miércoles, 14 de mayo de 2014

ANSINA ES LA MADRE MÍA

Gaucha como una tonada,
linda como un par de espuelas,
graciosa como vihuela
de clavijas encintadas,
suave como una mirada
que solo inspira confianza,
jagüel donde el agua mansa
desborda su simpatía.
¡Ansina es la madre mía
mi amor, mi fe, mi esperanza!

Güena como el pan bendito,
sentida como un reproche,
sublime como la noche
que abarca hasta el infinito,
alegre como el cielito,
servicial como yesquero,
criollaza como el apero,
entradora como pena,
ansina es mi madre güeña
por eso tanto la quiero.

¡Tata Dios!... tal vez por celo
me la apartó de mi güella,
y hoy mi mama es una estrella
que está brillando en el cielo.
Si grande fue el desconsuelo
que me causó su partida,
yo pienso que dende arriba
la santita gaucha mía
seguirá siendo la guía
que oriente mi pobre vida.


Versos de Víctor Galieri

viernes, 9 de mayo de 2014

A UN AMIGO QUE SE FUE

Con que tristeza y dolor
la noticia recibí
que’n el istante sentí
por dentro mío un calor;
aunque soy aguantador
pa’ los golpes de la vida,
y aunque a veces, las heridas,
el tiempo las cicatriza
o las convierte en cenizas
y con los años se olvida…

Pero esta vez el chuzazo
fue más profundo y certero,
¡que a nuestro ambiente campero
le está doliendo el puntazo!
La parca tiró el zarpazo
con sus garras colosales
filosas como puñales,
de las sombras escondidas,
para cortarte la vida
a vos, “Gallego” González.

Como el indio que cayó
abrazao a su tacuara
el “Centro” de Punta Lara
tal vez… lo mismo sintió;
el monte se estremeció
y lloraron los sauzales,
las calandrias y zorzales
sus trinos enmudecieron,
cuando la noticia oyeron:
¡partió el “Gallego” González!

Con lágrimas de rocío
te lloran cardos y yuyos
y en tu homenaje el mangrullo
le pidió su canto al río;
quedó en el “Centro” un vacío
de dolor y de congoja,
los cencerros y coscojas
enmudecen los baguales
y te lloran los ceibales
lágrimas de flores rojas.

Yo también, enmudecido
por el dolor y la pena
si hasta sentí que en mis venas
la sangre habían detenido;
detuvo el chajá el volido,
quedó en silencio en la altura,
y cuando ya tu figura
sea recuerdo en un fogón,
llorará mi corazón
en tu gaucha sepultura.

Si algún relincho cortao
lanza un bagual en el llano,
es de homenaje al paisano
que pa’ siempre se ha marchao,
y al irse a mi me ha dejao
dentro del pecho una herida,
y al apagarse mi vida
pido a Dios seguir tus pasos
¡pa’ estrecharte en el abrazo
que no te di en tu partida!


Versos de Hugo Pino

jueves, 8 de mayo de 2014

MENOS MAL QUE DEJÉ EL RUANO

Mañana, si no descampa,
iré pa’l poblao temprano;
“¡menos mal que dejé el ruano!”
…que me anda poniendo banca,
y no es que le haga retranca,
pero si prueba el corcovo
se envician con el retobo
y están empacao por nada;
pero en esta galopiada
vas a ver como lo sobo.
  
Nos quedarán cuatro días
pa’ darle fin a la yerra;
si es que’l tiempo no se emperra
el miércoles volvería;
te escribo por si querías
ir apartando los potros,
se va a quedar con nosotros
Pancho y Luis pa’ la’garrada.
Salen los d’esa manada
¡beyacos como no hay otros!
  
Pancho reventó el trenzao
que le vendió el santiagueño,
y en convencerlo me empeño
que fue un tirón mal pegao.
El Indio Funes le ha dao
un torcido pa’ enlazar,
es pesao pa’ trabajar
-pa’ pior Pancho tira lejos-
aunque este gaucho… canejo
no es fácil que vaya a errar.

Hice de lazo “El Careta”
-el de colmiyos cruzao-
y por ingréido y taimao
solo acarrié pa’ la horqueta,
por suerte es blando en la jeta
y había enlazao livianito
porque si no… ¡Dios bendito!
cuando casi costaló
y en la vuelta se enredó,
¡bufaba fuego el maldito!
  
¡Si supieras la alegría
que recibí esta mañana!
cuando Rudecindo Arana
yegó al aclarar del día,
en su maleta traía
-conociendo mi pasión-
un poncho pampa, cimbrón
de alguna invasión indiana.
Porque Rudecindo Arana
ha léido mi corazón.

 Sin más, cuñao, un abrazo,
lamento no haigas venido…
vieras lo que te has perdido
vos, que tirás lindo el lazo;
¡hay unos toros machazos!
aspudos y cimarrones,
salen que parecen liones
moros, rosiyos y pampas.
Enlazando de las guampas
nos divertimos los piones.

Versos de Julio H. Mariano

miércoles, 7 de mayo de 2014

PLEGARIA Y LLUVIA

Con espesos nubarrones
el cielo se fue cubriendo,
parece estar presintiendo
el campo, los chaparrones.
Crecerán las ilusiones
después de tanta sequía,
¡por fin ha llegao el día
que tanto hemos esperao!
Arroyos que se han secao
y pasto que no crecía.

Alza el viento remolinos,
los sauces están llorando;
ya se ve al ganao costiando
derecho pa’ los molinos.
El aire, trae mil trinos.
Se aquieta la polvadera
cuando caen las primeras
gotitas, sobre la tierra.
Agua bendita que encierra
un poco la primavera.

Los caballos retozando,
en un rincón, las estivas,
los peones en forma activa
una parva andan tapando;
el boyerito va arriando
una yegua que porfía
y que protege su cría
dándole ancas al viento.
Porque lo he visto, les cuento
cosas de la tierra mía.

Anda en labios del patrón
un “¡Bendito sea Dios!”,
la vista del cielo en pos
porque eleva una oración.
Ya la lluvia hecha canción
con un trueno se anunció,
el relámpago brilló
trayendo ecos lejanos.
Se alegraron los paisanos
porque esa tarde llovió.

Versos de Jorge Gauna

domingo, 4 de mayo de 2014

RECETA

Mirá hermano, pa’ ser como yo soy,
hay qui’agenciarse las cosas que yo tengo:
una machés probada en la disgracia,
güen cabayo, una china; y un sobeo
pa’ maniar la sin güeso cuando cuadre,
pa’enlasar  l’alegría , si dispara,
pa’ crusarlo n‘el lomo’un atrevido
y pa’horcar la tristesa si uno l’haya.


Ah!... y si podés, te conseguís un freno
de tranca, y l’encajás a l’ambición,
qu’eso, pa’ ser felís tamién es güeno.

Versos de Valentín R. Macedo

                       -uruguayo-

viernes, 2 de mayo de 2014

MESMO QUE'L TALA

Sentao abajo ‘el alero
contemplo la pampa inmensa…
lujosa como la trenza
de’sa que tanto yo quiero…;
besa el ala ‘e mi sombrero
la brisa que corre suave…,
mientra el rosa de un ave
dibuja al telón del cielo
sus alas como un pañuelo
en un adiós cuasi grave.

Relincha la libertá
de instinto, sangre y bravura…
cual un grito de llanura
con dolor de inmensidá…;
payador en soledá
de traje humilde y sencillo,
en ramas del coronillo
la brota al chingolo un trino…,
y en el ombú del camino
noche a noche canta un grillo.

Yo admiro d’este paisaje
ande hundo mis raíces
a los talas verde-grises
por su espinoso coraje…,
será porque soy salvaje
como su tronco y melena…,
será que tanto me apena
ser un motivo de olvido…,
y al no verme florecido
mi salvajismo se extrema.

Quien me mire con rigor
seguro un tala aparento…,
soy poncho curtido a viento…,
sorbo de sombra al calor…,
nunca he sentido temor…,
solo el amor me doblega,
y ¿qué tala no repliega
su arisca rama curtida
para volver a la vida
cuando la sangre se entrega?

Mi rancho como ése tala
horqueta pa’ un nido jué…,
pero muy pronto se ve
si el ave que habita es mala…,
un día tendió sus alas
y no le corté el volido…
Mesmo que’l tala, sufrido…,
se torna gris mi melena…,
porque te quise y me apena
ser un motivo de olvido…!

Versos de Benito P. Aranda

jueves, 1 de mayo de 2014

TROPILLA DE YUNTAS

Ensilla el hombre un tostao
que como seña evidente
muestra la marca patente
porque está recién quemao.
Lo anda de rienda y bocao
a ese chuzo escarciador,
y otro tostao superior
viene un poco más atrás
molestando a los demás
por travieso y mordedor.

En la radiante mañana
pisando el trébol fresquito
con su tropilla al tranquito
viene Gregorio Maidana.
Cuando el gallo tocó diana
salió desde “Toldos Viejos”
y entre sus pingos parejos
-de escasamente seis años-
trae dos overos castaños
y una yunta de azulejos.

Pa’ que lo envidien algunos
como algo que gusta y brilla
trae Maidana en la tropilla
una yunta de lobunos.
Pa’ trabajar con vacunos
y floriarse en los corrales
esos pingos colosales
con sus encuentros macizos
hasta parecen mellizos
por lo que son tan iguales.

Pero lo más imponente
que en la tropilla se ve
es un flete pangaré
con un lucero en la frente.
Otro pangaré atrayente
lo empareja de inmediato,
y al alzar el vuelo un pato
pegando dos espantadas
quedan de orejas paradas
como pa’ hacerle un retrato.

La madrina es una oscura
que a su tranco acompasao
brinda el cencerro cuadrao
sus notas a la llanura.
Hasta su estampa y su altura
le dan aspecto precioso,
y el brillo del pelo hermoso
le presta su buena ayuda
pa’ que parezca una viuda
con su luto riguroso.

El hombre después esquiva
un charco de barro duro,
y sigue sin mucho apuro
pa’ el mismo rumbo que iba.
Tiende su mirada altiva
bajo el ala del sombrero
que le va formando alero
quitando al sol sus reflejos
y así se pierde a lo lejos
la figura de un campero.


Versos de Pedro Risso