domingo, 16 de febrero de 2014

UNA YERRA

Pa’ divertirse en la yerra
varios vecinos han cáido
que pa’eso ya se ha tráido
la manada de la sierra.
Ya dentran a cáir por tierra
los animales primeros,
se oyen los gritos camperos
y las argollas que zumban
y en medio’el corral se tumban
vaquillonas y terneros.

De volcao, pialan algunos,
sobre’l lomo tiran otros,
pa’ dispués dejan los potros
y empiezan con los vacunos.
En los piales oportunos
van cáindo los orejanos,
sale el lazo de las manos
como delgada culebra
y la caña y la ginebra
va entonando a los paisanos.

Y de contarles no dejo
lo que pasó al mediodía
cuando la gente seguía
pialando duro y parejo:
puerta’fuera estaba un viejo
con una tremenda tranca,
le echaron una potranca
que enderezó pa’ su lao
…por no revoliar mamao
le hizo un tiro de payanca.

Buscó el hombre su acomodo
y al pasar el animal
pudo dirigir el pial
haciéndolo de tal modo
que así, mamadazo y todo,
le juntó las dos ranillas,
medio se jue de costillas
y ande’l tirón dio la yegua,
¡lo aventó como a una legua
al viejo, entre unas gramillas!

Al ver la tranquera abierta,
ya la yerra terminada,
hizo punta la manada
y empezó a ganar la puerta.
La playa quedó desierta
después del último pial;
jue su lazo cada cual
prolijamente enrollando
y una catanga zumbando
volaba sobre’l corral.

Autor desconocido


(Sospecho que estas décimas pueden ser de la autoría de Rafael Bueno. Si algún lector le conoce al autor, “¡chiflen!”)

ME GUSTA

Me gusta ver un paisano
echar un pial puerta’fuera
que barra con la clinera
cuando le juntan las manos,
y a un jinete veterano
que se siente sobre’l pial,
sin riendas y sin bozal
sobre’l bruto bien en pelo,
y que no se venga al suelo
así se parta el bagual.

Me gusta si un reservao
cuando no puede voltiar
quiere al público encarar
y un paisano bien montao,
pronto lo saque calzao
y si el peligro es al frente
le de un rumbo diferente
y le manoteé una oreja,
pa’ que no vengan con quejas
que no evitó el acidente.

Me gusta si un reservao
se le cae o se bolea,
el gaucho parador sea
y siempre salga parao,
y si de nuevo ha montao
y se sale haciendo ovillo
le haga andar fuerte el tobillo
y si se vuelve a boliar
nunca se deje apretar
como sapo en un ladrillo.

Me gusta la verdadera,
la natural jinetiada,
¡no películas pintadas
que trái la gente estranjera;
con mis paisano quisiera
juntarlo’a ver si dan algo,
ya de la vaina me salgo
por verlos, y estoy seguro:
se han de ver en más apuro
que avestruz delante’un galgo.

Versos de Libertario Blengio

viernes, 14 de febrero de 2014

HORNO

Parece un nido de hornero
que detrás de la cocina
dejó que hiciera, la china,
el amor del compañero;
en el pájaro campero
que enseña a los haraganes
halló cauce a sus afanes
en el nido que copiara
para que luego empollara
una nidada de panes!

La muchacha arremangada
se dedicó al amasijo;
todo era limpio, prolijo
como una cosa lavada:
la blanca masa empolvada
se apelota o desparrama
y ella que no se desgana
aunque dure largo rato
juega lo mismo que un gato
con un ovillo de lana!

Hasta que estuviese a punto
ya lista para cortarla
no dejaba de sobarla
en retazos o en conjunto;
lleva orgullo en el asunto
porque es todo su primor
que conserva con amor
y constituye un halago
¡las mentas que hay en el pago
que su pan es de mi flor!

Luego la corta amorosa
forma les dá con cariño
y en cada pan como un niño
en sus manos lo reposa;
atentamente la moza
que su forma compromete
dentro del horno los mete
y el calor que le depara
pone arrebol en su cara
¡lo mismo que un colorete!
                                           (1935)
 Versos de Marcelo Altuna

EL RANCHO DE LA VISIONES

En uno de esos rincones
de nuestra pampa salvaje,
como indicando un pasaje
del tiempo de los malones;
se ven dos sauces llorones
palenqueando una tranquera,
más adentro una tapera
entre espinillos y talas,
donde rondan luces malas
durante noches enteras.

Al costao de un callejón
se destacan dos ombuses
y en cada tronco dos cruces
trazadas con el facón,
hay signos de una inscripción
que a descifrar no se alcanza
y está clavada una lanza
quizás puesta con intento,
como haciendo un juramento
por justicia, o por venganza.

Se comenta en los fogones
de las estancias vecinas,
entre gauchos, y entre chinas,
el rancho de las visiones;
se hacen largas narraciones
que justifica un anciano
dicen que han visto cercano
a un corral de palo a pique,
al fantasma de un cacique
con una lanza en la mano.

Dicen que esas poblaciones
fueron una pulpería
donde la indiada vendía
el fruto de sus malones,
a un señor con más millones
que ovejas un estanciero,
que por trampear unos cueros
lo indios lo degollaron,
y con ellos se llevaron
las riquezas del pulpero.

El indio que es persistente
y en su saña es inhumano,
gritando ¡muera el cristiano!
no dejó un alma viviente;
y desde entonces la gente
vecina de aquel paraje
contempla el triste paisaje
de aquella tapera en ruina
sobre la pampa argentina
por obra de los salvajes.

Versos de Juan Quiroga

MI AMOR

(Por el día de los enamorados..., puede que a algún paisano le sirva)

¿Sabe China, que la adoro…?
¿Qué no l’he dicho… me dice…?
Prienda… no me martirice
¡si usté’s mi único tesoro!
L’he bordao con hilos de oro
en el ribete de un verso:
“mucho la quiero”, y el terso
mirar de sus mácuos ojos
me acaricia con sonrojos
mientras bajito convierso.
                                   (14/02/2014)
 Carlos Raúl Risso

jueves, 13 de febrero de 2014

MI RANCHO

Cuando levanté mi alero
hice, con leñas del monte,
mirando pa’l horizonte
la puerta con mucho esmero,
procurando que el lucero
pueda tranquilo pasar
cuando me pongo a matiar
apenas el día levanta
y el gallo a toda garganta
sabe con fuerza cantar.

Dando la espalda al pampero
un par de ventanas chicas
sin rejas, porque eso explica
que en mis pagos no hay cuatreros;
sobre una esquina el “aujero”
redondo como mis ojos,
brocal de ladrillos rojos
donde el balde se fatiga
cuando el calor me castiga
y yo de adrede lo mojo.

Al cerco que lo rodea
pa’ qué ponerle candao?
es triste sentirse atao
y que la gente lo vea,
si algún viajero se apea
hay agua, yerba y porrón,
cobija, catre, colchón,
carne en el gancho colgada
y una guitarra templada
por si anda medio tristón.

Como el techo es de totora
le dejé el tuse corrido
pa’ que lleguen y hagan nido
todas las aves cantoras,
frente a la acción destructora
del tiempo sobre las cosas
jazmines, dalias y rosas
le planté en todo el terreno,
pa’ que adornen por lo menos
la sencillez de mi choza.
  
Mi perro, por ser prudente
jamás conoció collar
aunque al sentirlo ladrar
se arrocina el más valiente;
me avisa si viene gente,
luego da vuelta y se va,
pero siempre alerta está
igual que un tigre en acecho,
celoso, porque en mi techo
encontró comida y paz.

En un rincón la herramienta
descansa bien ordenada:
rastrillos, picos y asadas
y alguna pala herrumbrienta;
a mis años la osamenta
ya no se quiere agachar,
solo trato de cuidar
lo que gané trabajando
y me entretengo arreglando
las cositas del hogar.

Mi rancho es igual que un lazo
por gaucho, sencillo y güeno,
la lluvia, el viento ni el trueno
le han hundido el espinazo.
Allí está, parece un brazo
levantao y comedido,
paisano que ande perdido
arrimese sin temor
que al rancho de un payador
siempre será bienvenido.

Versos de Juan Ramón Aristeguy

miércoles, 5 de febrero de 2014

LOS DOS FLETES DE AGUILERA

1
Le vide en unas carreras
cerca de San Nicolás
su efigie de montaraz
y de gauchas montoneras,
cayó para unas cuadreras
lindazamente montao:
tráiba para su recao,
dos fletes de rica estampa
un potrillo “oscuro pampa”
y un “moro” como pintao.
2
Del flete “moro” se apeó
con gesto sencillo y franco
y un pañuelo azul y blanco
del cuello se desprendió;
al potrillo lo maneó
con su golilla genuina
que al sentir la seda fina
el flete ni se movió…
parece que conoció
que era la enseña Argentina.
3
Alguien bajo la enramada
entre sorbo y vocerío
lanzó en alto un desafío
que aplaudió la paisanada;
como él no dijera nada
por evitar la cuestión
el otro en tono burlón
recrudeció la bravata:
“-Le corro por cualquier plata
a su “moro” regalón”.
4
Aguilera descontento
respondió: “-Mis parejeros
son dos potrillos ligeros
capaz de correrle al viento
pero que en ningún momento
por apuesta los corrí;
a nadie le competí
ni en el trance más seguro
porque mi “moro” y mi “oscuro”
solo corren para mi”.
5
Resultó desconcertante
la respuesta de Aguilera
y volvió a seguir la hilera
sobre el mismo consonante:
"hay días que ni un instante
les sé bajar el recao
y pampa y cielo he cruzao
trabajando en un arreo,
apartando en un rodeo
como corriendo un alzao".
6
"Yo los tengo acostumbrao
que muento y les doy dos gritos
y saltan los dos juntitos
sin tocar los alambraos;
saben disparar boliaos,
corren por un viscachal
con la fijeza cabal
de los caballos del indio;
les di como el amerindio
una enseñanza rural".
7
“-Levanto el cargo, aparcero,
<dijo el criollo discordante>
que le hiciera hace un instante
a su “moro” parejero;
desde hoy a mi flete “overo”
no le daré otro trajín
que el de juirle hasta el confín
a la partida del pago
que me anda haciendo el amago
de remitirme a un fortín”.
8
Estalló un ¡Viva! por cierto
y comenzó liso y llano
a correr de mano en mano
un porrón recién abierto.
Aguilera entre el concierto
hasta el potrillo llegó,
de las manos le saco
el blanco y azul pañuelo;
como era color del cielo
¡Viva mi Patria!, se oyó.
9
Y cuando hubieron bebido
los alcoholes fulminantes
y no quedó en los estantes
más que algún porrón vacido,
Aguilera dio un silbido
que el “moro” lo conoció,
sobre el silbo relinchó
con un acento emotivo
y acercándole el estribo
escarciando lo esperó.
10
Después vieron al paisano
sobre el “moro” galopiando
y al “pampa oscuro” trotiando
perderse entre cielo y llano.
Caballito soberano
de tradición inmortal;
en la guerra colonial,
con los paisanos arrieros,
y los gauchos granaderos
en la historia nacional.


 Versos de Martín Castro