domingo, 31 de diciembre de 2017

MENSUAL DE CONFIANZA

-Buenas noches, don Almada.
-Desmonte y pase, Santiago,
¿qué lo trae por mis pagos
en horas tan avanzadas?
-Vengo de “Las Coloradas”
de Saturnino Valdez,
me echaron, sabe, y de a pie
sin ninguna explicación;
menos mal de que Almirón
me prestó su pangaré.

-Cuéntemé lo sucedido,
desembuche con confianza.
-Cositas sin importancia
que yo pronto las olvido.
A veces, de comedido,
otras de puro gauchazo.
Ayer maté de un pechazo,
sin intención!, un novillo;
y hoy se quebró un padrillo
en la yapa de mi lazo.

Mullidos los gramillares
donde retozan los puros
y no hay pingos, se lo juro,
pa’ que muden los mensuales.
Toda clase de animales
vacas, toros y padrillos,
potros, yeguas y potrillos
y cien carnero’ importaos.
¡Mire, Almada, pa’l recao!
¿Le gusta mi cojinillo?

Se ha puesto muy rezongón,
quisquilloso sin abuela;
monté un toro con espuelas
y me llamó la atención.
eché al fuego el pizarrón
con datos de la semana,
pa’ peor, la otra mañana
vengo y boleo, ¡caracho!
a un ñandú criado guacho
pa’ comerle la picana.

Cuando lleve el pangaré
dele las gracia’a Almirón,
y a ese viejo rezongón
haga el favor, digalé
que los gauchos ni de a pie
pierden a sus esperanzas,
lo que sobran son estancias
en esta tierra bendita
ande un patrón necesita
mensual de toda confianza.

Porque saqué a la sirvienta
en anca, a la recorrida,
se alzó como leche hervida
y me cantó las cuarenta;
sus modales me revientan
siempre me anda pastoreando.
Y yo que me he criao domando
por detrás del cola fina,
costumbre de mi Argentina

y he de seguir resereando.

Versos de Julio Secundino Cabezas

UNA GAUCHADA

A boca’e noche, un paisano
ladiándose del camino
cayó al rancho de Justino
en un zaino rabicano.
Llovía desde muy temprano
-desde antes de amanecer-
y al cáir la noche a envolver
según lo marca su plazo
el tiempo seguía fierazo
sin miras de componer.

Tras del saludo se vido
que el hombre recién llegao
al zaino le había bajao
el recao humedecido.
El dueño’e casa, cumplido,
muy contento, desde luego,
le atracó más leña al fuego
acomodando la pava,
y en tanto se calentaba
charquió un cuarto de borrego.

Cuando ardió el fogón con brío
salió tranquiando una araña,
y un medio frasco de caña
empezó a matar el frío.
Manotió el mate vacío
con bombilla reluciente,
le echó yerba suficiente
y el matecito, de entrada,
con la primer “ensillada”
sintió la panza caliente.

Después de unos cimarrones
y de apurar unos tragos
el frío se fue en amagos
pa’ esos gaucho parejones.
Y luego, en dos ocasiones,
el hombre aquel, de rebote,
sacó su interés a flote
y averiguó preocupao
si daría paso el Salao
estando de bote a bote.

Al balar de unas ovejas
gritó alborotao un tero,
y al instante el forastero
dentró a parar las orejas.
El viento zumba sus quejas
mientras que sigue lloviendo,
y Justino comprendiendo
cualquier intención ladiaba,
porque ya se maliciaba
que el hombre venía juyendo.

Desde una rendija, el viento
le está soplando al candil,
y hace de almohada un mandil
pa’ dar blandura a un asiento.
Después Justino de intento
caso el cuarto bien asao,
y cuando hubieron cenao
cordialmente, mano a mano,
le dio su catre al paisano
y él se tendió en el recao.

Después, cuando al otro día
se quiso dir el paisano
le oferto Justino un ruano
que allí cerquita tenía.
Con gauchaza cortesía
el forastero, de atento,
rechazó el ofrecimiento
pero tuvo que aceptar
un poncho sin estrenar
de color amarillento.

De ande viene, pa’ande va,
quien es, quien deja de ser,
jamás pretende saber
quien gauchamente se da.
si en la historia no está
por olvido o mala suerte,
hay que decirlo bien fuerte
que aunque no tenga ni un cobre
se muere el gaucho de pobre,
¡pero es gaucho hasta la muerte!


Versos de Pedro Risso

LO QUE LE PASÓ A UN JINETE

En la estancia “La Entrerriana”
presagiando un sol intenso,
se da al trabajo comienzo
un lunes por la mañana.
Tranquilo Ramón Maidana
se presentó al personal
y al mayordomo Cabral,
le dijo en tonos bajitos
que él reunía los requisitos
que pedían pa’un mensual.

El mayordomo prudente
le tomó en ese momento
los datos más que contento
porque le hacía falta gente.
Le comentó cordialmente:
“-Sabe, que peones no hallo,
ya la orden le detallo
y para evitar demora,
si quiere empezar ahora
vaya ensillando caballo”.

Pidió disculpas Maidana
por desarmarle el esquema
y dijo: “-Si no hay problema
quisiera empezar mañana,
no es que vengo con macanas
es que no traje el recao,
porque ayer en un tostao
en Maciá, saqué el primero,
quedé en lo de un compañero
y hoy de pasada he llegao.”

Don Cabral, muy cabizbajo
le dijo: “-Me compromete,
lamento, pero a un jinete
no puedo darle trabajo.
Será difícil, barajo,
que lo tomen aunque hable,
lo tildan de irresponsable,
me prohíben que lo inscriba,
la orden viene de arriba
y eso sí es inobjetable.

Dicen que es tiempo perdido
que no hay nadie que lo emparde
los lunes en llegar tarde,
estropeado y dolorido.
y al estar amanecido
después de una jineteada,
merma el rinde la peonada
cuando uno acusa dolor
y hay que llevarlo al doctor
porque no sirve pa’ nada”.

Se retiró saludando
y al pasar los eucaliptos,
sin saber, dos horneritos
lo despidieron cantando.
Iba bajito chiflando
y pensaba con razón:
“-¿Qué va a saber un patrón
metido en sus oficinas,
de costumbres argentinas
de patria y de tradición?”

Sintió no hallar en la estancia
ese puesto que anhelaba
porque con eso lograba
volver de nuevo a su infancia.
Hoy ante esa circunstancia
su libertad no somete,
y a sí mismo se promete:
“-Sigo en el pueblo changueando
y los domingos montando
porque he nacido jinete”.

Versos de Liliana Salvat


lunes, 25 de diciembre de 2017

EL OSCURO MENTAO

Como el “overo rosao”
aquel del gaucho Laguna
más gallo!, sin tanta pluma
es este oscuro tapao.
Es un pingazo mentao
brillador como el lucero;
es un orgullo, aparcero
verlo empilchao, pa’ pasear
y cuñao… pa’ trabajar
hay que sacarle el sombrero.
  
Si anda en viaje, es seguidor,
ligerón pa’un tiro’e lazo,
buena boca, y como hondazo
si un novillo es volvedor.
De coraje y de valor
pa’agarrar a la cruzada,
y si en una disparada
alguno a un campo ha dentrao,
salta limpio el alambrao
sin peligro a la pialada.
  
Baquiano en una domada
pa’apadrinar a un bagual,
o pa’agarrar del bozal
al potro, en la disparada.
De aguante en la galopiada
si fue pa’afuera el patrón,
y si en una población
se topó con una cancha,
el hombre hizo pata ancha
porque el flete es ligerón.

Lo he visto bien ensillao
con un chapeao soberano,
que al oscuro hacía tobiano
todito en plata chapeao.
Y lo sabe andar montao
un amigo de mi flor,
que luce un buen tirador
el sombrero requintao
y un pañuelo colorao
de seda, de la mejor.

 Es Pedro Risso, quien luce
ese flete codiciao,
escarciador, bien domao,
buena estampa, lindo tuze.
Tal vez haya quien me acuse
de mucha ponderación,
mas me ha de dar la razón
el que entienda, porque en fija
cuando corren la sortija
sobresale entre el montón.
  
Ya el “oscuro” no es el de antes
porque está medio maceta
pero entuavía no hay sotreta
que lo eche por delante.
tuavía le sobra aguante
pa’ un rodeo a campo abierto
y está sobre sí, dispierto
por si se corta algún toro.
Pa’ mí, es mejor que el “moro”
que llevó Fierro al desierto!
  

Versos de Pedro Risso

(Revista "La Carreta" N° 168 - 04/1946 // firmado como "El Zurdo Nicasio")

domingo, 24 de diciembre de 2017

EL LOBUNO'E LOS MOYANO

-Tata, pa’ ser oportuno
le pido una esplicación:
¿qué hace máma en el galpón
ni bien relincha el lobuno?
A mí, a Juana y a Bruno
nos tiene un tanto olvidao;
duerme el potrillo tapao,
lo limpia con su pollera
como si ese guacho fuera
hijo de padre importao.

Yo voy a ordeñar venao
cuando del galpón la llama,
y por defenderla a máma
me destrozó el encerao;
hasta me pateo al gatiao,
es más malo que un toruno,
y ni bien se duerme alguno
entra máma agazapada,
nos refala una frazada
pa’ tapar a su lobuno.

-Bueno m’hijo, escuchemé,
la madre se ha muerto augada,
lo trujo mi amigo Andrada
capataz de “El Yacaré”.
Ella lo agarró pa’ usté
pura cabeza y cadera
y me estraña dendeveras
que siendo todo un Moyano
no le bendice las manos
por criarlo con mamadera.

A usté, a Juana y a Bruno,
el día menos pensao,
los voy a ver enancao
en el potrillo lobuno.
Y escuchen uno por uno
y usté, mi hijo Mariano:
vaya y beselé las manos,
no la desprecie muchacho,
ella le puso a su guacho
“El lobuno’e los Moyano”.


Versos de Julio Secundino Cabezas

viernes, 22 de diciembre de 2017

EL FOGÓN

Capiyita’e los campos
la más sagrada,
ande yegan los gauchos
por las mañanas
pa’ oficiar a su lado
la misa gaucha…
…la misa’e los amargos
y de los chalas!

Y en las noches de invierno,
que son muy largas,
se arrocinan los gauchos
de la comarca,
pa’ escuchar algún cuento
de luces malas
o el punteo sonoro
di’una guitarra.

Si sabrá de secretos
de mil hombradas
que sólo el trasfoguero
se los rilata!
A su lao “el barcino”
se despatarra
y dormido se queda
junto a sus brasas.

Risonga la caldera
como yamada
pa’ que’ensiye el amargo
la negra Juana.
Fogoncito’e mi tierra
donde se hermanan
tuitas las cosas lindas
de nuestra rasa!

Capiyita’e los campos
la más sagrada,
ande yegan los gauchos
por las mañanas
pa’ oficiar a su lado
la misa gaucha…
…la misa’e los amargos
y de los chalas…!


Versos de Pedro C. De María

jueves, 14 de diciembre de 2017

LOS DOS TIGRES

En un pingo escarciador,
pisando trébol y grama,
al cumpleaños de su mama
iba un gaucho payador.
Sin plata en el tirador,
regalo no había comprao…
se le tendió su tostao
al cruzar un pajonal
y un zarpazo colosal
le tiró un tigre cebao.

Pegó un relincho estridente
y se le volvió el montao,
quedando el gaucho parao
con el tigre frente a frente.
Pensó, el paisano valiente:
“Seré festín en los yuyos,
pero soy gaucho y no huyo…”,
y mirando al tigre fiero
dijo: “has de cobrarme el cuero
o yo he de llevarme el tuyo”.

Arrolló el poncho en el brazo;
dejó la vaina el facón;
en un hombro un desgarrón
le hizo el rigor de un zarpazo;
esquivo el cuerpo y, de paso
(con una intuición certera)
sereno y sin más espera,
a su facón, como luz,
lo sepultó hasta la cruz
en el cuerpo de la fiera.

Después que lo hubo cueriao
buscó a su flete querido
que respondió a su silbido
aunque todavía asustao.
Nuevamente enhorquetao
con suerte pudo llegar…
Y es fácil imaginar
que, desde entonces, su mama
tiene adornada la cama
con un cuero de jaguar.


Versos de Roberto Mario Ayrala