lunes, 28 de noviembre de 2016

Y NUNCA SUPE POR QUÉ...

Bien surero su recao
a la argolla de la cincha,
en las clinas una vincha
con dos moños colorao;
los bastos muy levantao
de adelante como atrás,
media pasuca, al compás
sacudía la picana
la menor de las Maidana
que fue novia de Alcaraz.

Como no soy tan quedao
ni tengo la lengua atada
ya le pegué una palmada
en el tuse, a mi tostao,
y cuando estuve a su lao
le dije: “¡Qué cutis, Ñata!
¡Qué par de espuelas de plata!
¡Qué surtida está la tienda!
Hacele punta a la hacienda
que yo arreo la culata”.

Le dije en forma galana:
“Zaina negra, seme franca,
¿de qué manada potranca
te escapastes, orejana?”
“-De la manada’e tu hermana”
me contestó, confianzuda,
sonriéndome la clinuda.
Sin ensayar argumentos
yo retocé de contento
al saber que no era muda.

“¡Que te tardaste en venir!
-le dije, entre otras cosas
que ya han carniao los Tolosas-
¡qué campo pa’ dividir!
¿Qué más te puedo decir?
Con tanta sabiduría
es tuya la estantería,
¿tiene dueño ese galpón…?
Soy goloso pa’l jamón
¡qué empacho me agarraría!”.

Como siempre bien hablao,
regular pa’l piropaje,
de achuras hice coraje,
me desmonté del tostao,
pa’ no pecar de atrasao
“¿Son tuyas?” le pregunté,
con la zurda manotié
como quién tiene una duda…
Se molestó la clinuda
y nunca supe por qué…


Versos de Julio Secundino Cabezas

miércoles, 23 de noviembre de 2016

A MELÓN Y FAMILIA

1
Hace tiempo que quería
espresarle lo que siento
a un paisano muy atento
que ‘stá en la memoria mía,
y ha querido que este día,
ya que estoy en un fogón,
pedirle a mi inspiración
que me ayude en este esfuerzo
para dejarle unos versos
a Don Rolando Melón.
2
De que’s un hombre campero
decirles, está demás,
y nunca se echa pa’tras
ni se agacha como el tero;
su rancho tiene un alero
donde’l paisano se sienta,
de largo ni sé la cuenta
pero a naides se le niega
y de curioso, el que llega
lo está mirando al “Pimienta”.
3
Su señora Doña Chela,
mujer buena y servicial,
siempre con el delantal
el trabajo la desvela;
hace tiempo que’s abuela
pero esto no l’acoquina
y al verla cuando camina
con ese tranco apurao,
es el retrato pintao
de la mujer argentina.
4
Mujer hecha a los rigores
como en los tiempos de mama,
y muy poco de su fama
han hablao los escritores,
han sido más sinsabores
que delicias y placeres,
se le han casao las mujeres,
“el viejo” anda con los potros,
y ella, de un lao pa’l otro
trajina con sus quehaceres.
5
El hijo mayor, “El Beto”,
primer fruto de ese tallo,
medio ariscón pa’l caballo
aunque le tiene respeto;
el destino en su trayeto
le dio un rumbo desigual,
por no lidiar un bagual
-aunque le sobra la vista-
hoy anda de maquinista
en Vialidad Nacional.
6
“La Tuqui”, “El Negro” y “Melucho”
hace tiempo que se han ido,
cada uno con su nido
se han casao, y no hace mucho;
cortito mesmo que pucho
es Guillermo, ¡la gran siete!,
pero hay que verlo en un flete,
si de pensarlo me arrugo:
le suelen llamar “Tarugo”,
reconocido jinete.
7
Serión y de pocas bromas
es el marido de “Chola”,
sus virtudes enarbola
porque no juega ni toma,
si parecen dos palomas
que el amor los ha’yuntao,
y “El Catango”, que’s soldao
‘ta cumpliendo la milicia
y aunque sea una injusticia
pasará un año pelao.
8
“La Barcia”, hija ejemplar,
de la familia un reflejo,
y es muy parecida al viejo
hasta en la forma de hablar;
también les voy a nombrar
en este verso campero
al “Quelito”, que es boyero
obediente pa’l mandao,
eso sí: es más empacao
que toro en un hormiguero.
9
González y un entrerriano
agrandan el parentesco
y pa’ tuitos les ofrezco
el aprecio de un hermano.
No precisa ser baquiano
si anda por esta estensión,
pero si es medio chambón
y no sabe como dir,
¡cualquiera le va a decir:
“Ayá, está el rancho’e Melón”.
                    (década de 1960)


Versos de Rafael Bueno

GENTE DE TRABAJO

El sábado amaneció
con tupidos nubarrones
y el tiempo se hizo opiniones
de si va a llover o no,
pero esto no incomodó
pa’ comenzar la jornada.
Se juntó la caballada
y entre la manga y tranquera
el ruido de las tijeras
sonó con gusto a tusada.

Durante todo ese día
se trabajó pa’l siguiente
demostrando aquella gente
saber muy bien lo que hacía.
El patrón, que dirigía
ordenaba la cuestión
y al mirar con atención
desvasar a los caballos…
al ver que rengueaba un bayo
le ató una cerda al garrón.

Y antes de que amaneciera
el domingo pa’ la doma…
churrasco, mates y bromas
adornaban la matera;
y porque el tiempo no espera
y la luz corre al lucero
ya todos se dispusieron
a comenzar sus labores…
los del lazo, acarreadores,
el que ensilla y palenqueros.

Y encaran pa’ los corrales
porque hay que clasificar
y por el nombre, anotar
a todos los animales;
antes, descuelgan bozales
y lazos, del corredor
y un buen apadrinador
el tiempo bueno… celebra
con un trago de ginebra
que alcanzó el anotador.

Y aura sí… no falta nada…
Se ha puesto en todo, cuidao…
los caballos bien ataos,
las espuelas destrabadas,
en el palenque amarrada
la bandera azul y blanca
y llega, luciendo en l’anca
un lazo nuevo, el patrón
con su felicitación
diciendo: “¡Mi gente es manca…!”.

Y cuando ya son la diez
y la fiesta se avecina
para empezar de las clinas
y no aflojar más… después;
será el aplauso, tal vez
para el flete o domador…
más yo que nací cantor
y aprendí a mirar de abajo
¡pa’ la gente de trabajos
será mi canto mejor!


Versos de Víctor Abel Giménez

COMO EL ABROJO

A Guillermito Melón, que a sus 13 años de edad,
bien se lo puede llamar un criollo de ley,
pues sabe defender nuestra tradición campera
en el difícil arte de jinetear, vayan de este humilde
poeta gaucho, los versos que por admirarlo le nacen
y que al brindarlos lo hace, no perdiendo la ocasión
de decir: ¡Felicidades, fuerza y mucho corazón!”

Voy a cantar, decidido,
si es que me ayuda la voz
para un jinete precoz
que’n Udaondo ha nacido,
el pago donde ha vivido
este modesto escritor
en un tiempo domador,
y les diré -por si acaso-
me defiendo con el lazo
sin ser un buen pialador.

Es un pichón argentino
que se llama Guillermito
y en los pagos anda invito
en lo que va del camino.
En este verso me inclino
porque le quiero cantar:
nadie se debe asombrar
es un jinete sin cuento
con mucho conocimiento.
Se lo puedo asegurar.

En fiestas tradicionales
hace honor al apellido
y es como abrojo prendido
al lomo de los baguales.
Tal vez no tenga rivales
de tan poca juventú
que defiendan la virtú
de nuestra raza campera
jinetiando campo ajuera
entre’l riñón y la cruz.

Chiquito, pero agrandao,
hoy demuestra su coraje
sin miedo de que lo baje
el potro más reservao.
Donde quiera que ha pisao
lo aplauden con alegría,
humilde, sin fantasía,
sin importarle la fama…
Así es esta gaucha rama
que tiene la Patria mía.

Nuestra gaucha tradición
no se ha de morir jamás
si hay un jinete capaz
como Guillermo Melón,
que defienda con tesón
las domas, potros y yerras,
que todo lo gaucho encierra
con el más hondo sentir
pa’ que no puedan morir
las costumbres de mi tierra.


Versos de Rafael Bueno

sábado, 27 de agosto de 2016

EL PATRONCITO

Recia estampa que esculpieron
el sol, la lluvia y los vientos,
corazón y sentimiento
que a campo abierto nacieron;
brazos fuertes que se hicieron
entre crines y entre guampas,
reproducción de una estampa
grabada a pura guapeza
que va perdiendo firmeza
en el cuadro de la pampa.

Tiene por “reino”, una estancia,
y por “trono”, un redomón;
su “culto” es la tradición
que modeló su arrogancia,
su perfume es la fragancia
del trébol y la gramilla;
su lujo es una tropilla,
su pasión, una guitarra
que sus manos como garras
con suaves notas, ensilla.

Vista ropas de rigor,
por toda joya un cuchillo;
tiene en su aspecto sencillo
la prestancia de un señor;
su gesto dominador
y su palabra medida
dan la impresión enseguida
de hallarse frente a un varón
que a impulsos del corazón
le va guapeando a la vida.

Hace punta su figura
en las más rudas jornadas
y se agrandan las peonadas
con su ejemplo y su bravura;
su varonil apostura
y su cantar de jilguero
lo han hecho luz de un lucero
que en madrugadas hermosas
alumbra sueños de mozas
que van buscando su alero.


Versos de Miguel Ángel Castagnino

domingo, 21 de agosto de 2016

EL BOLICHE DEL VENADO

Su nombre quedó grabado
entre carreras y tragos
y hoy es historia en el pago
“El Boliche del Venado”;
el tiempo se lo ha llevado
como una cosa cualquiera,
solo quedan a la vera
del camino que va a Pila
los recuerdos que desfilan
en medio de una tapera.

Un montón de cosas viejas
quedaron alrededor
en lugar del mostrador
y de las antiguas rejas,
las baldosas desparejas
de la cancha de pelota,
algunas botellas rotas,
escombros, huesos, ladrillos,
donde se esconden los grillos
y le gritan su derrota.

A las dos huellas iguales
de la cancha de cuadreras
las borran las vizcacheras,
los pastos y los cardales;
solo sombras fantasmales
de famosos parejeros
galopan por el potrero
y sus nombre favoritos
los repiten en sus gritos
las lechuzas y los teros.

Pero cuando muere el día
en medio de aquella calma
parece que vive el alma
de la antigua pulpería;
vuelve el fogón que encendían
y rodeaban los reseros,
pero a falta de yesqueros
hoy lo encienden las estrellas
y los rodean las huellas
que dejaron los troperos.

Vuelve a sonar la vihuela
que pulsaba el payador
y en el palenque hay rumor
de coscojas y de espuelas.
Todo eso en el aire vuela
sobre el sitio abandonado
cuando el viento del Salado
acaricia las barrancas
y llega trayendo en ancas
todo un hermoso pasado.


Versos de Miguel Ángel Castagnino

PION DE FIERRO

Te veo como hace mucho
molino rodiao de quinua
y a tu música continua
me parece que la escucho.
El recuerdo es un matucho
al que hoy le suelto la rienda
y en el potrero no hay senda
que conduzca hasta vos,
por siempre juiste y sos
el boliche de la hacienda.

Te veo en esas mañanas
en que el aire no se queda
y parece que tu rueda
diera güelta con más ganas;
o en las tardes alazanas
que al cerro bañan el lomo
cuando en un tímido asomo
y en tu espejo de agua clara,
se iban a mirar la cara
las hijas del mayordomo.

Queriendo matar la sé
en algún día sereno,
después de aflojarte el freno
por un vientito rogué.
Cuántas veces me bañé
en tu líquido profundo
y pa’ gozar sin segundo
esperé que anocheciese,
pa’ que ningún o me viese
como Dios me ha echao al mundo.

Una güelta te rompiste
y, cuando bajó el solazo
bajó el flotante su brazo,
la cosa se puso triste.
Un insulto recibiste
como si el culpable jueras
de las quejas lastimeras
que se oyeron con balidos,
manotones y mugidos,
cuatro jornadas enteras.

Después vino la alegría
con un despacioso arranque,
volviste a llenar el tanque
y a trabajar noche y día.
Volvió a salir a porfía
un torrente de tu caño.
Hizo sobre el travesaño
un hornerito su casa
y otra vez pediste grasa
con un alarido extraño.

Me hacés acordar al pión,
viejo pero voluntario
trabajando sin horario
por un sueldito pobrón.
Por eso, con emoción
después de andar por la vida,
vuelvo a vos de recorrida,
el corazón fatigao,
como el pecho colorao

al charco de tu bebida.

Versos de Luis Domingo Berho