domingo, 23 de marzo de 2014

ROMANCE DE JUAN GODOY

I

Sin que naide loj arree
se van en tropel loj años:
¡hace ya más de cuarenta
que poblamos estos campos!
Yo nací en el paso’e Ponce
que’ej en el partido’e Ranchos
ayá justo ande el Salau
da la guelta pa Belgrano.
Y jué en una primavera,
De un amanecer nublao,
que en mi carro’e cuatro estacas
salí revoliando el látigo.

Tráiba el crédito en las varas:
un oscurito picazo
marca’e Rudecindo Lobos.
En las cadenas: un ruano.
¡Pobre mi curcuncho viejo
capaz de arrastrar un rancho
aunque juera de rodiyas!
De ladero prendí un zaino,
medio chafalote al verlo,
pero ¿cómo guapo? ¡Guapo!

Era en octubre. Una gloria
atravesar esos campos
retoñaos de margaritas
con mi amor y mis treinta años!
Y yegar a estos parajes,
y levantar este rancho,
trabajar haciendo el nido
de sol a sol com’un pájaro,
y cavar este jagüel,
y probar el primer trago,
y rairme solo al pensar
cuando planté estos paraísos:
algún día darán sombra
pa que jueguen mis muchachos.
Cada año nos daba un hijo
y se hacía chico el rancho.

II

¡Pero malhaya la suerte
que me trajo el desamparo!
Agatas jueron mujeres…
Una traj otra volaron
en fila, como vinieron,
en ancas del primer vago
que les conversó algo lindo
y lej arrimó el cabayo.
¡Malhaya la suerte perra
que se yevó mi muchacho!
¡Si lo están viendo mis ojos
en aquel día de marzo
corriendo entre el guamperío
sobre su bayo naranjo!

Le hocicó como diez metros,
-si me caigo o no me caigo-
el chiquilín jue a dar lejos,
como a medio tiro’e lazo,
y el mancarrón sobre el tuso
se dio güelta pa’pretarlo.

Lo alcé en estos brazos viejos
que de chico lo acunaron ,
y así se durmió pa’ siempre
a la sombra de unos cardos.

Con tanto cuarto vacido
¡qué largo parece el rancho!
El cicutal y la quinua
atropeyan pa voltiarlo.

¡Si en vez de tantas chancletas
Dios me hubiera mandau machos!

Versos de Juan José Marín

CUANDO ABANDONÉ EL RECAU

Cuando abandoné el recau
lo hice con tanta tristeza
que derrumbé mi cabeza
sobre los cueros doblau.
Así quedó mi pasau
entre los cueros, perdido,
y yo triste y abatido,
solo a pie como un andante
emprendí desde ese instante
el camino del olvido.

Al mirarlo abandonau
en silenciosa quietú
recordé mi juventú
dejada sobre el recau
como si estuviera atau
a mi sangre a o mi piel;
pero hoy insensible y cruel
lo tengo que abandonar
que por temor a charquear
no quiero morir sobre él.

En mi vida de mensual,
de domador o resero,
si habré ensillado mañeros
pa’ poder ganar un rial.
Con él y con un bagual
yo era de la tierra el dueño,
y hoy que no tengo el empeño
que el espíritu reclama
no me sirve ni pa’ cama
porque ya me quita el sueño.

Y lo entregué con mis manos,
con la pena y la amargura,
le entregué a la sepultura
el cuerpo de un pobre hermano.
He llegau a ser anciano
y la osamente me pesa
y no quiero la tristeza
de que un día, sin batalla,
cualquier manso se me vaya
con mi orgullosa pobreza.

Cuando pa’l último vuelo
ate una noche al palenque
sin espuela, sin rebenque
la voy a saltar en pelo.
Será mi único consuelo
y por eso es el motivo,
que él no se quede cautivo
de mi derrota en la prueba,
hoy, que la muerte me lleva
como colgau del estribo.

Versos de Jorge Soccodato

sábado, 15 de marzo de 2014

DOÑA INOCENCIA

1
Una ve’stuve apurao
en un puesto’e los Ayala
cuando le arrastraba el ala
a la chica’e los Aldao;
entre ojos me había tomao
la madre de’sa mi china,
y una vez que’n la cocina
yo estaba junto a mi ñata
¡cuasi me ruempe una pata
con un palo’e sina-sina!
2
Se vinieron varios piones,
entre ellos venía Romero
que’ramos muy compañeros
en destintas ucasiones;
“-No me gustan los matones!
-les gritó con valentía-
esto va por cuenta mía
y el gasto lo pago yo”,
ella mesma me curó
y es mi suegra de’se dia.
3
Es una china güenaza
pero… difícil de arriar
y eso les puede contar
“El Pampa” don Juan Barraza.
Una vez llegó a su casa
buscando un potrillo overo
que “El Pampa” -medio cuatrero-
se lo negó, y pa’ tal caso
se desmontó de un “picazo”
sin más armas que’l talero.
4
Le dijo: “-Atrás del galpón
está el potrillo que busco”
y le dio un guascazo al cusco
que le toriaba el garrón;
“El Pampa” sacó el facón
y quiso atajarle el paso,
y del primer talerazo
le hizo perder el cuchillo,
dispués se trajo el potrillo
apariao con el “picazo”.
5
Otra vez a un tal Molina
por causa de unos terneros
le pegó un susto tan fiero
que se ganó en la cocina;
y aunque era güeña vecina
-en esto tenía su fama-
asigún contaba mama
que de noche acostao
tenía el rebenque colgao
en la perilla’e la cama.
6
Jamás pelió sin razón
y donde quiera que andaba
la gente la respetaba
como sin juese un varón,
y en más de una ocasión
siendo tan güeña, por eso,
galopiaba de esprofeso
como chico a los mandao,
pa’ curar un empachao
sin cobrar jamás un peso.
7
Su esposo Zenón Aldao
campero como los talas
que’n la estancia’e los Ayala
jue domador muy mentao,
al pialarla de volcao
a una yegua puerta’juera
se resintió en la cadera
pero ella, con todo esmero,
le galopió unos overos
de un tal Nemesio Contrera.
8
Su nombre, Inocencia Lara,
con mas años que el empacho,
se crió catorce muchachos
sin otra que la ayudara,
por su hija menor, la Clara,
esa vez cuasi me achura;
hoy se ha’chicao su figura,
está viejona y enclenque
¡pero aun maneja el rebenque
con habilidá y soltura!

Versos de Rafael Bueno

viernes, 14 de marzo de 2014

LOS DOS PICAZOS OVEROS

1
Mi güen amigo Cisneros
le’scribo de anticipao
pa’ contarle l’he amansao
los dos “picazos overos”;
los he domao con esmero
bien a la usanza campera,
seguro, probarlo’espera
y verlo -un lujo sería-
manejarlos con maestría
trabajando por Las Heras.
2
Llegaron desde Las Flores,
los envió Don Sebastián,
amigo de aquel Froilán
que conocí por Dolores;
son dos y de los mejores
que pisaron por la estancia,
compadrones, con prestancia…
más elogios, no derramo.
¡Parecen pintaos por Ramos
por su estampa y elegancia!
3
Al traerme los baguales
dentré a puro maneador
a quitarles el temor
y las cosquillas sacarles;
las maneas colocarles
y luego el siguiente paso:
bozal y bocao pa’l caso
más un cabresto largón,
enderecé’n dirección
ande’staba mi “picazo”.
4
En un “bayo”, juguetón
Martín andaba esperando
y “El Poli” Rossi ensiyando
mi “picazo” en el galpón;
Gualtieri, pa’ la ocasión,
iba poniendo el asao
y López, en un costao
el cimarrón ensiyaba
mientras que yo acomodaba
las pilchas de mi recao.
5
“El Poli” salió adelante
y yo, largué por atrás,
el primero salió en paz,
el otro un poco picante;
como a ocho metros distante
Martín estaba observando;
y al sacarlos disparando
le agarraron las orejas,
mientras largaba unas quejas
la boca le iba tirando.
6
Después, un poco de sal,
les coloqué en las encías,
dejándolos cuatro días
pa’ no formarles un mal.
Al tantiarlos por igual
comencé con los galopes,
mientra’el cabresto, a los toques
a las patas sacudía.
No se sabe si algún día
el lazo, no los provoque.
7
¿Pa’ que seguirle contando…?
¡Usté lo sabe aparcero!
mucha pierna, y por entero
el cuerpo le fui hamacando.
Hasta los fui acostumbrando
con el poncho galopearlos
porque si al acariciarlos
se le de por juguetear
y no sea que al lloviznar
de a pie, me lo vean dentrarlo.
8
Completos los he dejao
mi güen amigo Cisneros,
pa’l desempeño campero,
con título de abogao.
Cosas que me han enseñao
las charlas en el fogón
y dejo, aquí, en la ocasión
del maestro el nombre puesto
y en el encerraré’l resto:
¡Don Juan Carlos Marañón!

Versos de Gustavo Márquez Pereira

miércoles, 12 de marzo de 2014

DE PURA CEPA

            (relato)
1
Fue pa’ fines de febrero
que entre ginebra y amargo
pa’ un viaje bastante largo
me arreglé con un resero;
la tropilla de un campero
siempre se halla en condición
y después de un madrugón
y de un beso que aún aspiro,
con la madrina de tiro
me perdí en el callejón.
2
Seis meses duró mi ausencia
pero añorando el paraje
una mañana armé viaje
con rumbo pa’ mi querencia.
¡Cómo pica la impaciencia!
en el regreso esperao,
si hasta los pingos, cuñao,
tras macucos galopones,
después de dos revolcones
ya pedían el recao.
3
Y así volví, ¿y para qué…,
pa’ encontrar de mi morada
la tapera abandonada
que aquella tarde encontré…?;
de rabia casi lloré
abrazao a mi alazán.
Si la china de mi afán
también me jugó una broma
y en su destino’e paloma
voló tras su gavilán.
4
Me dolió tanta ruindad
y al verme tan castigao
al tranco de mi montao
me perdí en la inmensidad;
me abracé a la soledad
de aquella verde extensión.
Salía de un cañadón
para ganar el sendero,
cuando un cus-cus agorero
me acongojó el corazón.
5
¡Cruz diablo!, bicho dañino,
le grité en un santiguao
y pensé, va de costao
la taba de mi destino;
si la mala es mi camino
la he de topar, no se asombre,
no es de criollo dar un nombre
ni maldecir el ayer,
ni llorar como mujer
sus desventuras de hombre
6
Más de un día galopié
sin saber pa’nde rumbiaba,
sin saber si me escapaba
y si escapaba ¿por qué?
Medio me desorienté
en esas cavilaciones,
ya colgaba sus crespones
la noche en el horizonte
cuando al salir tras de un monte
divisé unas poblaciones.
7
 Y allá me fui, pues quería
tratar de echar un bocao
y el paraje divisao
era de una pulpería;
desmonté y con alegría
a los dos pingos manié,
las espuelas me saqué
y como lo hace un paisano,
con el chambergo en la mano
en el boliche dentré.
8
Con un ¡Muy güenas, patrón!,
me acodé en el enrejao,
-¿Qué se le ofrece, cuñao?
-Galleta, fiambre y carlón.
Me entró a llamar la atención
de tres que se me apartaron,
entre ellos se conversaron
y después de un cuchicheo
sin hacer ningún rodeo
dos ojos me provocaron.
9
La previsión de un alerta
es muy buena consejera
y al querer buscar pa’juera
ya me habían ganao la puerta;
en uno de ellos vi cierta
la provocación bien clara,
lo dejé que me mirara
sin querer hacerle caso
y el que me cerraba el paso
me provocó cara a cara.
10
Me le acerqué como al tranco
diciéndole que asujete,
cuando le puse un moquete
que lo tumbó contra un banco:
-¡No han meneao a ningún manco
ni a ningún sordo han hablao,
ni permito que un zafao
me provoque y me denigre!,
cuando se vino hecho un tigre
el hombre que había volteao.
11
La pucha, viera el furor
conque me grito: -¡Por mama,
y mesmo te haré la cama
ya que sos madrugador!;
y allí peló un alfajor
más puntudo que un colmillo
y me refregó aquel pillo
la punta por el ombligo,
como diciéndome, ¡Amigo,
otra cosa es con cuchillo!
12
Yo me hacía el asustao
sin querer desenvainar
cuando me dentró a apurar
del uno y del otro lao,
quizá de engolosinao
no previó ninguna trampa
y les digo que aquel pampa
pa’l cuchillo no era enclenque,
cuando le bajé el rebenque
en el medio de la guampa.
13
Arranqué pa’ difuntearlo
por guarango y atrevido
mas cuando lo vi caído
se me dio por perdonarlo;
alguien supo manotiarlo
pues lo iba a dejar reyuno
y allí les grité oportuno
a los otros que quedaron:
-Tres fueron los que coparon
y aquí perdió solo uno.
14
Ninguno buscó querella
ni dijo, esta boca es mía
y de aquella pulpería
me fui al tranco por la huella;
y es desde la noche aquella
que soy matrero y bandido
y me escondo perseguido
en algún monte o bañao,
como perro cascoteao
que lo asusta cualquier ruido.
15
No tengo rancho, ni quincho
y soy, oculto en la bruma,
en los pajonales, puma,
y por los riachos, carpincho.
Tierra gaucha, hoy me cincho
con el correón del ultraje,
mas defiendo a lo salvaje
con dignidad campesina
la tradición argentina
a impulsos de mi coraje.


Versos de Víctor Nicolás Di Santo

martes, 11 de marzo de 2014

PAMPA VIEJO

Recuerdo eras cuero y hueso
y yo en mi afán de muchacho
coroné con tres penachos
la tabla de tu pescuezo,
te di por nombre “Travieso”
adivinando tus trampas,
rasquetié tu pelo pampa,
corté tu cola al garrón
y te metí pa’ un galpón
orgulloso de tu estampa.

Mi primer caballo eras,
mis develos de gurí,
cuantas veces ni comí
por curarte las bicheras,
si hasta de unas arpilleras
te hice manta para el frío
pa’ cubrirte del rocío
en ese invierno crudón,
y ponía doble ración
si veía el morral vacío.

Aparcero de las huellas
nos hicimos tumbo a tumbo
y alumbrábamos el rumbo
con un pabilo de estrellas;
penas, dolores, querellas
nos traían los sinsabores
y risas, cantos y amores
nos deparaba otro fin,
una cinta pa’ tu crin
y para mi pecho flores.

Y en uno de sos caminos
que sobre tu lomo hiciera
encontré la compañera
que se empotró a mi destino;
los años en torbellino
nos brindaron su albedrío
y hoy siento un lagrimón frío
por esos recuerdos tiernos
y han pasado treinta inviernos
sobre tu lomo y el mío.

Somnoliento en el potrero
tranqueas bichoco y enclenque
o andas rondando el palenque
pa’ servir de mandadero,
o pa’ que un mozo pueblero
que llega al campo a pasear
te quiera hacer galopear
moviendo piernas y brazos,
pero vos, salís al paso
sin apuro y sin mosquear.

Cuando me evoco muchacho
dentro a recordar tu estampa
y veo aquel pelo pampa
con aquellos tres penachos;
de nostalgias me emborracho
al verte viejo y sobón.
Que te llamen mancarrón
es el final de tus glorias.
yo en un rosario’e memorias
te rezo en mi corazón.


Versos de Víctor Nicolás Di Santo

sábado, 8 de marzo de 2014

DEL TIEMPO DE LOS RESEROS

Iban entrando al paraje
de la estancia “La Florida”
por una calle tendida
de muy bonito paisaje;
serio los hombre’n el viaje
gritándole al cola fina
y al tranquiar de la madrina
con el tañir del cencerro,
alborotaban los perros
de algunas casas vecinas.

“-Vaya a charquiar la paleta
(dijo el capataz Mauricio)
de pasada alce los vicio’
que están en esa maleta;
va a ser mejor que le meta
y vaya prendiendo fuego
que nosotros vamos luego,
tengo que acortar el tranco
porque van dos toros mancos,
si los apuro… no llego.”

Una legua galopió
más o meno’aquel resero
y al puesto del caminero
al poco rato llegó,
ni bien las manos golpió
lo invitaron a pasar,
dijo: “-Vengo a molestar
si no es ningún compromiso,
quiero que me den permiso,
traigo carne para asar.”

Iban tejiendo amistá
achicando las distancias
arriando pa’ las estancias
o rumbo a Vivoratá;
reseros y capataz
compartían un buen mate
y mientra’el fuego se bate
con la llama que no apaga
comentan de Madariaga
que estuvo lindo el remate.

Las vacas amontonadas
no se ven por esa senda,
en los camiones de hacienda
ahora viajan enjauladas,
de esa forma transportadas
a cualquier punto se van,
pero esos hombres no están
marchando por los praderas,
solo queda la tapera
de don Salvador Luján.

Versos de Carlos Luján