Viene un uncal oriyando
de lo que ha sido un arroyo
en un “pampa overo”, un crioyo,
la madrina cabrestiando;
cencerro con voz de mando
cantor de bronce al compás,
dieciocho fletes detrás
sin más ayuda ni pión,
que un cuzco negro rabón
que se siente capataz.
Entra hasta’l fondo‘el corral,
se apea y ata en el palo.
Bufa y se espantan de malo
cuando encierra algún bagual.
Lazos, manea, bozal,
maniador de gran fatura;
las cuatro patas seguras
en el suelo y con esmero
con un ungüento casero
les sana las mataduras.
Quema chala pa’ yerbiar,
de a pie v’a echar tres terneros,
los encierra, arrima un cuero
a un tronco, pa’ mazetiar;
antes que la luz lunar
piale al día que retoza,
del eje de una carroza
tapa con lona el apero
y en un concierto campero
chmpurrea “La Mentirosa”.
Horcón pa’ la juventú
es Don Tito Margariche,
no son versos de boliche,
pa’l resero es como ombú.
Raza entera la del sú
donde mi raíz se apoya,
venido como en macoya
por donde mi sangre grita
¡pues mi país necesita
nutrirse de sabia crioya!
Versos de Jorge A. Suárez
viernes, 6 de abril de 2012
CAPATAZ DE TROPA
Aun me parece ver su cara seria
entre el montón de gente de la feria
y el cálido fulgor de su mirada
bajo el chambergo de ala levantada.
El contraste purpúreo del pañuelo
le arrebolaba el ébano del pelo
y la retinta blusa de lustrina
que abrochaba en el cuello una esterlina.
Sobre la faja pampa, como llama,
la rastra entrelazaba el monograma,
prolongando el reflejo de su brillo
hasta el cabo de plata del cuchillo
y la bombacha blanca era una nota
de luz junto al acero de la bota.
Lo estoy viendo, apoyado en la tranquera,
desdoblar la sobada tabaquera
de buche de ñandú, que en el derecho
tenía un bordado pálido y deshecho
y armar pausadamente un cigarrillo
calculando los quilos de un novillo.
Lo contemplo después, entre el ganado
en un potrillo zaino, ya enfrenado,
atajar con el poncho una ternera
al viento la vistosa corralera,
y diviso su mano al saludar
levantando el rebenque en el pulgar.
Alguien me dijo que debía una muerte
agregando que fue por mala suerte.
Eso justificaba la tristeza
que le inclinaba un poco la cabeza,
su silencio que siempre consentía
con un gesto que apenas respondía
y su mano nerviosa y recatada
como si la tuviera ensangrentada.
Yo no volví después por esa zona
ni supe nada más de su persona.
Aun andará en el pago si lo deja
el acérrimo avance de la reja:
no era hombre para cortas extensiones
ni para batallar con los terrones.
Ha de seguir arreando la tropilla
hacia un confín de cardos y gramilla
hasta perderse al fondo de un camino
en el galope corto del destino.
Versos de Miguel D. Etchebarne
entre el montón de gente de la feria
y el cálido fulgor de su mirada
bajo el chambergo de ala levantada.
El contraste purpúreo del pañuelo
le arrebolaba el ébano del pelo
y la retinta blusa de lustrina
que abrochaba en el cuello una esterlina.
Sobre la faja pampa, como llama,
la rastra entrelazaba el monograma,
prolongando el reflejo de su brillo
hasta el cabo de plata del cuchillo
y la bombacha blanca era una nota
de luz junto al acero de la bota.
Lo estoy viendo, apoyado en la tranquera,
desdoblar la sobada tabaquera
de buche de ñandú, que en el derecho
tenía un bordado pálido y deshecho
y armar pausadamente un cigarrillo
calculando los quilos de un novillo.
Lo contemplo después, entre el ganado
en un potrillo zaino, ya enfrenado,
atajar con el poncho una ternera
al viento la vistosa corralera,
y diviso su mano al saludar
levantando el rebenque en el pulgar.
Alguien me dijo que debía una muerte
agregando que fue por mala suerte.
Eso justificaba la tristeza
que le inclinaba un poco la cabeza,
su silencio que siempre consentía
con un gesto que apenas respondía
y su mano nerviosa y recatada
como si la tuviera ensangrentada.
Yo no volví después por esa zona
ni supe nada más de su persona.
Aun andará en el pago si lo deja
el acérrimo avance de la reja:
no era hombre para cortas extensiones
ni para batallar con los terrones.
Ha de seguir arreando la tropilla
hacia un confín de cardos y gramilla
hasta perderse al fondo de un camino
en el galope corto del destino.
Versos de Miguel D. Etchebarne
ALBORADA
El día como un resero
pechando las sombras llega
y el viento manso doblega
los juncos en los esteros;
muestra pendiente el lucero
sobre el campo su rodaja
y queda sangre en la faja
del horizonte encendido,
después de haber descorrido
la neblina, su mortaja.
Con la alborada, el puestero
que habita el rancho del bajo,
se apresta para el trabajo
cargando liado su apero;
mientras ensilla, su overo
le relincha a la madrina,
y sale de la cocina
-donde arde la leña humosa-,
diligente y cariñosa
con el amargo su china.
Devuelve el mate a su amada,
le da el cabresto del flete
y abre la puerta del brete
que acorrala la majada;
al regresar, su mirada
se baña en la faz querida,
y en la corta despedida,
ella, con gesto travieso,
lo incita a quemar un beso
sobre la boca encendida.
La brisa expande el aroma
del trébol, donde el rocío
se hace chispiante atavío
cuando el sol brillante asoma.
Cruza un jinete la loma,
un tero levanta el vuelo
y mostrando su recelo
su alerta insistido grita,
mientras en el bajo agita
una morocha el pañuelo.
Versos de Salvador Riese
pechando las sombras llega
y el viento manso doblega
los juncos en los esteros;
muestra pendiente el lucero
sobre el campo su rodaja
y queda sangre en la faja
del horizonte encendido,
después de haber descorrido
la neblina, su mortaja.
Con la alborada, el puestero
que habita el rancho del bajo,
se apresta para el trabajo
cargando liado su apero;
mientras ensilla, su overo
le relincha a la madrina,
y sale de la cocina
-donde arde la leña humosa-,
diligente y cariñosa
con el amargo su china.
Devuelve el mate a su amada,
le da el cabresto del flete
y abre la puerta del brete
que acorrala la majada;
al regresar, su mirada
se baña en la faz querida,
y en la corta despedida,
ella, con gesto travieso,
lo incita a quemar un beso
sobre la boca encendida.
La brisa expande el aroma
del trébol, donde el rocío
se hace chispiante atavío
cuando el sol brillante asoma.
Cruza un jinete la loma,
un tero levanta el vuelo
y mostrando su recelo
su alerta insistido grita,
mientras en el bajo agita
una morocha el pañuelo.
Versos de Salvador Riese
MI PONCHO PAMPA
Compañero de mi vida
hoy te quisiera evocar
y te voy a recordar
como una prenda querida.
Cuando tuve una salida
y quise adornar mi estampa
fuiste con el cabo ‘e guampa
lo que manotié primero,
por eso cantarte quiero
mi querido poncho pampa.
Fuiste adorno y fuiste abrigo
según fuera la ocasión,
siempre con gran emoción
te llevaba, como amigo;
por eso, poncho, te digo
sin estar equivocao:
fuiste mi único emprendao
cuando me dije: “¡hoy ensillo!”
Ibas sobre’l cojinillo
adelante, en el recao.
Si una noche que llovía
y no llevaba encerao,
pa’ que no llegue mojao
vos, el cuerpo me cubrías;
y al llegar el otro día
yo te atendía primero
poniendo todo mi esmero
un rato al sol te sacaba,
y allí mil gracias te daba
por salvarme ‘el aguacero.
Por eso que al evocarte
con todo mi sentimiento,
con cariño y muy contento
mi poncho, quiero cantarte.
Yo no he querido alabarte
sino, tratar un asunto:
si es que esiste’l otro mundo
y no te parece mal,
¡que al dir llegando al final
nos marchemos los dos juntos!
Versos de Miguel Petto Gómez
hoy te quisiera evocar
y te voy a recordar
como una prenda querida.
Cuando tuve una salida
y quise adornar mi estampa
fuiste con el cabo ‘e guampa
lo que manotié primero,
por eso cantarte quiero
mi querido poncho pampa.
Fuiste adorno y fuiste abrigo
según fuera la ocasión,
siempre con gran emoción
te llevaba, como amigo;
por eso, poncho, te digo
sin estar equivocao:
fuiste mi único emprendao
cuando me dije: “¡hoy ensillo!”
Ibas sobre’l cojinillo
adelante, en el recao.
Si una noche que llovía
y no llevaba encerao,
pa’ que no llegue mojao
vos, el cuerpo me cubrías;
y al llegar el otro día
yo te atendía primero
poniendo todo mi esmero
un rato al sol te sacaba,
y allí mil gracias te daba
por salvarme ‘el aguacero.
Por eso que al evocarte
con todo mi sentimiento,
con cariño y muy contento
mi poncho, quiero cantarte.
Yo no he querido alabarte
sino, tratar un asunto:
si es que esiste’l otro mundo
y no te parece mal,
¡que al dir llegando al final
nos marchemos los dos juntos!
Versos de Miguel Petto Gómez
CON ESTO ME ALCANZA
Tengo un overo rosao,
y de seis, un lindo lazo
y pa’ cuando se dá el caso
tengo un rebenque trenzao;
bien armadito un recao
con un pegual superior,
y pa’ que me dé calor
tengo un grueso poncho pampa,
mi filoso cabo ‘e guampa,
botas, rastro y tirador.
Riendas, cabresto, bozal,
-que cuido con mucho esmero-,
todo trabajao en cuero
hacen juego en el pretal;
un lindo freno ‘e metal,
de copas y bien lustrao,
y entre cosas del pasao
que añoro y que tanto quiero
como si fuese resero
tengo un buen poncho encerao.
Todas estas cosas son
las que hacen mi vida grata
hoy que resido en La Plata
“Capital de Tradición”.
Aunque ya medio viejón
no estoy pa’ salir de farra,
y cuando ganas me agarra
sin que nada se me oponga,
canto cifras y milongas
y me acompaño en guitarra.
Versos de Miguel Petto Gómez
y de seis, un lindo lazo
y pa’ cuando se dá el caso
tengo un rebenque trenzao;
bien armadito un recao
con un pegual superior,
y pa’ que me dé calor
tengo un grueso poncho pampa,
mi filoso cabo ‘e guampa,
botas, rastro y tirador.
Riendas, cabresto, bozal,
-que cuido con mucho esmero-,
todo trabajao en cuero
hacen juego en el pretal;
un lindo freno ‘e metal,
de copas y bien lustrao,
y entre cosas del pasao
que añoro y que tanto quiero
como si fuese resero
tengo un buen poncho encerao.
Todas estas cosas son
las que hacen mi vida grata
hoy que resido en La Plata
“Capital de Tradición”.
Aunque ya medio viejón
no estoy pa’ salir de farra,
y cuando ganas me agarra
sin que nada se me oponga,
canto cifras y milongas
y me acompaño en guitarra.
Versos de Miguel Petto Gómez
EL ESCARMIENTO
Era mi gusto de mozo
peliar por una pitada,
parar música en los bailes
o pagar pa’ que tocaran.
Sentenciador y dichero,
fantástico si había faldas,
por gusto y mala costumbre
los enriedos me yamaban.
Yevaba una’e dos narices
como olfatiando en la faja,
y la hacía estornudar plomo
decidido y de pat’ancha.
¡Si habré toriao por el lujo
chaquetas bravas y mansas!
¡Si habré parao taba al güelo
y avispao la paisanada!
Una güelta -porque hay güeltas
en que la suerte s’empaca-,
dentré con una salida:
“-¡Toque polka esa guitarra,
no pregunto cuanto vale
porque me sobra la plata!”
-Si le sobra… no la tire,
guardelá porque anda escasa,
y a más está errao paisano
con obligues d’esa laya
que a ningún sentenciador
le sé vender mis calandrias.
-¡Parensé! -retumbó un trueno-
-¡Aflojenló… denle cancha
pa’ que baile si es su gusto
sobre la punta ‘e mi daga!
(y en la voz del guitarrero
la suerte se balanceaba).
Rastriyaron las espuelas,
se abrieron los que miraban,
y un poncho contra otro poncho
y un facón contra una daga
recularon pa’firmarse
y en la cruz de la topada
yoraron chispas los fierros
y hamaqué una carcajada.
¡Tome y traiga… tome y traiga!
los resueyos nos quemaban
y la punta ‘el alarido
se me sumió en las entrañas.
Era güen zapatiador
el mozo de la guitarra,
y en un puntazo pasao
que si lo alcanza lo acaba,
me besó el costao del ojo
el rejucilo ‘e su daga.
Las vistas se m’enturbiaron
¡tome y traiga… tome y traiga!
y refalé en las gramiyas
como cayendo en desgracia;
me asolivió la bravura
y otra vez yegó su daga
pa’ visitarme de cruce
y aflojarme en otra cáida.
-¡Agarrenló… yo no quiero
matarlo cumpa; su plata
servirá pa’ cualquier cosa
menos pa’ comprar agayas!...
Borre con riales… ¡si puede!
la pinta que hace mi marca.
(y la voz del guitarrero
me sobaba de confianza).
………………………….
Tuavía yevo en las orejas
el ausilio que pitaba
a media rienda de apuro
y en montón la milicada.
………………………….
Ya vé mozo, curesé
de hacer retozar la plata,
y no haga sonar de gusto
las cuerdas de una guitarra,
“que a ningún sentenciador
se le venden las calandrias”.
Guitarrero… guitarrero
¡tome y traiga… tome y traiga!
la suerte, como que’s perra
nos da ‘e mamar enseñanzas…
¡Ande andará, por qué pagos
el gaucho de las calandrias!
…………………………….
Este relato que ha entrao,
jué pa’l hijo de Don Balta
que quiere pagar mis cantos
porque ha vendido unas vacas…
Dende tiempos que pasaron
lo han tráido hasta mi ranchada,
y ansí como se los cuento
el escarmentao lo narra…
y tuavía digo aunque viejo
cuando me corren con plata:
“Yo a ningún sentenciador
jamás le vendí calandrias”.
Versos de Julio Migno
peliar por una pitada,
parar música en los bailes
o pagar pa’ que tocaran.
Sentenciador y dichero,
fantástico si había faldas,
por gusto y mala costumbre
los enriedos me yamaban.
Yevaba una’e dos narices
como olfatiando en la faja,
y la hacía estornudar plomo
decidido y de pat’ancha.
¡Si habré toriao por el lujo
chaquetas bravas y mansas!
¡Si habré parao taba al güelo
y avispao la paisanada!
Una güelta -porque hay güeltas
en que la suerte s’empaca-,
dentré con una salida:
“-¡Toque polka esa guitarra,
no pregunto cuanto vale
porque me sobra la plata!”
-Si le sobra… no la tire,
guardelá porque anda escasa,
y a más está errao paisano
con obligues d’esa laya
que a ningún sentenciador
le sé vender mis calandrias.
-¡Parensé! -retumbó un trueno-
-¡Aflojenló… denle cancha
pa’ que baile si es su gusto
sobre la punta ‘e mi daga!
(y en la voz del guitarrero
la suerte se balanceaba).
Rastriyaron las espuelas,
se abrieron los que miraban,
y un poncho contra otro poncho
y un facón contra una daga
recularon pa’firmarse
y en la cruz de la topada
yoraron chispas los fierros
y hamaqué una carcajada.
¡Tome y traiga… tome y traiga!
los resueyos nos quemaban
y la punta ‘el alarido
se me sumió en las entrañas.
Era güen zapatiador
el mozo de la guitarra,
y en un puntazo pasao
que si lo alcanza lo acaba,
me besó el costao del ojo
el rejucilo ‘e su daga.
Las vistas se m’enturbiaron
¡tome y traiga… tome y traiga!
y refalé en las gramiyas
como cayendo en desgracia;
me asolivió la bravura
y otra vez yegó su daga
pa’ visitarme de cruce
y aflojarme en otra cáida.
-¡Agarrenló… yo no quiero
matarlo cumpa; su plata
servirá pa’ cualquier cosa
menos pa’ comprar agayas!...
Borre con riales… ¡si puede!
la pinta que hace mi marca.
(y la voz del guitarrero
me sobaba de confianza).
………………………….
Tuavía yevo en las orejas
el ausilio que pitaba
a media rienda de apuro
y en montón la milicada.
………………………….
Ya vé mozo, curesé
de hacer retozar la plata,
y no haga sonar de gusto
las cuerdas de una guitarra,
“que a ningún sentenciador
se le venden las calandrias”.
Guitarrero… guitarrero
¡tome y traiga… tome y traiga!
la suerte, como que’s perra
nos da ‘e mamar enseñanzas…
¡Ande andará, por qué pagos
el gaucho de las calandrias!
…………………………….
Este relato que ha entrao,
jué pa’l hijo de Don Balta
que quiere pagar mis cantos
porque ha vendido unas vacas…
Dende tiempos que pasaron
lo han tráido hasta mi ranchada,
y ansí como se los cuento
el escarmentao lo narra…
y tuavía digo aunque viejo
cuando me corren con plata:
“Yo a ningún sentenciador
jamás le vendí calandrias”.
Versos de Julio Migno
miércoles, 4 de abril de 2012
UNA POSTAL DE MI PAGO
Cual fragua está el horizonte
queriendo fundir al sol
y su candente crisol
parece que quema al monte.
La noche, en su lento apronte
va dibujando fantoches,
las aves le ponen broches
a los trajines del día,
y la lechuza porfía
con chistidos de reproches.
Un carao lejos se oía
lanzar su queja estridente
cual el llamao de un doliente
en el velorio del día.
Un tero que guardia hacía
alertó a una gallareta;
murciélagos en gambetas
vuelan los bichos cazando.
Don lechuzón, descansando
mira el campo de una horqueta.
Las vacas en procesión
al corral ya van llegando;
con un lienzo están jugando
los perros en el galpón.
Un cuzco, que’s cachorrón
le está toriando a la gata
y del tirón se desata
porque la vió a la patrona.
Negra pava rezongona
resopla sobre el tres patas.
Un chimango retrasao
va rumbiando a su guarida,
de pasada, una embestida
la tijereta le ha dao;
el “nochero”, resignao
está de guardia en las casas;
la noche ya todo abraza
y borra hasta los caminos
y algo quejoso el molino
chirriando reclama grasa.
Después de lavarme un poco
me pongo unas alpargatas
trompiezo con unas latas
y en el fogón me coloco.
Mojo unas yerbas y evoco
pensando como al descuido
en todo lo acontecido,
en lo hecho y por hacer,
el hoy ya va siendo ayer
con otro día que se ha ido.
Así es mi pago surero
en nuestro ambiente rural,
basamento y pedestal
de raza de hombres enteros.
Pa’ servir, somos primeros
cuando hay que dar una mano,
virtú con que’l soberano
distinguió a los de mi suelo:
de las pat’hasta los pelo’:
¡argentino y bien paisano!
(13/02/1980)
Versos de Francisco Chamorro
queriendo fundir al sol
y su candente crisol
parece que quema al monte.
La noche, en su lento apronte
va dibujando fantoches,
las aves le ponen broches
a los trajines del día,
y la lechuza porfía
con chistidos de reproches.
Un carao lejos se oía
lanzar su queja estridente
cual el llamao de un doliente
en el velorio del día.
Un tero que guardia hacía
alertó a una gallareta;
murciélagos en gambetas
vuelan los bichos cazando.
Don lechuzón, descansando
mira el campo de una horqueta.
Las vacas en procesión
al corral ya van llegando;
con un lienzo están jugando
los perros en el galpón.
Un cuzco, que’s cachorrón
le está toriando a la gata
y del tirón se desata
porque la vió a la patrona.
Negra pava rezongona
resopla sobre el tres patas.
Un chimango retrasao
va rumbiando a su guarida,
de pasada, una embestida
la tijereta le ha dao;
el “nochero”, resignao
está de guardia en las casas;
la noche ya todo abraza
y borra hasta los caminos
y algo quejoso el molino
chirriando reclama grasa.
Después de lavarme un poco
me pongo unas alpargatas
trompiezo con unas latas
y en el fogón me coloco.
Mojo unas yerbas y evoco
pensando como al descuido
en todo lo acontecido,
en lo hecho y por hacer,
el hoy ya va siendo ayer
con otro día que se ha ido.
Así es mi pago surero
en nuestro ambiente rural,
basamento y pedestal
de raza de hombres enteros.
Pa’ servir, somos primeros
cuando hay que dar una mano,
virtú con que’l soberano
distinguió a los de mi suelo:
de las pat’hasta los pelo’:
¡argentino y bien paisano!
(13/02/1980)
Versos de Francisco Chamorro
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