domingo, 14 de septiembre de 2014

PA' RECORDARTE PICASO

Pa’ recordarte “Picaso”
en versos te hago un recuadre
porque paseaste mi padre,
aquel vasco tan criollazo;
con un orgullo machazo
le gustó taparte en prendas
en días patrios, por las sendas
desfilar con la bandera…
Si parece que te viera
arrollao entre las riendas.

Muy pichoncito yo era,
de unos trece años escasos,
y me pidió que al “Picaso”
de tiro se lo trajiera
de los campos que tuviera
Lorini, cerca’el poblao,
su dueño, que era encargao
Tomás Olariaga, honesto
con la mano en el cabresto
me lo entregó bien tusao.

Porque no eras pingo lerdo
en un tiro a la sortija
sacaba un premio en fija
que en mi rancho era recuerdo.
La oración tampoco pierdo
y lo que aclaro sostengo
que ninguna foto tengo
pero pongo por testigos
a mi tropilla de amigos,
mi capital que mantengo.

“Picaso”, más bien chicuelo
gracias, por lo que me diste,
como mi padre te fuiste
a tranquear campos del cielo;
no viá echar mano al pañuelo
porque lagrimear no quiero,
en mi recuerdo sincero
en lo blanco de tu frente,
te acaricio con mi gente
del pueblo “labardenero”.
  

Versos de Gilberto De Goicoechea

jueves, 11 de septiembre de 2014

CHAIRANDO

Noche de junio… En los sauces
pasa silbando el pampero,
y en las cañadas vecinas
gritan ¡alerta! los teros…
En la quietú de mi rancho
hecho oviyo cerca’el juego,
pienso, contemplando un pucho,
que un pucho es igual a un viejo…

Pa’ dir cuartiando las horas
doy alas al pensamiento,
enhorquetao sobre el chuso
que me trái tantos recuerdos…
Y mientras pialo cien cosas
voy prieparando los cueros,
de ande saldrán como rulos
de mi tristeza, los tientos…

Tuito cristiano que pene
suelte en las noches d’invierno,
dir a ronsiar por los campos
ande las dichas juyeron…
Ayí ande los gauchos sonsos
dejan un tendal de sueños,
como pichones que pían
buscando el calor de un beso…

Curtido ya por los años,
con el cansancio en los güesos,
voy con mi pobre matungo
rumbiando al tranquito lerdo…
¡Y así se marcha la vida…!
¡Y así yegamos a viejos…!
Siempre soñando… soñando…
porque al final tuito es sueño…


Versos de Enrique M. Gaudino

martes, 9 de septiembre de 2014

LOS DORADILLOS

Del campo “Los Doradillos”
con la luz de la alborada
salimos pa’ la Tablada
con cuatrocientos novillos.
Todos paisanos sencillos
y cada cual bien montao;
el patrón, hombre mentao
y gaucho como ninguno
enhorquetao a un “lobuno”
nos despidió muy confiao.

Anduvimos más de un mes
para terminar el viaje,
siempre a rigor y coraje
sin esperar un después,
y ya que no hay dos sin tres
-como decía el “Vasco” Aldarque-
“el que quiera que se embarque
y al final de la partida
verá que pasó la vida
arriando pa’ que otro marque”.

Andábamos bien aviáos,
a nadie faltaba nada,
pues con nosotros marchaba
un breque bien preparáo;
“el gaucho” Rosario Aldáo
era nuestro capataz,
hombre muy diestro y capaz,
buen cantor entre paisanos,
¡si la guitarra en sus manos
parecía sonar más!

Yo entre tanta gente buena
me hallaba como perdido
pero siempre decidido…
con el alma bien serena.
En esa grata faena
de andar siempre reseriando
iba milongas trenzando
el amargor de una pena
como armando una cadena
para la vida ir cuartiando.


Versos de Pedro Pablo Rodríguez

domingo, 7 de septiembre de 2014

TAPE VIEJO

Don Nicomedes Aldao
-buen domador y tropero-
vistió de blusa, culero,
y un chiripá colorao…
De potro -cuero sobao-
y con delantal, las botas,
mientras chiflaba las notas
de imaginarias vihuelas.
Tintineaban las espuelas
con las rodajas grandotas.

Tranco pausado y seguro
-siempre de la misma suerte-
como pa’ que hasta la muerte
lo encontrara sin apuro…
Se le notaba el maduro
criterio, según el caso…
Sostenido en el abrazo
y en sentencias de caudillo.
Muy baqueano en el cuchillo
y en el manejo del lazo.

Me decía, como prueba
de virtud de criollo neto:
“No es al facón el respeto,
sino al hombre que lo lleva…”
“Mejor que lo que se eleva
es lo que tarda en caer…”
y, con igual parecer,
me dijo, para el recuadre:
“No cualquier mujer es madre
pero la madre es mujer”.

Por las distintas regiones
donde anduvo, sin descanso,
no montó en caballo manso,
sino en crudos redomones…
Y por las demostraciones
que yo contemplé a su lao,
con lo bueno del pasao
le dejo el verso, aparcero:
al domador y resero
Don Nicomedes Aldao.


Versos de Adolfo Fortunato Cosso

viernes, 22 de agosto de 2014

EL OVERO

Aura que me habla aparcero
de caballos distinguidos
de las costas del olvido
me relincha un parejero;
perdió el rastro de ese “overo”
más de un caballo mentao,
si habrá sido bien cuidao
que al escucharnos prosiando
se ha largao atravesando
la cerrazón del pasao.

Cuando recién agarrao
viendo a medio flor de cuero
que pensaba ser ligero
lo saqué pa’ mi recao;
aprendió a correr boliao
y, obediente a mis señales,
a echarse en los pajonales,
a saltar los alambraos,
y era el alma de un venao
atravesando chilcales.

Ni bien lo armaba cortito
que en un naipe galopiaba,
si a la cruz me le asomaba
se estiraba como un grito;
pa’l camino era infinito
viajando al trote chasquero
y hasta alegró algún alero,
más reunidito que un mazo,
al llegar de sobrepaso
como acunando el apero.

Había que verlo aparcero
columbrando esa frontera
tranco y tranco en la puntera
de un rosario de cargueros;
tanto arriar ganao matrero
se hizo diestro en los reveses
y con torada que a veces
clavando la uña emigraba,
le garanto que hasta andaba
por arriba de las reses.

Juntamos lejos con lejos
enhebrando rancheríos,
montes, arroyos con frío
y lagunas como espejos…
hoy lo encuentro en los reflejos
de un tiempo que el alma estanca,
y en una llanura blanca,
mansa de luna encharcada,
se me pierde en la mirada
con una moza en el anca.

Reservao que se encogía
con un pájaro en el lomo
vaya el diablo a saber cómo
se llevó mis alegrías…
cuando cimbrao por los días
me vi rondando taperas,
por el playo ande estuviera
desvelao entre los teros
ni los huesos del “overo”
blanquiaban en la frontera.

Versos de Osiris Rodríguez Castillos
                          -uruguayo-


Décimas inéditas, publicadas por Hamid Nazabay, en Revista De Mis Pagos (digital) N° 51, de donde las hemos tomado.

viernes, 1 de agosto de 2014

¡GUAAARDA CON EL PETISO!

Tengo un petiso “manchao”
un Marenco de bonito
y bien samputa el maldito,
varias veces me ha bajao.
Suave le pongo el recao
y ande acorreono la cincha
com’un escuerzo se hincha,
se bolea de costao
y se manda “un recortao”
que te hace volar la vincha.

Doctorado en mañerías,
licenciado mordedor,
un maestro pateador,
arquitecto en porquerías,
por eso en mañanas frías
pa’ evitar el corcoviazo
lo maneo, lo amordazo,
en el suelo lo he montao
y aunque lo saque trabao
siempre le queda un retazo.

Veinte años tiene’l clinudo,
ni de su sombra confea,
en el palo se guasquea,
cada mano es un peludo;
como ha quedado vinzudo
enyegua si se da el caso
pero, al ser de salto escaso
suele quedarse colgao
más nervioso y preocupao
que una monja con atraso.

…y me gusta su verdad
que ni a rebenque cambió
la yegua que lo parió
se llamaba “dignidad”;
defiende su libertad
toda su peticería.
Pienso, si como él sería
nuestra humana condición
a más de uno “del sillón”

le tiembla la estantería.

Versos de Omar Moreno Palacios

EL QUINTO GALOPE

Endispués de rasqueteao
y una buena cepillada
la capa bien colorada
me tenía retratao,
los cabos como emblecao,
un calco patas y manos,
mesmo como si un enano
le hubiera dao a pincel,
humillaba el chuzo aquel
cualquier relincho cercano.

Saque’l recao del galpón
como señora preñada,
las argollas arrastradas
de la cincha y el cinchón,
bufarroneó el redomón
que lo había dejao colgao
en una planta que al lao
estaba como pintada,
tanto pa’ una lluviada
como un sol entusiasmao.

Estirao como mugido
de ternero destetao
ensillo y queda el recao
como si juese un cumplido,
puse un cuerito sufrido
con la lana contra el pelo,
las matras como pañuelos
planchados por la patrona
y arriba de la carona
matrita de menos vuelo.

Basto porteño, encimera,
cincha de cuero que un día
un tal “Negro” Iguemendía
la construyó de primera,
estribos que yo me hiciera
de afición a lo campero,
cojinillo catrielero,
sobrepuesto y de dos vueltas
cinchón por manos resueltas
Oscar Irisar, platero.

Un bocao como badana
enantes le acomodé,
riendas y clinas tantié
como si fuese tu hermana,
lo amancorné y mi humana
persona sobre’l recao,
al ñudo que había echao
de un tirón lo desmañé,
salió cuando lo animé
las patas como un soldao.

Con un rebenque de argolla
de plata, le paino el tuse,
trompieza en los tacuruces
-que le’stá sobrando olla-;
antigua costumbre criolla
llevar el lazo adelante,
montar y bajar campante
hasta que’sté bien corriente…
se ha enredado mucha gente
y ya no estoy como enantes.


Versos de Omar Moreno Palacios