligero
a la par de su rival;
yeva en la tapa y morral
bien grabao: “El Chacarero”.

Sigue al trote y altanero
el “malacara” mentao
pingo que jue rispetao
en la costa, compañero;
yeva por nombre “El Rayero”
aunque sentencia no ha dao,
más ligero que un venao
con él trajo la victoria
en “El Cerro de la Gloria
de Bianches y Radicao.

Me voy yevando conmigo
“un estú” de parejeros,
nombrando los más ligeros
que pisan en el partido;
tengo otro pingo elegido
y me lo han asiguaro
que corre, como embrujao
y se llama: “El Miguelito”,
pa’ destapar “matunguitos”
cuando me encuentro apurao.

Se va el rey de la bordona
el cantor, al infinito,
también yevo “El Vasco Chico”
el pingo rey de la zona,
va como formando cola
para detallar al fin,
y el que se paró en el rín
quedó sacando las cuentas,
con él murieron las mentas
del famoso “Chiquilín”.

Y pa’ la terminación
mi crédito es un “tubiano”
pa’ enfrentar a los paisanos
cuando yegue la ocasión,
y al terminar mi canción
dispués de tomar un trago
se quedarán sin  halago
por un tiempo, compañeros,
quedarán sin parejeros
y sin cantor en el pago.

Versos del payador Fermín Villalba

MUJER CRIOLLA, TE VENERO

Es la milonga campera
la que nombra todo el yano,
junto al cabayo, el paisano,
los bastos y la encimera;
habla de un pial puerta afuera
o alguna pilcha muy fina,
del cencerro, la madrina…
pero en muy pocos momentos
nombra a quien yo represento:
¡nuestra mujer argentina!

Aquella que de temprano
v’a la pila a cortar leña,
y cuantas veces ordeña
apurando el tambo a mano;
le ceba mate al paisano,
pela papa, apronta un guiso,
ensiya un manso petiso,
manda’l muchacho a estudiar,
pone la rop’a enjuagar,
barre y pasa un trapo al piso.

Y cuando su hombre rendido
del trabajo, está yegando,
las cosas va preparando
pa’ que esté bien atendido.
Y bajo el calor del nido
continúa en los quehaceres
y como es cosa ‘e mujeres
manda a su hijo a yamar,
pues lo tiene que ayudar
a que haga bien los deberes.

Y cuantos ponchos hermosos
se ven por áhi, desfilando,
que tejió de cuando en cuando
pa’ que lo luzca su esposo.
Él lo mostrará orguyoso,
a más de uno hará saber
que la vida es un placer
ya que muy feliz la pasa
¡porque Dios puso en su casa
el amor de una mujer!
                                         (1997)

Versos de Daniel Carranza

domingo, 10 de junio de 2012

DON DEMETRIO

Cortando campo galopa
en un “moro”, Don Demetrio.
Le brilla la platería
en el aire mañanero.
La luz embruja el paisaje.
Hay un relente de trébol
y más allá, por las chacras,
se oyen ladridos de perros.

Viejo, con vejez de tronco
quemado por los eneros,
sueña con algún boliche
con su ¡truco! y con su ¡quiero!
con ese vino carlón
que abrasa y que pone fuego
y la tropilla de “moros”
lujosa en sus escarceos.

Una casita rosada
le dice ¡adiós! a lo lejos.
El monte de paraísos
ofrece sus ramos nuevos.
La laguna de los patos
copia la gloria del cielo.
Alfalfares y lecheras
y el afán de los horneros.

En la mañana argentina
ya se adentra Don Demetrio
entre un sonar de coscojas,
un escándalos de teros,
el ocre de un pajonal,
el temblor de los barbechos
y las flores de los cardos
cimarrones con su duelo.

Él sigue su galopar
en este romance nuestro.
                                    (Córdoba, 1965)
Versos de Alfredo Vallini

MI YUNTA


Tengo una yunta ‘e cachorros
como no hay dos de lindaza;
(disculpen si me bandeo
un  poquito en la alabanza!).
Diez años en flor la niña
morena y fresca la cara,
manojo‘e nervios el cuerpo
cimbreante como tacuara,
y con el alma limpita
como riacho de cascada!
Doce meses el cachorro
retobaditos en grasa;
pecho’e torito; expresión
picarona y vivaracha,
y ojos retintos que brillan
como dos gotas de agua!
Un año justo el machito
y diez la gurisa guapa!
¡Dos ilusiones que avivan
el rescoldo’e mi esperanza!
Dos retoños que se enriedan
a mi corteza de tala!
¡Cómo se aventa el cansancio
y el malhumor, en la nada,
cuando de regreso al nido
los pichones me acorralan!
La “moza” me sale al paso
mimosa al cuello me salta
y me da un besito suave:
¡mesmo que el roce de un ala!
El cachorrito gateando,
hasta mis piernas se arrastra,
y me anuncia su presencia
tironeando mis bombachas!
La escena me deja un ñudo
de emoción en la garganta!
Y es entonces cuando pido
al Señor como una gracia:
¡salú para mis cachorros;
trabajo para mis ansias;
y un nidito con tibiezas
de cariño y de esperanza!!
                                         (Ca. 1940)
Versos de Domingo F. Arietti

PUESTERO GAUCHO

Soy puestero de la estancia
donde empecé de gurí
y  todo lo que aprendí
fue pa’ olvidar mi inorancia.
Hoy conozco a la distancia
si hay un alambre cortau,
de áhi que salí preparau
cuando arranqué de mi casa
con perno, yave, tenaza
y alambre, en el recau.

Recorrer en el verano
bravo es pa’l que no conozca,
más,  si ha venido la mosca
peligrosa pa’l gusano;
yo que corté de antemano
las caña’a mis corraleras
pa’ unas maletas camperas
pa’l remedio necesario,
y pa’l caso, lo contrario
se lo comen las bicheras.

Ni bien a la hacienda entré
ya vi bichera en un ojo
y yo, ni manco ni flojo,
a mi torcido lo armé,
de lo delgau lo encajé
al tirarle con tres royos
y al no tener el apoyo
le gritaba: “Virgen mía
te’scaparás algún día
de la yapa de’ste crioyo!”·.

Recorriendo yo prosigo
porque’sa es mi obligación,
si es tarde la parición
se abichan en los umbligos,
pero yevando consigo
los remedios ya indicau
no se me auste, cuñau,
y si algún ternero ve
el lazo, encájele,
dispués, lo suelta curao.

Ya las once‘e la mañana,
pa’ mi rancho voy rumbiando
en donde me’stá esperando
el amor de una paisana,
que sonriente y muy ufana
me da un verde de sabor
y me dice: “Que calor!”,
después que baño el rosiyo,
con el lomo del cuchiyo
le seco el resto ‘e sudor.

Versos de Raúl Atienza

LA RURAL DE HOY


Se fueron los estancieros
de bota fuerte y puñal,
sus nietos en la Rural
hoy parecen extranjeros.
Aplauden al forastero
que judea al mancarrón;
a dos manos da el tirón,
se echa pa’trás el brutazo
como p’hacerle pedazo
boca, pichico y riñón.

Vieja Sociedad Rural,
orgullo del tiempo viejo,
se apagan hoy tus reflejos
de campera y nacional.
Como bosta de bagual
se encuentran amontonaos
mercachifles engordaos
marcando sus baratijas:
“beine, beinetas, cubijas
y calzones importaos”.

Nos avanzan los naciones
con jáquimas y cangallas,
frenos, pencas y morrallas,
pa’ gusto de chapetones.
Se acaban los pericones,
la mazurca y los estilos,
se va el bocao de pabilo
y los estribos de guampa,
la faja y el poncho pampa
y el cojinillo de hilo.

El caballo de Cabral,
de Quiroga y de Catriel,
de Pincén, de Juan Manuel,
que vencían el guadal.
Los créditos de “El Cardal”,
aquellos de casta güena,
hoy los sacan a la arena
de estribos como cajones,
sillas de fieros arzones
y arreglos “a la chilena”.

“El que no es mulato es chino…”
le dijo Burgos a Sombra,
y en la Rural, hoy asombra
ver que se va lo Argentino.
El cencerro cristalino
llora vergüenza campera,
está triste la encimera,
como la rastra de plata,
porque ancha hace la pata
cualquiera macaco de ajuera.

Casi parece traición
esa Rural que se aleja.
Volvé por la senda vieja
a trillos de tradición;
recuperá el redomón,
el cencerro y la madrina,
la daga de plata fina,
la espuela que al pingo arrolla,
y aquella matera criolla
de nuestra tierra Argentina.

                           (aproximadamente 1999)

Versos de Emilio Capristo

sábado, 9 de junio de 2012

AL TRANQUITO


Después de un solazo ardiente
lindo es salir al tranquito
en un caballo mansito
pero vivo y reluciente;
tender la vista hacia el frente
como agrandando el lugar
y con otro comentar,
que la tarde, ya en derrota,
le abre una puerta grandota
al sol que se quiere entrar.

Corre a tal hora una brisa
que invita a seguir andando
al tranquito… conversando
y siempre sin darse prisa;
el mosquito, a banda lisa,
sigue tenaz, cargador,
y se va alzando el olor
de los pastos, que asoleados,
se ven como marchitados
y van perdiendo vigor.

Llegamos a una tapera,
que en un lugar solitario,
es templo sin campanario
existente campo afuera;
entre el silencio que impera,
nace alguna sugestión,
pues parece que un cordón
de mostazas y flechillas,
estuvieran de rodillas
rezándole una oración.

Tras de una hojita que vuela
o un cascotito rodando,
parece estarse escuchando
las pisadas de una abuela;
inmensamente se anhela,
a pura imaginación,
remover cada terrón,
por descubrir lo que ha sido
y ante escombros de su olvido
hacer su reconstrucción.

Seguimos, y algún yuyito
de seductora fragancia,
lo lleva a uno a tal distancia
que lo interna en lo infinito;
parece abrir despacito
las portadas del placer
y, como si florecer
quisiera en el pensamiento,
forma pimpollo un lamento
entre alegrías de ayer.

Ya noche casi cerrada,
con la última vislumbre,
al regresar, por costumbre,
bajamos en la enramada;
la luna, como incendiada,
va comenzando a subir;
lo que convida a seguir
después de un buen asadito,
al tranco… siempre al tranquito,
como nuestro porvenir.

Versos de Charrúa