jueves, 21 de enero de 2016

TRABAJADOR Y SENCIYO

“Yo nunca pelié a cuchiyo
a nenguno m’he’nfrentao,
soy un paisano afincao
trabajador y senciyo”.

Yo nunca he sido soldao,
ni matrero, ni bandido,
al indio lo he conocido
pero manso y entregao.
En todo he trabajao
hasta cortando ladriyo,
y nunca le saqué briyo
al mostrador, apoyao,
y aunque he sido provocao
yo nunca pelié a cuchiyo.

De las épocas pasadas
algún viejo me contó
del gaucho aquel que se alzó
y hazañas en las patriadas.
De avances y reculadas
en un tiempo maloneao,
y de algún tigre cebao
que’n la majada hizo estrago,
ya no hay tigres en mi pago
a nenguno m’he’nfrentao.

Trabajando de mensual
paso una vida tranquila,
soy bueno para la esquila
o amansando algún bagual.
También se tirar un pial
tranquiar tras el arao,
y aunque algo he caminao
ya no me gusta rodar,
m’he venido a'querenciar
soy un paisano afincao.

Dende que me aquerencié
soy por todos rispetao
rispeto que m’he ganao
porque siempre rispeté,
y cuando me casorié
con una de las Muriyo,
lucero que con su briyo
Dios mi rancho ha bendecido
en premio por haber sido
trabajador y senciyo.

Versos de Alberto Zárate

miércoles, 13 de enero de 2016

MI TROPILLA

Va mi tropilla de “bayos”
entre lomas y entre cerros
mientras repica el cencerro
entablando los caballos.
El sol dora con sus rayos
el relumbroso pelaje
y decorando el paisaje
al borde de una barranca
se asoma una garza blanca
sacudiendo su plumaje.

Son quince hermosos baguales
parejos de tal manera
que al mirarlos se dijera
que todos fueran iguales,
llevan claras las señales
de mi marca en un costao
y apenas arrocinaos
a veces alguno se hincha
cuando le apretó la cincha
pa’ afirmar bien el recao.

De repente, la madrina
las orejas para ansiosa
porque ha visto alguna cosa
moviéndose en la colina
su amplia mirada domina
desde el valle a la cuchilla
y como una voz sencilla
que sobre el campo resuena
con fuerte relincho ordena
que se pare la tropilla.

Cundo en los lomos me siento
de mis pingos no hay escollos
porque su fibra de criollos
me da coraje y aliento,
marcho tranquilo y contento
entonando una canción
y en completa comunión
con el alma de mis “bayos”
se me antoja que a caballo
es el hombre más varón.


Versos de Tabaré Regules
                    (uruguayo)

jueves, 7 de enero de 2016

ASTRONOMÍA GAUCHA

1
Mi abuelo, para yerbiar,
era hombre de tiro largo
y en ancas de cada amargo
un cuento solía contar;
hoy les voy a desgranar
de esa espiga un argumento
de cómo en un solo invento
Dios hizo cosas tan bellas:
la luna, el sol, las estrellas
y el azul del firmamento.
2
Como una argolla es el mundo,
no tiene boca ni fondo;
unos dicen que es redondo,
y otros que es largo y profundo;
sin ser un sabio fecundo
aseguro que es cuadrao
y que rueda, asujetao,
sobre unos ejes machazos
y que con sus barquinazos,
el alma me ha lastimao.
3
Allá por el año dos,
cayó a este pago un paisano,
un hombre rubio, galano,
de entendimiento precoz;
ese gaucho era un tal Dios,
hombre léido y bien pensao
que en un legajo trazao
tráiba los planos del mundo
y con trabajo profundo
hizo el milagro soñao.
4
Les aseguro que el cielo
en el suelo jue formao
y enterito levantao,
según contaba mi abuelo;
en cada punta del suelo
un poste habían plantao
y el celeste jue estirao
a juerza de torniqueta
y en el aire se asujeta
lo mesmito que un toldao.
5
Vieran óido el griterío
del gauchaje entusiasmao
después que el cielo jue alzao
donde hoy está, ¡Cristo mío!
Solo se óiba el balerío
de los planteles alzaos,
los potros alborotaos
juian parando la cola,
y le juro que ni a bola
pudieron ser alcanzaos.
6
Muchos curioso por ver,
que se hallaban en el suelo,
se subieron sobre el cielo
y no han podido volver.
¿Han óido cuando al llover
el fuerte trueno estamparse?
Son ellos que por bajarse
Pujan desde el otro lao
y así rompen el toldao
que tanto costó pa’ alzarse.
7
Cuando entre el rojo escarlata
como una degoyadura,,
desde la infinita altura
el sol nos da la culata,
como un patacón de plata
asoma el gaucho lucero,
cuenta no sé que aparcero
que el lucero ha descubierto,
que es el ojo de un güey tuerto
que Dios tiene en un potrero.
8
La luna en el infinito
es una moza embustera
que a veces se asoma entera
y en otras un pedacito,
y en el medio ¡Dios bendito!
se ve un jinete mentao
que a un burro se le ha sentao
lo menos hace veinte años…
hablándoles sin engaños
ninguna vez se ha bajao.
9
Una vez vide encantao
al mesmo Tata Dios viejo
en un bagual azulejo
lindasamente aperao;
le pregunté entusiasmao
¿cómo están po’allá po’el cielo?
Me contestó, ni el suelo
hay tan güeñas diversiones.
Estas son las relaciones
que sabía contar mi abuelo
10
Cuentan que el padre divino
pintó el infinto tul
de color blanco y azul
porque Dios era argentino;
hoy a ver en el camino
todo el gauchaje agringao,
¡velay! le puso el recao
a su azulejo bravío
y se perdió en el vacío
de purito abochornao.


Versos de Martín Castro

lunes, 4 de enero de 2016

UN ADIOS

Por un silencio rodeao
me quedé instantáneamente
al recibir derrepente
un mensaje inesperao.
Del mesmo modo han quedao
aquellos que han conocido
y convivir han podido
rodeao de afecto sincero,
con ese viejo resero
que de este mundo se ha ido.

Eduardo Traut, al nombrarlo
hace punta la razón
y es una satisfacción
con un verso homenajearlo,
al mesmo tiempo pintarlo
tal cual como en vida ha sido,
y tenerlo merecido
por ser hijo de este suelo
que fue seguidor señuelo
pa’ darle rumbo al perdido.

Pa’ las huella’ había nacido
y en las huellas fue creciendo
y en las huellas fue aprendiendo
lo que otros habían sabido;
en las huellas bien curtido
las distancias acortaba,
de día o de noche marchaba
asegún el caso dao,
y durmió sobre el recao
cuando un resuello buscaba.

En las huellas lo siguieron
sus pingos y la madrina
y en la más dura fagina
siempre a su lao estuvieron.
Pingos criollos que supieron
de la primer agarrada,
lo que fue una palenqueada,
un galope, un manoseo…
Porque pa’ Traut fue un floreo
tener tropilla entablada.

En la huellas ha dejao
consejos que supo dar
al que se puso a la par
pa’ que no ande mal pisao.
Sus virtude’había llevao
a la estampa personal,
y en la puerta de un corral
con todo lujo pialaba
o campo afuera enlazaba
al más chúcaro animal.

De pagos que ha conocido
las cuentas hay que perder
pero fue el mayor placer
que resereando ha tenido,
y si era desconocido
el pago donde llegaba,
con prudencia se arrimaba
a lugares de reunión,
y entraba en conversación
si la confianza ordenaba.

Un lazo quedó arrollao
desprendido’e la sidera,
la cincha y la encimera
con lo demás del recao;
un cencerro se ha quedao
en silencio, acompañando
a un rancho que está notando
la ausencia de su patrón
que anduvo en cualquier rincón
al gaucho, representando.


Versos de Rodolfo Nicanor Kruzich

sábado, 2 de enero de 2016

LA TROPILLA DEL COMPADRE

1
-Traiga Compadre el bozal
y vamo’hasta la tropilla
que para luego, si ensilla,
voy a dejarle un bagual,
y como no uso el corral
en tareas de rutina,
pasando el monte’e la esquina
allá los tengo rodeaos…
están tan amontonaos
que no se ve la madrina.

2
Como podrá imaginarse,
aquel “bayo” es medio potro
que huye alredor de los otros
como queriendo escaparse,
ahora, si quiere entrenarse
le dejo este “colorao”,
que sacándolo apurao
suele ‘abrazarse’ ese pingo
la cabeza, como gringo
que le pisan el sembrao.

3
Y ese “overo” dormilón
que está detrás del “tobiano”,
aunque’s manso y para a mano
…no lo anda cualquier chambón,
ya le verá la intención
cuando la cincha le ajuste,
no es fácil que a usté lo asuste,
sé, que lo va a jinetear,
pero no le va a pegar
tampoco por donde guste.

4
Y aquel “zaino” es reservao
aunque al verlo no parece,
lo han jineteao muchas veces
pero muchas a voltiao;
tiene el pellejo marcao
por espuelas y azotera,
rayones por donde quiera
a lo largo y a lo ancho,
como la puerta’e mi rancho
cuando dejo el perro ajuera.

5
Si le tocase apartar
le dejo aquel “zaino” feo,
es muy bueno pa’l rodeo
lo mismo que pa’ enlazar,
sin quererlo aponderar
por sus dotes, lo valoro,
después me queda aquel “moro”
redomón, medio sotreta…
eso sí, tiene en la jeta
una fuerza como un toro.

6
Los otros días convencido
que no hay forma de ablandarlo
quise a la cincha tirarlo
con un bocao retorcido,
bien abajo y bien ceñido
por donde el bruto relincha,
sin tiempo a’tarme la vincha
hasta de a pie me dejó
porque se me disparó
con el montao a la cincha.

7
Y ya sabe, aquel “gateao”
lo mismo que’l “malacara”,
si un día lo necesitara
áhi los tiene a su mandao;
son de ponerle el recao
y galopar el día entero;
la verdá, no le exagero
aunque no le dé resuello,
antes que se cansen ellos
se  cansará usté primero.        

8
Y como suya le dejo
mi gaucha y pobre tropilla
con la madrina “tordilla”
madre de aquel “azulejo”,
si tiene que viajar lejos
o por un gusto, quizás,
manotéelá nomás
del medio de la clinera
y llévela pa’nde quiera
con los diez pingos detrás.


Versos de Graciano Ramón San Esteban

viernes, 1 de enero de 2016

DON GOYO BUSCAVIDA

Así paga el diablo a quien bien le sirve

1
A Don Goyo Buscavida
lo conocí por reflejo,
montaba en un “azulejo”
de marca desconocida,
persona muy conocida
entre la gente rural,
imponente, y como tal,
de expresión áspera y terca,
con más güeltas que una tuerca
en el rumbo más lineal.
2
Viejo chismoso, embustero,
curioso como lechuza,
con una mirada abstrusa
y desconfiao como el tero;
imponente, barullero,
siempre andaba bien armao,
y cuando estaba mamao
vociferaba a su antojo,
su lengua era como abrojo
por el tono desbocao.
3
Yo sospecho que Don Goyo,
por su temple crudo y frío
era el alma de un judío
en la persona de un criollo;
y más capaz de un embrollo
que de un sano proceder,
y como mandao a hacer
para las compras al fiao,
pa’dir a pedir prestao
pero nunca devolver.
4
Una ocasión se enfermó
el viejo camandulero,
y Don Zoilo, el curandero,
del todo lo desahució;
susto grande se pegó
cuando el viejo oyó decir
que se estaba por morir,
que casi no tenía cura,
que la madre sepultura
ya lo empezaba a pedir.
5
Hizo esfuerzos de manera
hasta poder postrar sus
rodillas ante Jesús
que estaba en la cabecera;
ante la cruz de madera
Don Goyo se santiguó
y al Cristo le suplicó
que le salvara la vida,
con voz triste y compungida
mil cosas le prometió.
6
-“Dios Santo” que estás en cruz
si me salvás el pellejo,
te regalo mi azulejo
que es ligero como luz;
pondré a tus plantas Jesús,
riendas, rebenque, fiador,
los bastos, el maniador
y las espuelas también;
yo pagaré tanto bien
milagroso salvador.
7
-Me subiré a juntar flores
a la cumbre de la sierra,
buscaré en toda la tierra
capullos de mil colores;
cada año, por tus favores
una procesión te haré
y tras de tu busto iré
por piedritas de arenillas
cinco leguas de rodillas
y descalzo volveré.
8
-Mi poncho, prenda tan fiel,
se lo pondré de golilla
al Santo de la Capilla
que está afuera, en el dintel,
para que en el frío cruel
mi poncho le dé calor;
la rastra y el tirador
los donaré con halago
a la Virgen de mi pago
que está en el altar mayor.
9
Después de una larga estada
Don Goyo se mejoró;
al principio se acordó
de la promesa jurada,
pero resultó que cada
prende que comprometió
después la necesitó
pa’ dir ganándose un cobre:
como el gaucho andaba pobre
echó mano a lo que dio.
10
 Primero pidió permiso
al Cristo crucificao,
después entró sin cuidao
a tomar lo más preciso;
poco a poco el compromiso
perdió la expresión de fe,
y para evitarse que
el Salvador no lo viera,
puso al Cristo de madera
con la cara a la pared.
11
Y cuando Goyo está beodo
-porque es como damajuana-,
por educación cristiana
se llega a acordar de todo,
arrepentido a su modo
dice: -Soy un empeñao,
mi poncho deshilachao
a la Virgen se lo debo
porque hasta la salud que llevo
a Cristo se la he trampeao.
12
-Si Cristo -repite el viejo-
está tan necesitao,
para eso tiene el Juzgao,
que me demande, ¡canejo!
Lo güeno es que el azulejo
no tiene certificao,
y como el potro es robao
no podrá llevarlo al cielo;
para mejor que ando en pelo
porque hasta vendí el recao.
13
-Me acusan que ando sin priesa
pa’ cumplir lo prometido,
tampoco Cristo ha cumplido
su ya caduca promesa;
no ha de ser por güeña pieza
cuando lo han crucificao;
Dios me perdone el pecao
-repetía el viejo criollo-
en mi Patria a ningún criollo
por ser güeno lo han clavao.
14
-Con Don Zoilo el curandero
estoy bastante empeñao,
y a Cristo como me ha fiao
le debo parte del cuero;
apuesto que si me muero
al tribunal del pecao
le doy el nombre cambiao
y me salvo con disculpas,
para que pagué las culpas
el alma de otro finao.


Versos de Martín Castro

BIENVENIDO 16!!

Como el 16 se viene
con ímpetus de año nuevo
las esperanzas renuevo
que así la fe se sostiene.
Que’l último cuete suene
y que’ntre’l año a tayar
que hay sueños por concretar
y otros nuevos por nacer…
¡16, hacete ver…
no nos vayas a fayar…!

                                             (31/12/2015)