jueves, 30 de agosto de 2012

ENCARGADO DE ESTANCIA

Aunque impongan los años su distancia
se quedó en la memoria de la estancia.
Lo recuerdo en la fría madrugada
retando por lo bajo a la perrada
que a los saltos sus paso’interrumpía
al salirle al encuentro cada día.
Puedo verlo ordenando su recado
y ensillar con esmero algún gateado,
mientras sólo el rozar de los correones
rompía el silencio en los galpones.
Me figuro que aún puedo escuchar
su voz diciendo “¡Vamos!” al montar,
la orden invariable y suficiente
que acataban los perros y la gente.

Así siempre comenzaban sus rutinas.
Llegando a las primeras cina-cinas
soltaba el galope del montado
y, apenas cuando el día había aclarado
ya andaba recorriendo los potreros
controlando pariciones y terneros.
Encaraba con gusto esos trabajos
por ser hombre de aquellos campos bajos.
Se había criado acostumbrado a la visión
del inmenso pastizal en su extensión
y de entonces, sin duda, provenía
la afición por el caballo que tenía
y ese típico modo de los viejos
de tender la mirada hacia lo lejos.

Era parco en el gesto y el decir,
como es quien ha logrado conseguir
el respeto cabal de los demás
por su propio prestigio y por capaz.
Conocía el manejo de la estancia
y sabía mandar sin arrogancia.
Porque fue para mí como un maestro
que en esos menesteres me hizo diestro
le rindo el homenaje que merece.
Y en muchas madrugadas me parece
que era ayer cuando el tranco del gateado
lo veía salir, acompañado
por el viejo ovejero seguidor,
con su lazo torcido y su arreador.

Versos de Juan Antonio Beherán

domingo, 26 de agosto de 2012

RICORDANDO

Al aparcero Jacinto Amores
1
Con mil apeyidos suyos
aquí le brindo, Ño Amores,
estas marchitadas flores
que más bien parecen yuyos;
no busque tiernos arruyos
en mis humildes canciones,
que’levo sin pretensiones
y en ellas solo reflejo,
de mi corazón de viejo
amarguras y afliciones
2
Ya soy muy viejo, amigazo,
no valgo lo que he valido,
si lijerón hube sido
hoy no me sacan del paso;
mas, como todo criollazo,
cuando ricuerdo el pasao
lo contemplo despejao
y de luz resplandeciente,
mientras mirando el presente
se me presenta ñublao.
3
“Hoy todo es luz qu’ilumina”
nos dice la estranjerada
maldigo la luz mentada
si pa’ mi, solo es ñeblina;
cuando yo tenía una china,
un rancho y un parejero,
cuando yo tenía un apero
y una guitarra… que hablaba;
¡esa era luz que alumbraba
porque’ra luz de campero!
4
Cuando bajo la ramada
sentao al lao de mi prienda
 (dispués de encerrar l’hacienda
y acorralar la majada),
una décima entonada
con amor puro y sin trampa
iba a conmover la estampa
de mi precioso lucero,
¡esa era luz, aparcero,
porque’ra luz de la pampa!
5
Cuando rodiando un jogón
estábamos los paisanos,
quién cantando unos pampianos,
quién prendido á un cimarrón;
otro pegao á un porrón
como cachorro á la perra,
ó cuando en alguna yerra
se carniaba un orejano,
¡eso si era luz, paisano,
porque’ra luz de mi tierra!
6
O cuando en noche serena
de’sas en que duerme’l viento,
bajo un ombú corpulento
cantaba el gaucho su pena;
cuando su negra melena
se peinaba con acierto,
formando como un concierto
con su estampa y con su flete,
esa era luz ¡la gran siete!
porque’ra luz del desierto.
7
Hoy nos han falsificao,
tuito se hace á maquinaria,
no le queda’l pobre paria
ni el ricuerdo del pasao;
hasta dicen que han sacao
(esto me contó un nación)
una especie de cajón
que guarda la voz humana;
¡y no hay un alma cristiana
que guarde la tradición!
8
La taba nos ha echao “cero”
y el criollo vive á tirones,
no se bailan pericones
ni se come un güen puchero;
ya el paisano no es puestero,
esos tiempos se acabaron,
ranchos y hacienda volaron
lo mesmo que la ilusión,
¡quién sabe que maldición
sobre los gauchos echaron!
9
Solo se vé algún paisano
soportando con pasencia
el rigor y la inclemencia
de su destino inhumano;
que pa’l criollo americano
esta tierra es casa agena,
naides consuela su pena
y es, á mi ver, sin disputa,
lo mesmo que la cicuta
que hasta su olor envenena.
10
Por eso es que’n la ocasión,
aunque lo hago sin estudio,
evoco en este preludio
a la gaucha tradición;
que la civilización,
á media rienda avanzando,
vá, poco a poco, tapando
con el poncho del olvido
y que algún viejo atrevido,
como yo, vá ricordando.
                        Buenos Aires, 1905
Versos de Anacleto Almada

sábado, 25 de agosto de 2012

FOGONES

Mientras arden las llamas
de los tizones…
van cayendo los gauchos
a los fogones.

Atizando el fuegüito
está un paisano,
paque pase el amargo
de mano en mano.

El humito que sale
de la caldera,
culebreando se pierde
por la ladera.

El asado jugoso
está chillando
y al calor de la lumbre
se va tostando.

Ha formado una rueda
el mujerío
y sonoro se escucha
su vocerío.

Episodios de antaño
cuentan las viejas,
con sus chistes, refranes,
y moralejas.

Amoríos y celos
narran las pollas,
con la gracia nativa
de nuestras criollas.

Amoríos que tienen
nocturnas citas,
perfumadas de trébol
y margaritas.

De carreras y yerras
hablan los mozos,
de los duelos sangrientos
maravillosos.

E interrumpen la charla
de las doncellas
con piropos que lanzan
como centellas.

Con piropos que cruzan
entre las mozas
como cruzan las auras
entre las rosas.

Las guitarras se quejan
con los rasgueos
que armoniosos arrancan
los bordoneos.

Se oyen cielos y tristes
murmuradores,
donde ponen el alma
los payadores.

Y palpitan de goce
los corazones,
con las luz que chispea
de los fogones.
                                  (1908)

Versos de Aura De María

lunes, 20 de agosto de 2012

EL OVERO DE AGUILAR

1
¡Si habrá voltiao domadores
El Overo de Aguilar!
¡Qué animal pa’ corcoviar!
¡Una máquina, señores!
Y pa’ hacer las cosas piores
sin sujetarse un instante
se boliaba por delante
sobre las mesmas costillas…
Ansí quebró ‘e las islillas
al correntino Escalante.
2
¡Y cuántos más no estropió!
Diganló los Alderetes
dos hermanos muy ginetes
que eran del Rincón de Ajó!
A uno cuasi lo mató
largándolo como globo
igual que a ese pión de Cobo
que salvó la vida a gatas
pues lo barajó en las patas
al sacarlo en un corcovo.
3
Bellaquiando por derecho
y gritando a lo lechón
a cada brinco un cimbrón
de esos que dejan desecho
se sentaba al poco trecho
y la crin toda revuelta
la cabeza baja y suelta
lo mesmo que un remolino
se aprestaba aquel indino
para corcoviar de vuelta.
4
Lo conocí reservao
en “El Tala” ‘e los Ocampo
como diez leguas de campo
en las puntas de’l Pescao
áhi funcionaba el Juzgao
y había posta y pulpería
dos veces al mes, sabía
pasar yo con la galera
cuando estaba en la carrera
de Juárez a Lobería.
5
Allí lo dejó Aguilar
al pasar con un arreo
que llevaba, según creo
para la costa del mar.
Y no lo volvió a buscar
el pobre… ¡ánima bendita!
porque a causa de una cita
un tal Liborio Collazo
lo mató de un trabucazo
allá por la Mar Chiquita.
6
Y cuadró en una ocasión
que al pasar yo por “El Tala”
viene pues y me regala
ese caballo el patrón…
¡Nunca sobra un mancarrón
a un mayoral de galera!
Pues sea aquel como quiera
igual le saca provecho
ya en la lanza, atao al pecho,
o en una cuarta cualquiera.
7
Y ya me lo até también
sin que me diera trabajo
pues era manso de abajo
y cabrestiaba muy bien.
Cuando arrancamos recién
macaquió un poco el overo
pero como iba ‘e ladero
en una cuarta de atrás
tuvo que seguir nomás
mansito como un cordero.
8
Pues con buenos postillones
y en un camino apropiao
al sotreta más porfiao
se le hace entrar en razones…
Cuestión de algunos tirones
y en el momento propicio
pa’ evitar un estropicio
guasca nomás puande quiera.
¡Eso lo sabe cualquiera
que haya sido del oficio!
9
Con el overo enterito
llegamos a la otra posta
que estaba justo en la costa
de la laguna “El Chorlito”…
En la Esquina ‘e Gorosito
seguía como si tal
y al mudarlo en “San Pascual”
Estancia del Vasco Ezquerro
amagó a cociar un perro
que lo torió en el corral.
10
¡Resultó guapo endeveras!
Cansarse ese pingo ¿cuándo?
Si se hizo como jugando
doce leguas bien enteras.
Y eso entre cuestas tan fieras
como por allí se ven
pues el camino va bien
contra la sierra ‘e La Tinta
y se estira como cinta
por las lomas del Quequén.
                                     (14/10/1959)
Versos de Justo P. Sáenz (h.)

Versión tomada de un manuscrito del autor, fechado en la EstanciaLa Protección”, Partido del Vecino

viernes, 17 de agosto de 2012

MI RECAO

1
Es de soga mi recao,
poco tiene pa’ lucir,
pero mucho que decir
las pilchas por separao.
Campero y bien trabajao
en güen cuero es el bozal
y hacen juego por igual
las riendas y cabezadas,
freno de simple barbada,
coscoja tradicional.
2
Una bajera de lona,
bastante grueso el mandil
que’s de lana mil por mil
y de suela la carona.
Una matrita cortona,
bastos de suela, sureros,
correones de grueso cuero
y bien ancha la encimera,
con su gauchita’sidera
trabajada con esmero.
3
Muy juertes las estriberas,
estribos del sur, de suela,
bien clavadas las tachuelas
semejando una madera.
La cincha, a mi manera
con letras por iniciales
de los dos lao ¡bien iguales!
y manea desprendedora,
de grupa las boliadoras
de dos bolas desiguales.
4
De seis el lazo trenzao
-medio cortón y senciyo-,
algo negro el cojiniyo
y por debajo aforrao.
Va totalmente tapao
con sobrepuesto ‘e carpincho,
con el pegual que lo cincho
y ya una vez enfrenao,
agradece’mocionao
mi ensiyao, con un relincho.
5
De mi facón va colgao
un rebenque cola ‘e vaca,
de la vaina se destaca
un hermoso ribeteao,
sostenido y apretao
por campero tirador;
y un poncho reparador
que ya tiene sus galopes,
son pilchas de Agustín López,
lo que ordene, servidor!
                                                                      (02/1980)
Versos de Agustín A. López

jueves, 16 de agosto de 2012

EL APARTE

1
Copa el sol en el naciente
la banca a la oscuridá,
estiende su claridá
y huye la sombra al poniente.
La brisa va mansamente
peinando los pastizales
y en alivio de sus males
entre gorjeos divinos:
se hablan las aves con trinos
en mil notas de cristales.
2
Un grito vibrante y fiero
-nota aguda y sostenida-
clarín de la recojida,
rompe el silencio campero.
Y como un eco certero
que viene del infinito,
se oye repetirse el grito
al frente, a uno y otro lao
y entra a rumbiar el ganao
pa’l rodeo, derechito.
3
Suben desde la cañada
entreveraos con balidos
roncos y finos ladridos
de la furiosa perrada.
Una vaca rezagada
por defender su ternero
provoca aquel entrevero
y agachando la cabeza,
contra un gran perro endereza
que a cuerpiadas salva el cuero.
4
Del sol a los resplandores
va la hacienda como oleaje,
dándole vida al paisaje
con sus diversos colores.
Y al brindarles sus primores
la paleta de natura
a la vista se figura
que un telón se hubiese alzao
y un cuadro nos ha mostrao
de su más bella pintura.
5
Queda un momento en reposo
la hacienda que allí se junta,
el paisanaje se ayunta
dicharachero, animoso.
Y del trabajo anheloso
da comienzo a la jornada
y avizora la mirada
escudriñando al ganao,
por si ven un abichao
darle vuelta la pisada.
6
El día sigue avanzando,
y en diestras atropelladas
para esquivar las sentadas
sacan reses paletiando.
La tropa se va formando
con la hacienda más pareja,
porque siempre se aconseja
que el aparte ha de ser tal:
que uno con otro animal
no ha de sacarse una oreja.
7
Y ya la tropa formada
en la huella, maravilla
ver puntiando la tropilla
baquiana y aquerenciada.
El resero en la jornada
en gran mutismo se encierra,
todo su interés se aferra
al arreo de la tropa,
que’n ella, marchan a Uropa
las carnes de nuestra tierra.

Versos de “Pampa Viejo”
(seudónimo de Enrique M. Torres)

DON ANACLETO QUINTEROS


Don Anacleto Quinteros                        
es un gaucho de mi flor,                     
de mozo fue domador                        
y anduvo entre los reseros.                
Caminos, campos y esteros                
si lo habrán visto pasar,                      
al tranco y sin apurar                          
el paso de la tropilla,                           
con esa forma sencilla                        
el hombre sabía andar.                       
2                                                                            
Aficionado y no es cuento
al dibujo y a los cueros.                      
Aprendió de los sogueros                   
sacar de una lonja un tiento;              
enlazaba en campo abierto                
por encargue o diversión,                   
enseñando al redomón                       
a tirar de la esidera                             
o a correr una cuadrera                      
en medio de un callejón.                      
3                                                          
En los bastos del pasado                   
está sentado el tropero,                      
los años castigan fiero                       
pero él aguanta callado;                     
dejó su poncho encerado,                  
su rebenque, su puñal,                        
y el relincho de un bagual                   
le hace cosquillas la sangre,              
como el silbar de un alambre             
en noches  de temporal.                     
4
También dejó su trenzado
y su ponchito hecho hilachas,
aquel que tantas muchachas
se lo habían codiciado.
El maneador, el bocado,
riendas, cabresto, bozal,
la manea y un morral
junto a un palenque ladeado,
mudo el cencerro ha quedado
en el centro de un corral.
5
Se deshizo del recado
que tantas veces tendió,
me dijo que lo vendió
con un alazán tostado;
un pingo que había amansado
y que era el de dominguear,
porque sabía jugar
con la coscoja y sus manos,
lo elogiaban los paisanos
cuando se entraba  a cruzar.
6
Hoy es una luna llena
su cabeza encanecida
y es el dueño de una vida
que lleva el alma serena;
he querido en hora buena
talonear la inspiración
y cantar con emoción
a su estampa tan bizarra,
al compás de mi guitarra
a un gaucho de mi nación.

Versos de Atilio Reynoso