¡Mate que de la cocina,
cuando era el gaucho resero
en el fiador del overo
sujetó amante la china!
No era la mano muy fina
pero si muy cariñosa
la que en forma laboriosa
labró un lema que decía:
“Es de su gaucho, María”
En su corteza lustrosa!
En un alto del camino,
de madrugada o de tarde
cuando el sol de enero arde
por el cielo peregrino,
fue su amargor argentino
que retempló al andariego
y apagó fuego con fuego
vaciando más de una pava:
¡Que el alma se retemplaba
con el magnífico riego!
En la palma de la mano,
como si fuera su nido,
un hueco siempre ha tenido
este amigo del paisano;
la china desde temprano
con él andaba atareada
y con la crin enredada
olvidó todo artificio
para despuntar el vicio
con la primera cebada!
A un rancho apenas se llega
quiere su dueño obsequiar;
pone el agua a calentar
y en ello nos da una prueba
pronto un buen mate le entrega
a la visita que aceta
y si quien ceba, coqueta
parece dar ocasión
¡Disimulado y zorrón
la mano, el mozo, le aprieta!
(1938)
Versos de Marcelo Altuna
No hay comentarios:
Publicar un comentario