He conocido a un paisano
con dotes de güena gente
al qu’he tratao, diariamente,
en matiadas mano a mano.
Campero el hombre, baquiano,
siempre andaba bien montao
en un “oscuro tapao”
ande’l sol, dende la altura,
chispiaba en la plata pura
de su lujoso emprendao.
Tropiyero de una estancia,
sus pingos sobresalían
y ande quiera se lucían
por su gayarda prestancia.
Con marcada relevancia
siempre estaban bien tusaos,
prolijos, desraniyaos,
con las colas al garrón
despuntadas a facón,
y los vasos recortaos.
La madrina, “zaina overa”,
de cola larga hasta el pasto,
se pegaba contra el basto
cuando diba a la sidera.
Siempre atenta y muy austera
era un lujo verla al trote,
colgaba de su cogote
-con el badajo del fierro-
un reluciente cencerro
marca “Ciervo”, bien grandote.
Nueve “picazos overos”
completaban la tropiya,
verdadera maraviya
pa’ lucirla en entreveros.
En los desfiles puebleros
cuando ante’l palco paraban
los nueve pingos formaban
en una fila perfeta
y junto a la yegua quieta
mansamente se apretaban.
Uno solo, redomón ,
lucía un largo penacho
en el tuse, y vivaracho
mostraba su condición;
con pacencia, su patrón
horas con él se pasaba,
a campo ya lo agarraba
con una sapiencia tal,
que mostrándole el bozal
al trote se le arrimaba.
Ya el tropiyero ha partido
des’ta tierra, y “los picazos”
talvez siguieron sus pasos
hacia el pago del olvido.
Va un ricuerdo merecido
pa’ este gaucho al por mayor
que hoy andará, a lo mejor,
con su tropiya de estreyas,
por las celestiales güeyas
del los campos del señor.
Versos de Arnoldo Daniele
martes, 28 de febrero de 2012
COSAS DE UN RESERO
A Don Dionisio Sequeira,
resero, guitarrero y cantor
Alboroto de reseros
y alaridos de opa, opa,
acicatean la tropa
en balidos lastimeros,
por los ariscos senderos
de lagunas, albardones,
arroyos y cañadones,
noches de rondas a lazo,
aguantando el cimbronazo
a temporales sobones.
Por donde “el pampero” agita
al caldén, a raso acampa,
el agreste vergel pampa
del cardo y la margarita;
y a esa pampa infinita
impregnada de verdor,
en un trino arrobador
en lo alto de un mangruyo,
ata al sentimiento suyo
de guitarrero y cantor.
Templa bordoneando el son
de una milonga campera,
en seis cuerdas en hilera
de armoniosa vibración,
se la prendió al corazón
de quien le cruzó el destino;
y si por áhi, el camino
lo embroyó en un apuro,
no reculó por más duro
que guampa de güey barcino.
Quedó el rancho ataperao
y en la inmensidá bravía,
horadó en la lejanía
de un horizonte azulao;
señales, del “gaucho alzao”
de un tirón sin recoveco,
se yevó el viento y el eco
en el atronar lo nombra,
patriarca, a Segundo Sombra
ayá en los pagos de Areco.
Ya no se oyen, los balidos
ni el chasquear de una pezuña,
en güeya, que ya no acuña
ni galopes, ni alaridos,
ni madrineros tañidos
de un cencerro en trayectoria,
abriendo güeyas de gloria
anda resero y tropiya,
prendido de la presiya
al cabresto ‘e la memoria.
Versos de Carlos Rosendo
resero, guitarrero y cantor
Alboroto de reseros
y alaridos de opa, opa,
acicatean la tropa
en balidos lastimeros,
por los ariscos senderos
de lagunas, albardones,
arroyos y cañadones,
noches de rondas a lazo,
aguantando el cimbronazo
a temporales sobones.
Por donde “el pampero” agita
al caldén, a raso acampa,
el agreste vergel pampa
del cardo y la margarita;
y a esa pampa infinita
impregnada de verdor,
en un trino arrobador
en lo alto de un mangruyo,
ata al sentimiento suyo
de guitarrero y cantor.
Templa bordoneando el son
de una milonga campera,
en seis cuerdas en hilera
de armoniosa vibración,
se la prendió al corazón
de quien le cruzó el destino;
y si por áhi, el camino
lo embroyó en un apuro,
no reculó por más duro
que guampa de güey barcino.
Quedó el rancho ataperao
y en la inmensidá bravía,
horadó en la lejanía
de un horizonte azulao;
señales, del “gaucho alzao”
de un tirón sin recoveco,
se yevó el viento y el eco
en el atronar lo nombra,
patriarca, a Segundo Sombra
ayá en los pagos de Areco.
Ya no se oyen, los balidos
ni el chasquear de una pezuña,
en güeya, que ya no acuña
ni galopes, ni alaridos,
ni madrineros tañidos
de un cencerro en trayectoria,
abriendo güeyas de gloria
anda resero y tropiya,
prendido de la presiya
al cabresto ‘e la memoria.
Versos de Carlos Rosendo
domingo, 26 de febrero de 2012
DESVELO
L’alcancía del horizonte
del sol, guarda la moneda,
la pampa en silencio queda,
el arroyo, el yano, el monte.
La noche viene de apronte,
la luna, enciende’l pabilo;
medio tristón yo cavilo
en esta creciente calma…
Para la dueña de mi alma
nació un cantar por estilo.
Cuando haya soltao el cielo
sus abejas luminosas
soñaré, mi niña hermosa,
estar besando tu pelo.
Tu ricuerdo es el pigüelo
que sostiene la rodaja
que’n cualquier lao me abaraja
p’hacharme sin compasión,
y es un potro mi ilusión
que’n cualquier tirón me abaja.
Mi recao, mudo testigo
de mi desvelo por vos,
cuántas vece’oyó mi voz
decir: “mujer, te bendigo”.
Y si dormirme consigo
al dir la aurora amagando,
mientras que viene pintando
con luces, al tranco lerdo,
siento, mi alma, que te pierdo
y me dispierto yorando.
Y cuando mate’l venao
y l’eche un taco al garguero,
ensiyo un picazo overo
que tengo redomoniao;
parece estar preparao
pa’ tranquiar hasta yevarme
donde estás, y ayí quedarme
a tu lao, igual que un preso,
y en el fogón de tus besos
los labios achicharrarme.
Versos de Coco García
del sol, guarda la moneda,
la pampa en silencio queda,
el arroyo, el yano, el monte.
La noche viene de apronte,
la luna, enciende’l pabilo;
medio tristón yo cavilo
en esta creciente calma…
Para la dueña de mi alma
nació un cantar por estilo.
Cuando haya soltao el cielo
sus abejas luminosas
soñaré, mi niña hermosa,
estar besando tu pelo.
Tu ricuerdo es el pigüelo
que sostiene la rodaja
que’n cualquier lao me abaraja
p’hacharme sin compasión,
y es un potro mi ilusión
que’n cualquier tirón me abaja.
Mi recao, mudo testigo
de mi desvelo por vos,
cuántas vece’oyó mi voz
decir: “mujer, te bendigo”.
Y si dormirme consigo
al dir la aurora amagando,
mientras que viene pintando
con luces, al tranco lerdo,
siento, mi alma, que te pierdo
y me dispierto yorando.
Y cuando mate’l venao
y l’eche un taco al garguero,
ensiyo un picazo overo
que tengo redomoniao;
parece estar preparao
pa’ tranquiar hasta yevarme
donde estás, y ayí quedarme
a tu lao, igual que un preso,
y en el fogón de tus besos
los labios achicharrarme.
Versos de Coco García
sábado, 25 de febrero de 2012
LLUVIA
De temprano está lloviendo
y yo en el galpón, sentao,
tristón, y medio amoscao
un lazo estoy ingiriendo.
Unos pichones gimiendo
arriba ‘e los ucalito’
me recuerdan, ¡Dios bendito!,
a los que están reserinado
mientras le sigue pegando
el agua que cae finito.
Como chasquido de cuerdas
de guitarras misteriosas
el viento, al sauzal acosa
para que’l ritmo no pierda.
Un cuzco sobre la cerda
embolsada da un gruñido,
mientras me llega el tañido
de la yegua, en el potrero,
dando el agua al aguacero
que se ha hecho juerte y tupido.
Me paro, y por la abertura
de la ventana diviso
las nubes color plomizo
que van cobrando negrura.
De una garza, la blancura
hace contraste en el cielo
mientras parece haber duelo
en los pájaros cantores
y horneros trabajadores
amasan barro en el suelo.
El pajal queda petiso
al ir el agua subiendo
y su altura va perdiendo
como por obra hechizo.
Va siendo un fangal el piso,
y del camino, a un costao,
va un resero resignao
ante el tiempo que le toca,
un apagao en la boca
y en el de lona emponchao.
El agua caída es tanta
que ya me parece el suelo
ser un inmenso pañuelo
a pintas verdes y blancas.
El aguacero no escampa,
y al refalar sobre el techo
marca un surquito derecho
por el costao del alero
y asoman los hormigueros
hirviendo de trecho en trecho.
Cuelgo el lazo terminao
junto a una marca sin mango
mientras sigo acomodando
otras pilchas del recao.
A una lezna que he quebrao
al coser una encimera,
lo mismo que una tijera
sobre la piedra acomodo,
¡que triste parece todo
amalaya… compusiera!
(6/1957)
Versos de Coco García
y yo en el galpón, sentao,
tristón, y medio amoscao
un lazo estoy ingiriendo.
Unos pichones gimiendo
arriba ‘e los ucalito’
me recuerdan, ¡Dios bendito!,
a los que están reserinado
mientras le sigue pegando
el agua que cae finito.
Como chasquido de cuerdas
de guitarras misteriosas
el viento, al sauzal acosa
para que’l ritmo no pierda.
Un cuzco sobre la cerda
embolsada da un gruñido,
mientras me llega el tañido
de la yegua, en el potrero,
dando el agua al aguacero
que se ha hecho juerte y tupido.
Me paro, y por la abertura
de la ventana diviso
las nubes color plomizo
que van cobrando negrura.
De una garza, la blancura
hace contraste en el cielo
mientras parece haber duelo
en los pájaros cantores
y horneros trabajadores
amasan barro en el suelo.
El pajal queda petiso
al ir el agua subiendo
y su altura va perdiendo
como por obra hechizo.
Va siendo un fangal el piso,
y del camino, a un costao,
va un resero resignao
ante el tiempo que le toca,
un apagao en la boca
y en el de lona emponchao.
El agua caída es tanta
que ya me parece el suelo
ser un inmenso pañuelo
a pintas verdes y blancas.
El aguacero no escampa,
y al refalar sobre el techo
marca un surquito derecho
por el costao del alero
y asoman los hormigueros
hirviendo de trecho en trecho.
Cuelgo el lazo terminao
junto a una marca sin mango
mientras sigo acomodando
otras pilchas del recao.
A una lezna que he quebrao
al coser una encimera,
lo mismo que una tijera
sobre la piedra acomodo,
¡que triste parece todo
amalaya… compusiera!
(6/1957)
Versos de Coco García
LAS VIZCACHERAS
…No le ande sacando al cuete
el cuerpo á las vizcacheras,
si no son mozas puebleras
pa’ que tanto las rispete…
Tanto miedo‘e que lo apriete,
pero si anda bien montao;
deje nomás al tostao
que enderiece como bala,
y si le toca la mala…
¡aprienda á salir parao!
Usté que’s mozo pueblero
y que, asigún me decía,
estudió filosofía
y aura aprende pa’ ingeniero,
¿cómo estima tanto el cuero,
si ya ha de haberse enterao
que si el destino malvao
mañana -haiga sol ó yueva-
le abre delante una “cueva”…
¿de ande va á salir parao?
Yo, que apena sé escribir
el nombre que me pusieron
los que pa’ siempre se jueron
cuando comencé á vivir,
aprendí, á juerza‘e sufrir,
que’l hombre que anda asustao
va lo mesmo que maniao;
y, creameló, amigazo:
si rueda… se da un porrazo
¡no sale nunca parao!
…………………………….
El campo es como la vida:
libre y ancho pa’ cualquiera…
Siempre hay una vizcachera
tras de una mata escondida;
pero á la vista dormida
no hay que yevarla, cuñao…
Galopée desatao
sin tenerle miedo al hoyo,
si al fin, es de hombre… y de crioyo,
rodar… y salir parao.
Autor Desconocido
el cuerpo á las vizcacheras,
si no son mozas puebleras
pa’ que tanto las rispete…
Tanto miedo‘e que lo apriete,
pero si anda bien montao;
deje nomás al tostao
que enderiece como bala,
y si le toca la mala…
¡aprienda á salir parao!
Usté que’s mozo pueblero
y que, asigún me decía,
estudió filosofía
y aura aprende pa’ ingeniero,
¿cómo estima tanto el cuero,
si ya ha de haberse enterao
que si el destino malvao
mañana -haiga sol ó yueva-
le abre delante una “cueva”…
¿de ande va á salir parao?
Yo, que apena sé escribir
el nombre que me pusieron
los que pa’ siempre se jueron
cuando comencé á vivir,
aprendí, á juerza‘e sufrir,
que’l hombre que anda asustao
va lo mesmo que maniao;
y, creameló, amigazo:
si rueda… se da un porrazo
¡no sale nunca parao!
…………………………….
El campo es como la vida:
libre y ancho pa’ cualquiera…
Siempre hay una vizcachera
tras de una mata escondida;
pero á la vista dormida
no hay que yevarla, cuñao…
Galopée desatao
sin tenerle miedo al hoyo,
si al fin, es de hombre… y de crioyo,
rodar… y salir parao.
Autor Desconocido
DÉCIMAS DEL PLATERO
Señor platero he pensado
ya que usté sabe engarzar
por eso le vengo a dar
un trabajo delicado.
Porque una joven me ha dado
un besito con esmero
y engarzarlo en plata quiero
porque soy su fino amante
¿qué plata será bastante?
dígame señor platero.
La boca era chiquitita
pero en mis labios chasquió
el besito que me dio
esa joven tan bonita.
Era dulce y esquisita
y con gusto a salerito
y dígame, platerito,
¿qué plata me llevará
y cuánto me costará
para engarzar el besito?
Engarzarlo a usté le toca
y también debe añadir
el trabajo de medir
el tamaño de su boca.
Yo creo que será poca
la plata que gasto en él
y usté lo debe saber
porque yo lo pago a peso
para engarzar ese beso
¿qué plata es mejor poner?
Tendrá que andar con cuidao
porque si no sale justo
la niña tendrá un disgusto
y yo quedaré burlao.
El beso es muy delicao
y da mucho que entender
y usté lo debe saber
que hay que andar con cuidadito
para engarzar el besito
de boca de una mujer.
Recopilación Quicho Peralta - Pipinas, Punta Indio)
ya que usté sabe engarzar
por eso le vengo a dar
un trabajo delicado.
Porque una joven me ha dado
un besito con esmero
y engarzarlo en plata quiero
porque soy su fino amante
¿qué plata será bastante?
dígame señor platero.
La boca era chiquitita
pero en mis labios chasquió
el besito que me dio
esa joven tan bonita.
Era dulce y esquisita
y con gusto a salerito
y dígame, platerito,
¿qué plata me llevará
y cuánto me costará
para engarzar el besito?
Engarzarlo a usté le toca
y también debe añadir
el trabajo de medir
el tamaño de su boca.
Yo creo que será poca
la plata que gasto en él
y usté lo debe saber
porque yo lo pago a peso
para engarzar ese beso
¿qué plata es mejor poner?
Tendrá que andar con cuidao
porque si no sale justo
la niña tendrá un disgusto
y yo quedaré burlao.
El beso es muy delicao
y da mucho que entender
y usté lo debe saber
que hay que andar con cuidadito
para engarzar el besito
de boca de una mujer.
Recopilación Quicho Peralta - Pipinas, Punta Indio)
viernes, 24 de febrero de 2012
COJINILLO
Con un cuero de carnero
-si más lanudo mejor-
el cojinillo es primor
con que se adorna el apero!
Su recorte bien certero
dá al recado gaucha estampa
y donde quiera que acampa
-sobre los pastos tendido-
es el sofá más mullido
que tiene el gaucho en la pampa!
Su blandura delicada
se parece a una caricia.
Tiene la suave delicia
de las manos de la amada;
su blancura inmaculada
un gran cuidado revela
y al sobarlo se desvela
aunque es la tarea cruda:
que es para el gaucho la ruda
necesidad, una escuela!
Cuando la noche se ahonda
en los abismos del cielo
ya la tropa en su desvelo
el gaucho seguro ronda.
Aunque la luna se esconda
no escapa a su vigilancia:
tiene de sobra constancia.
Tiende en tierra el cojinillo
se sienta y un cigarrillo
le ayuda a acortar distancia.
Recuerdos, que a su destino
con la brisa mañanera
a la buena compañera
le va enviando del camino;
y así que el relevo vino
a continuar con la ronda,
busca que el sueño le esconda
de su nostalgia, el reflejo
y en el cojinillo viejo
duerme lo mismo que en fonda!
Versos de Marcelo Altuna
-si más lanudo mejor-
el cojinillo es primor
con que se adorna el apero!
Su recorte bien certero
dá al recado gaucha estampa
y donde quiera que acampa
-sobre los pastos tendido-
es el sofá más mullido
que tiene el gaucho en la pampa!
Su blandura delicada
se parece a una caricia.
Tiene la suave delicia
de las manos de la amada;
su blancura inmaculada
un gran cuidado revela
y al sobarlo se desvela
aunque es la tarea cruda:
que es para el gaucho la ruda
necesidad, una escuela!
Cuando la noche se ahonda
en los abismos del cielo
ya la tropa en su desvelo
el gaucho seguro ronda.
Aunque la luna se esconda
no escapa a su vigilancia:
tiene de sobra constancia.
Tiende en tierra el cojinillo
se sienta y un cigarrillo
le ayuda a acortar distancia.
Recuerdos, que a su destino
con la brisa mañanera
a la buena compañera
le va enviando del camino;
y así que el relevo vino
a continuar con la ronda,
busca que el sueño le esconda
de su nostalgia, el reflejo
y en el cojinillo viejo
duerme lo mismo que en fonda!
Versos de Marcelo Altuna
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