Temprano me levanté,
mucho antes del aclarar,
y al acabar de yerbiar
apuradón, charrusquié,
por áhi medio me atoré
de lo nervioso qu’estaba,
y mientras güeltas yo daba
lo mesmito que’l carancho
parecía ahumarse el rancho
por lo tanto que pitaba.
Dispués manotié’l bozal
y apurao, al trotecito,
salí chiflando bajito
en direción al corral,
ayí agarré el animal
un colorao malacara,
que’n la noche yo encerrara
pa’ que se’sté alivianao
y hoy al ponerle el recao
ni por broma se aplastara.
Prolijo lo cepiyé
(me gusta ser cuidadoso),
y al dejarlo bien briyoso
más prolijo lo ensiyé,
en una planta lo até
pa’ tenerlo más a mano,
quedó escarbando el julano
mientras yo me jui a vestir,
como queriendo decir:
“-¡metele, apurate hermano!”
Ya pa’l rancho me gané
sudando, casi sin vista,
y al estar el agua lista
en un Cristo me afeité,
ni bien las botas lustré
las puse al lao de la cama,
dispués cepiyé con gana’
el de la retranca ‘e plata
porque le gusta a mi ñata
y no visto a la macana.
Me lavé reapuradazo
hasta el cogote y las patas,
me cambié las alpargatas
y jui a vestirme, amigazo,
lo hice apurao y despacio,
me puse mi tirador,
un colorao volador
de’sos que valen la pena…
me gustan las cosas güenas
cuanto más güenas, mejor.
Me terminé d’empilchar
y me miré’n el espejo
pues soy muy diablo y no dejo
nunca nada ‘e revisar,
al acabarme ‘e mirar
jui a la cocina a apagarla,
salí, pa’ dispués cerrarla,
una última ojiada eché
y muy contento monté
porque me voy… a buscarla.
Versos de Álavaro Istueta Landajo
sábado, 7 de mayo de 2011
RESERIANDO
En la tropa ‘e los años,
yevo unas cuantas reses por delante.
Aqueyos, los que van balando al viento
son los primeros que pasé arrogante.
Este lote del medio
son mis años de mozo ya distantes.
Y estos de atrás, los negros,
que cuasi los arreo agonizantes,
son los de ahura, tan tristes y tan lerdos
que da pena apurarlos pa’ que marchen.
Mi flete que nombré “El Esperanzao”
lo perdí hace treinta años, más o menos,
me lo ganaron por lerdiarme ‘e sonso
en el amor, que viene a ser un juego
y ensiyo desde entonces pa’ mis viajes
mi pobrecito overo
que me ha dao por nombrarlo “El Esperencia”
y cada año es mejor, aunque más viejo.
Del lazo traigo dudas.
Las boliadoras son mi confianza.
Conformidá el talero.
Mi recao, la honradez, y de mis manos
nunca largo las riendas del aprecio
y pa’ que me acompañe tengo un cuzco
que se yama “El Silencio”.
Por esa güeya que marcó el destino
ansí voy siempre con el mesmo arreo
pechando mientras viva,
los animales que ha juntao el tiempo.
Y en esas noches largas, cuando ‘e frente
siento en la cara que chucea el viento,
pa’ no sentir el frío ‘e mis desgracias
me arrebozo en el poncho ‘e los recuerdos.
(1946)
Versos de Omar Italiano
yevo unas cuantas reses por delante.
Aqueyos, los que van balando al viento
son los primeros que pasé arrogante.
Este lote del medio
son mis años de mozo ya distantes.
Y estos de atrás, los negros,
que cuasi los arreo agonizantes,
son los de ahura, tan tristes y tan lerdos
que da pena apurarlos pa’ que marchen.
Mi flete que nombré “El Esperanzao”
lo perdí hace treinta años, más o menos,
me lo ganaron por lerdiarme ‘e sonso
en el amor, que viene a ser un juego
y ensiyo desde entonces pa’ mis viajes
mi pobrecito overo
que me ha dao por nombrarlo “El Esperencia”
y cada año es mejor, aunque más viejo.
Del lazo traigo dudas.
Las boliadoras son mi confianza.
Conformidá el talero.
Mi recao, la honradez, y de mis manos
nunca largo las riendas del aprecio
y pa’ que me acompañe tengo un cuzco
que se yama “El Silencio”.
Por esa güeya que marcó el destino
ansí voy siempre con el mesmo arreo
pechando mientras viva,
los animales que ha juntao el tiempo.
Y en esas noches largas, cuando ‘e frente
siento en la cara que chucea el viento,
pa’ no sentir el frío ‘e mis desgracias
me arrebozo en el poncho ‘e los recuerdos.
(1946)
Versos de Omar Italiano
jueves, 5 de mayo de 2011
LA CITA
Arisquiando a los perros, prevenido,
llega el mozo, vaquiano, viento en contra,
y, hasta al freno, del pingo que desmonta,
le manea la coscoja, por el ruido…
Se aproxima hasta el quincho de la huerta
vigilando hacia el rancho que dormita,
y allí espera hasta la hora de la cita,
siempre atento al rumor de algún alerta.
Son las once -más bien medio corridas-
y la noche estival se desperesa,
en la luna grandota que bosteza
galopeando en el cielo, mal dormida…
Sonríe el gaucho feliz, y sin urgencia,
arma un “negro” de puntas hilachadas,
y ocultando el tizón echa pitadas
por matar, con el humo, la impaciencia.
Derrepente, una puerta silenciosa,
va agrandando una hendija con recelo,
y allí asoma, emponchada con su pelo,
una criolla vestida color rosa.
Tira el pucho el paisano, y de goloso,
se refriega el hocico, cual si fuera
a prenderse a un churrasco de ternera
que se está derritiendo de jugoso!
Y estirando a lo cisne los pescuezos
al toparse nomás, en cuanto apenas
se saludan, bajito, con las “Güenas…”
ya se quedan prendidos en un beso.
(Y, hasta el pingo, primero sorprendido
viendo el bulto “rosao” con extrañeza,
inclinando de apoco la cabeza
por no ver… se ha quedao entre dormido).
Versos de Pedro Boloqui
llega el mozo, vaquiano, viento en contra,
y, hasta al freno, del pingo que desmonta,
le manea la coscoja, por el ruido…
Se aproxima hasta el quincho de la huerta
vigilando hacia el rancho que dormita,
y allí espera hasta la hora de la cita,
siempre atento al rumor de algún alerta.
Son las once -más bien medio corridas-
y la noche estival se desperesa,
en la luna grandota que bosteza
galopeando en el cielo, mal dormida…
Sonríe el gaucho feliz, y sin urgencia,
arma un “negro” de puntas hilachadas,
y ocultando el tizón echa pitadas
por matar, con el humo, la impaciencia.
Derrepente, una puerta silenciosa,
va agrandando una hendija con recelo,
y allí asoma, emponchada con su pelo,
una criolla vestida color rosa.
Tira el pucho el paisano, y de goloso,
se refriega el hocico, cual si fuera
a prenderse a un churrasco de ternera
que se está derritiendo de jugoso!
Y estirando a lo cisne los pescuezos
al toparse nomás, en cuanto apenas
se saludan, bajito, con las “Güenas…”
ya se quedan prendidos en un beso.
(Y, hasta el pingo, primero sorprendido
viendo el bulto “rosao” con extrañeza,
inclinando de apoco la cabeza
por no ver… se ha quedao entre dormido).
Versos de Pedro Boloqui
PA' MI LA COSA ES ANSÍ
Despacio, sin apurarme
y sin fama de cantor
voy orejeando la flor
que’l destino quiso darme,
siempre me gustó hamacarme
al compás de lo que tocan,
de apurao, hay quien desoca
el caballo que más quiere
y ansina el mismo se hiere
como el pescao, por la boca.
Cualquier bulla no es cantar
ni cualquier copla es sentencia,
los años dan experiencia
si se sabe aprovechar,
quien se largue a bolacear
tiene un final muy cercano,
suele suceder paisano
que al primer desacomodo
le hagan borrar con el codo
lo que escribió con la mano.
Cantar de lo que se sabe
si no es gloria, es gran prudencia
y mantener esa ciencia
en el campo es buena llave,
no habrá candao que se trabe
ni arisco que me lo baje
y no sufrirá el ultraje
vergonzoso por demás,
tener que volver pa’atrás
estando en medio del viaje.
Palabra que se ha soltao
ya nunca vuelve al silencio
y eso yo se lo sentencio
porque me apoya el pasao,
hay que tener gran cuidao
con la idea que se desata
suele costar fama o plata
si por falta de cordura
después de tantas posturas
salimos bailando en patas.
Por eso yo considero
que es mejor el ir despacio
y ocupar justo el espacio
que abarca mi propio cuero.
Ni modesto, ni altanero,
simplemente sosegao,
sigo el consejo escuchao
de uno que estudio pa’ fraile:
¡Es triste llegar a un baile
con el caballo cansao!
Versos de Osvaldo Andino Álvarez
y sin fama de cantor
voy orejeando la flor
que’l destino quiso darme,
siempre me gustó hamacarme
al compás de lo que tocan,
de apurao, hay quien desoca
el caballo que más quiere
y ansina el mismo se hiere
como el pescao, por la boca.
Cualquier bulla no es cantar
ni cualquier copla es sentencia,
los años dan experiencia
si se sabe aprovechar,
quien se largue a bolacear
tiene un final muy cercano,
suele suceder paisano
que al primer desacomodo
le hagan borrar con el codo
lo que escribió con la mano.
Cantar de lo que se sabe
si no es gloria, es gran prudencia
y mantener esa ciencia
en el campo es buena llave,
no habrá candao que se trabe
ni arisco que me lo baje
y no sufrirá el ultraje
vergonzoso por demás,
tener que volver pa’atrás
estando en medio del viaje.
Palabra que se ha soltao
ya nunca vuelve al silencio
y eso yo se lo sentencio
porque me apoya el pasao,
hay que tener gran cuidao
con la idea que se desata
suele costar fama o plata
si por falta de cordura
después de tantas posturas
salimos bailando en patas.
Por eso yo considero
que es mejor el ir despacio
y ocupar justo el espacio
que abarca mi propio cuero.
Ni modesto, ni altanero,
simplemente sosegao,
sigo el consejo escuchao
de uno que estudio pa’ fraile:
¡Es triste llegar a un baile
con el caballo cansao!
Versos de Osvaldo Andino Álvarez
EL MORO Y EL ALAZÁN
Cierta vez que cabresteando
a la vida, su mandao…
iba en “el moro” montao
por la huella, rezongando
ya que la suerte amagando
no tocaba mi portal…
llegué a la estancia “El Puntal”
del criollo Antenor Maidana
porque andaba con las ganas
de trabajar de mensual.
Vide atrás de un montecito
una larga fila ‘e gente,
y siguiendo la corriente
me aproximé al trotecito.
Don Farías, pegó el grito:
“-¡Llega justo, Don Ramón!
…hay carreras y el patrón
puso feriao en la zona
por el santo ‘e la patrona
y el compromiso del peón.
Bájele al “moro” el recao
y busque pa’ encarrerarse,
pero mire, ha de cuidarse
de aquel “alazán tostao”,
qu’es ligero pa’l mandao,
salidor como saeta,
pelo ni marca respeta
su dueño en el desafío.
¡No olvide el consejo mío
y lárguele al meta y meta!”
Agradeciendo a Farías
por sus claras intenciones,
relojié los mancarrones
y me dije… ¡Esta es la mía!
Aunque plata no tenía
ni ha correr había venido,
si alguno por atrevido
me convida una carrera
le corro el tiro que quiera
pero ¡a caballo perdido!
Y así fue, vino el mocito
con modales de orgulloso,
diciendo… “-¡Pa’l ‘moro’ brioso
tengo aquel alazancito!”
charlamos un momentito
en forma pausada, lenta,
a él, la soberbia lo alienta
y mi propuesta permite…
La carrera es a convite
metros: trecientos cincuenta.
Palmié en el pescuezo al “moro”,
él al pingazo montó,
la gente se amontonó
pa’ ver quien era más toro.
Al largar, medio lo atoro
y pa’ que seguir?, cuñao,
aquí me ve, desahuciao,
sin conchabo de mensual,
¡pero llevo del bozal
un lindo “alazán tostao”!
Versos de Darío Alfredo Lemos
a la vida, su mandao…
iba en “el moro” montao
por la huella, rezongando
ya que la suerte amagando
no tocaba mi portal…
llegué a la estancia “El Puntal”
del criollo Antenor Maidana
porque andaba con las ganas
de trabajar de mensual.
Vide atrás de un montecito
una larga fila ‘e gente,
y siguiendo la corriente
me aproximé al trotecito.
Don Farías, pegó el grito:
“-¡Llega justo, Don Ramón!
…hay carreras y el patrón
puso feriao en la zona
por el santo ‘e la patrona
y el compromiso del peón.
Bájele al “moro” el recao
y busque pa’ encarrerarse,
pero mire, ha de cuidarse
de aquel “alazán tostao”,
qu’es ligero pa’l mandao,
salidor como saeta,
pelo ni marca respeta
su dueño en el desafío.
¡No olvide el consejo mío
y lárguele al meta y meta!”
Agradeciendo a Farías
por sus claras intenciones,
relojié los mancarrones
y me dije… ¡Esta es la mía!
Aunque plata no tenía
ni ha correr había venido,
si alguno por atrevido
me convida una carrera
le corro el tiro que quiera
pero ¡a caballo perdido!
Y así fue, vino el mocito
con modales de orgulloso,
diciendo… “-¡Pa’l ‘moro’ brioso
tengo aquel alazancito!”
charlamos un momentito
en forma pausada, lenta,
a él, la soberbia lo alienta
y mi propuesta permite…
La carrera es a convite
metros: trecientos cincuenta.
Palmié en el pescuezo al “moro”,
él al pingazo montó,
la gente se amontonó
pa’ ver quien era más toro.
Al largar, medio lo atoro
y pa’ que seguir?, cuñao,
aquí me ve, desahuciao,
sin conchabo de mensual,
¡pero llevo del bozal
un lindo “alazán tostao”!
Versos de Darío Alfredo Lemos
miércoles, 4 de mayo de 2011
EL PRIMER GALOPE
“Áhi tiene el potro ensiyao,
acomódese la faja
que nu’hay que darle ventaja
aunque lo vea regalao;
de las porras malcornao
yo se lo viá sostener
tapao, que no pueda ver
cuando se le siente encima
y en la primer tremolina
tenga ventaja al mover.
No se apure pa’ montar
y atiéndame bien, ¡caracho!,
no vaya a quedar pa’l tacho
el pingo que va a domar.
Yo se lo viá acomodar
pa’ que salga pa’delante,
cuando lo suelte, al istante,
mire el campo y priéndase,
no se atore, tenga fe
que’s su Tata el ayudante.
Pínchelo un poco m’hijito
y sáquelo campo ajuera,
tantee las estriberas
y después péguele un grito.
Verá que’l animalito
de asustao se desatina
y aunque lo tienten las clinas
no manotee ni jugando:
que’l hombre se hace peliando
y no en la falda ‘e las chinas!
Afluéjele si dispara
cuando se haiga desahogao,
que después de sosegao
verá que solo se para.
Enderiésele la cara
con dos o tres tacacitos,
y ansí, que güelva solito,
déjelo de rigorear,
lo que le quiera enseñar
tiene que ser de a poquito.
Después de algunos galopes
le viá’yudar a tirarlo
y le enseñaré a taquiarlo
como hacía el finao López:
donde comienza el cogote
contrita la carretiya.
En el pecho la presiya
y el cabresto entre las manos,
¡pucha que Viejo baquiano…!
Los sentaba en las raniyas.”
.............................
...y cuando el sol de la tarde
medio se entraba a caer
se vio a dos gauchos volver
despacito y sin alarde,
y aunque en ambos pechos arde
una pasión tan campera,
el silencio de la esfera
los escucha conversar
y se ve al Viejo pasar
con el hijo a la’sidera.
acomódese la faja
que nu’hay que darle ventaja
aunque lo vea regalao;
de las porras malcornao
yo se lo viá sostener
tapao, que no pueda ver
cuando se le siente encima
y en la primer tremolina
tenga ventaja al mover.
No se apure pa’ montar
y atiéndame bien, ¡caracho!,
no vaya a quedar pa’l tacho
el pingo que va a domar.
Yo se lo viá acomodar
pa’ que salga pa’delante,
cuando lo suelte, al istante,
mire el campo y priéndase,
no se atore, tenga fe
que’s su Tata el ayudante.
Pínchelo un poco m’hijito
y sáquelo campo ajuera,
tantee las estriberas
y después péguele un grito.
Verá que’l animalito
de asustao se desatina
y aunque lo tienten las clinas
no manotee ni jugando:
que’l hombre se hace peliando
y no en la falda ‘e las chinas!
Afluéjele si dispara
cuando se haiga desahogao,
que después de sosegao
verá que solo se para.
Enderiésele la cara
con dos o tres tacacitos,
y ansí, que güelva solito,
déjelo de rigorear,
lo que le quiera enseñar
tiene que ser de a poquito.
Después de algunos galopes
le viá’yudar a tirarlo
y le enseñaré a taquiarlo
como hacía el finao López:
donde comienza el cogote
contrita la carretiya.
En el pecho la presiya
y el cabresto entre las manos,
¡pucha que Viejo baquiano…!
Los sentaba en las raniyas.”
.............................
...y cuando el sol de la tarde
medio se entraba a caer
se vio a dos gauchos volver
despacito y sin alarde,
y aunque en ambos pechos arde
una pasión tan campera,
el silencio de la esfera
los escucha conversar
y se ve al Viejo pasar
con el hijo a la’sidera.
DE VUELTA CON LOS OVEROS
Hoy hace un año Cisneros
que lo vine a visitar
y me llevé pa’ domar
esta tropilla de overos;
recorriendo los potreros
de su estancia “Las Dos Dagas”
esto decirle me halaga
porque lo noté gauchón
y en corta conversación
pronto arreglamos la paga.
Debo decirle paisano
que tienen camino andao,
que están prolijo’ domao
y la yegua para a mano;
de que son pingos baquianos
se lo puedo asegurar,
cualquiera puede enfrenar
y ensillarlo sin un miedo
y si se mete en el ruedo
vergüenza no va a pasar.
Le viá pintar en reflejos
a su tropilla de overos:
hay dos pingos tesoneros
vivarachos y parejos,
son esos dos azulejos
que vienen haciendo punta,
siempre trotean en yunta,
que lujo pa’ sus mensuales,
y de trabajos rurales
hágale cualquier pregunta.
Aquel overo rosao
tranquea de sobrepaso
es regular para el lazo,
pingo pa’ mi acreditao,
como el overo tostao
un poquito alto de alzada,
anda de orejas paradas
cual si fuera un redomón
y montao en él, patrón,
me lucí en las resereadas.
El lunar, ese gatiao,
es toda una garantía,
pingo de andar noche y día
como el overo tiznao;
el overo colorao,
el que olfatea el pantano,
es vivaracho, liviano,
escarceador, coscojero,
se lo aseguro Cisneros
que es de escupir en la mano.
Le nombraré a dos caballos,
ansí no queda ninguno:
está el overo lobuno
y aquel overito bayo;
en decirle yo me esplayo,
préstele atención paisano,
se lo advierto de antemano,
da trabajo pa’ enfrenar,
porque se suele sarnear
ni bien despunta el verano.
Usté le va a repartir
los pingo’ a la mensualada,
yo sé que es gente avezada
pero algo le viá decir:
no se vaya a resentir,
no crea que’s estravagancia,
quiero salvar la distancia
porque conozco el sendero:
¡domador y cocinero
son criticao’en la estancia!
Versos de El Paisano Mireya
que lo vine a visitar
y me llevé pa’ domar
esta tropilla de overos;
recorriendo los potreros
de su estancia “Las Dos Dagas”
esto decirle me halaga
porque lo noté gauchón
y en corta conversación
pronto arreglamos la paga.
Debo decirle paisano
que tienen camino andao,
que están prolijo’ domao
y la yegua para a mano;
de que son pingos baquianos
se lo puedo asegurar,
cualquiera puede enfrenar
y ensillarlo sin un miedo
y si se mete en el ruedo
vergüenza no va a pasar.
Le viá pintar en reflejos
a su tropilla de overos:
hay dos pingos tesoneros
vivarachos y parejos,
son esos dos azulejos
que vienen haciendo punta,
siempre trotean en yunta,
que lujo pa’ sus mensuales,
y de trabajos rurales
hágale cualquier pregunta.
Aquel overo rosao
tranquea de sobrepaso
es regular para el lazo,
pingo pa’ mi acreditao,
como el overo tostao
un poquito alto de alzada,
anda de orejas paradas
cual si fuera un redomón
y montao en él, patrón,
me lucí en las resereadas.
El lunar, ese gatiao,
es toda una garantía,
pingo de andar noche y día
como el overo tiznao;
el overo colorao,
el que olfatea el pantano,
es vivaracho, liviano,
escarceador, coscojero,
se lo aseguro Cisneros
que es de escupir en la mano.
Le nombraré a dos caballos,
ansí no queda ninguno:
está el overo lobuno
y aquel overito bayo;
en decirle yo me esplayo,
préstele atención paisano,
se lo advierto de antemano,
da trabajo pa’ enfrenar,
porque se suele sarnear
ni bien despunta el verano.
Usté le va a repartir
los pingo’ a la mensualada,
yo sé que es gente avezada
pero algo le viá decir:
no se vaya a resentir,
no crea que’s estravagancia,
quiero salvar la distancia
porque conozco el sendero:
¡domador y cocinero
son criticao’en la estancia!
Versos de El Paisano Mireya
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