martes, 18 de agosto de 2015

EL PUESTERO DE "EL ROSARIO"

Ensilló un “zaino” cacunda,
por costumbre alzó “el marote”,
se puso un poncho grandote
ansí medio de segunda,
y antes que’l lucero se hunda
tiene tuito acomodao,
y en los pastos escarchao
va dejando las pisada’
mientras le da una mirada
al fogón medio apagao.

Se llama Justino Riales
y es puestero en “El Rosario”,
el patrón, fuerte empresario
dueño’e miles de animales,
hombre de tratos cordiales
y por tal causa y razones
tiene confianza en sus piones
y por lo mismo Justino,
hace años que se vino
de la estancia “Los Mojones”.

El hombre como puestero
tiene mucho pa’ atender:
potreros que recorrer,
arreglar un esquinero,
capar un potro, un ternero
o una vaca parteriar,
y si tiene que cueriar
lo hace con mucho cuidao.
(no deja un cuero rayao
por si le toca lonjiar).

Y como es organizao,
de güelta de recorrer,
tiene tiempo pa’ tender
unas trampa’en el bañao;
-vio unos rastros que han andao
comiendo ayá en los unquillo’-,
prendida a unos duraznillo’
dejó seis trampas tendidas
pensó “¡estas son de medida!”,
porque’l paisano no es ‘grillo’.

Llegó arriando la tropilla
justito pa’l mediodía
y en esa mañana fría
el “cacunda” desensilla;
se revuelca en la gramilla
el pingo ricién largao,
priende el fogón apagao,
pone el agua a calentar,
se sienta a cimarroniar
mientras que se haga el asao.

Y en esa tarde cortona
ensilló el “gatiao overo”,
hay que cambiar de potrero
un lote de vaquillona’;
un estilo viejo entona,
monta y sale al trotecito,
y en cuanto pasa un charquito
alza un galope tendido
mientras el sol ha querido
perderse en el infinito.


Versos de Ángel Feliciano Mele

lunes, 20 de julio de 2015

AMIGO

Día del Amigo 2015

AMIGO

Te mando un saludo amigo:
¡que pases un feliz día!
Eso me dará alegría
y será poncho de abrigo.
Porque sé, sos como el trigo
que con su harina da el pan,
y con tu afecto y tu afán
haces la harina bendita
de darle al que necesita
tus manos, que siempre están!


lunes, 13 de julio de 2015

MIRANDO LEJOS

Amalhaya quien pudiera
volver a ese tiempo de antes:
sentarse lo más campante
junto al fuego, en la matera
y hacer galopiar la pera
con un guiso gaviotero
caldudo, o un buen puchero
de falda, más bien gordón,
comer como un sabañón
y al cinto hacerle otro ahujero.

Mojar aquella galleta
de campo en los huevos fritos
y hacer unos gorgoritos
de giñebra en la limeta
-eso sí, en forma discretapa
´ desparramar la grasa;
poner más luego en las brasas
la tiznada, y de un tirón
sentársele a un cimarrón
pa´ sacarse la cachaza.

Velay el plato enlozao
playo u hondo, según fuera,
y la cuchara sopera
de bronce o metal platiao,
y el tenedor ya gastao
con los dientes desparejos,
o aquellos cuchillos viejos
de mesa, marca Eskiltuna…
Qué cortadores, ahijuna!
A los de hoy, los dejan lejos.

Yo tengo uno que mi Negra
hace tiempo dio de baja,
filoso como navaja
-que supo ser de mi suegrael
volverlo a usar me alegra
y aunque tengo otros de plata
cuando de lonjear se trata
a él recurro sin recelo
pues corta en el aire un pelo
si lo asiento en la alpargata.


 Y aunque el pasao no regrese,
no es asunto que me apene,
pues la memoria sostiene
y en el sentir no envejece
lo vivido que florece
cuando la motivación
cencerrear el corazón
nos hace por el contento
de atizar el sentimiento
cual brasitas de un fogón.

Versos de Guillermo Villaverde

sábado, 16 de mayo de 2015

EL GATIAO Y LOS OVEROS

1
Yegué al puesto de Valerio
que está cerca’el callejón
y salió un hombre viejón,
alto, bigotudo y serio,
y con un recio criterio
dijo: “-Yo soy el puestero,
que anda haciendo compañero…?”
y ya le fui comentando
le dije: yo ando buscando
un "gatiao" y dos "overos".
2
Se quedó como pensando
con cara’e pocos amigos,
me dijo: “-Ayer fui testigo
ver unos pingos pastiando;
después pasó galopiando
por aquí, un tal Carabayo,
arriando varios cabayos
y después no sé más nada,
yo pensé, pa’ las arriadas
ese mozo es como un rayo”.
3
Muchas gracias por el dato
-le dije-, hasta la güelta,
ya vi mi mente resuelta
y le sentí mal olfato;
después de pensar un rato
el destino’e mis cabayos
si los arrió Carabayo,
y al istante calculé,
que capaz que ha entrao tal vez
al campo de los Ramayo.
4
Cuatros leguas esigidas
galopiando sin cesar,
por ayá empecé a oservar
una alambrada caída,
yo con mi vista tendida
hacia adentro de un potrero
vi al “gatiao” y a los “overos”
mezclao’ con unos potritos,
y más ayá, al trotecito
se aprosimaba el puestero.
5
Cuando ya s’iba acercando
fijamente me miró
y también lo hacía yo
sin pensar y ni jugando,
que fuera mi amigo Orlando
y en cuanto lo conocí
el también pensaba en mi:
“-¡Pero tanto tiempo hermano!,
¿qué andás haciendo Mariano
por estos pagos y aquí?
6
Yo estoy en la estancia “El Tero”
y ayí empecé a trabajar
y me vieron pa’ domar,
a más de pión de un puestero,
tal que agarré unos “overos”
cuatros “bayos” y un “gatiao”,
y es la causa qu’he yegao
a estos parajes juyido
porque se me habían perdido
tres pingos que ‘ahí ‘tan al lao.
7
“-Yo ricién los veo, hermano,
más del alambre caído,
pensé, serán de Salido
-el mensual de “San Laureano”-,
pero ansí es la suerte hermano
que los encontraste aquí,
si esto no se daba ansí
ni enterao por donde estabas!,
y ni pensar de que andabas
bastante cerca y… te vi.”
8
Ya hace tres meses que entré
en “El Tero”, a trabajar,
y solo había pa’ensiyar
unos mancarrones, ché,
ansí es que la corajié
pa’ domar esos baguales,
hay potradas sin iguales
de todo tipo y pelaje,
me gustó e hice coraje
con la ayuda’e los mensuales.
9
“-Así es la cosa, Mariano,
¡que alegría haberte encontrao!
y también que haigas hayao
a tus tres pingos, hermano;
un día te venís temprano
pa’ recordar lo pasao,
hoy sé que andás apurao
pero siempre estoy dispuesto
pa’ recibirte en mi puesto
y comernos un asao.”


Versos de Ángel Feliciano Mele

jueves, 14 de mayo de 2015

LA TENAZA PERDIDA

Volviendo de trabajar
en yegando hasta la casa
vi que perdí la tenaza
y tenía que regresar.
¡Ganas de desensiyar
a decirle la verdá!
¡Pero si es fatalidá
que tanto la precisaba!...
¡Y a ver si no la encontraba
antes de la oscuridá!

Era una marca “peuyó”
que mi abuelo había agencia’o
de un trabajo de alambra’o
ayá por Claromecó,
que ‘ndispués mi viejo usó
y la yevaba en la faja
pa’ dejarla en una caja
guardada con tal cariño
qu’era mi antojo de niño
créirla qu’era alguna alhaja .

Por las dudas revisé
otra vez en “la pelota”
que de una caña de bota
p’hacer maleta agarré,
un torniquete saqué,
californias, escofín,
clavos y un royo’e piolín,
la cadena y el canda’o
que siempre yevo guarda’o
por el puro berretín.

Mi plan, era senciyito,
fue volver por donde vine
derecho a los casuarines,
de ayí hasta los ocalitos;
tal vez yendo al trotecito
la viera desde el cabayo…
Y ahura bien, si ansí no l’hayo
fue que quedó en l’alambrada
donde la dejé colgada
y entonces, mejor me cayo...

Así arranqué decidido
oservando atentamente
pensando en el suconciente
por donde la habría perdido,
y aunque no estaba aflijido
porque yo la’iba a encontrar,
no paré de renegar
y aguzaba la mirada
pero igual no véia nada
¡y ande se habrá ido a parar!...

Más la noche se me vino
casi qu’en un pestañar
y apenas pude rastrear
una parte del camino;
la otra parte me imagino
fue solo adivinación,
por pálpito o sugestión
pero… ¿sabe qué me pasa?
No apareció mi tenaza
¡y en eso no hay solución!...

Versos de Nicolás "Quino" Luna

sábado, 7 de marzo de 2015

DE MIS CAMPOS

Por un ancho callejón
cubierto de pastos verdes
donde la huella se pierde
entre el cardo cimarrón,
y bordeando un cañadón
poblao de juncos y teros
que dan su alerta campero
al sentir ruidos distantes
con tropilla por delante
van tranqueando dos reseros.

Ya el sol que quiere esconder
su disco detrás de un monte
se oculta en el horizonte
y comienza a anochecer…
el día al palidecer
pone al campo hondo silencio
interrumpido a momentos
por el ladrido de un perro
o el tañido del cencerro
que va rondando muy lejos.

Blanca y tenue cerrazón
viene los bajos cubriendo
y una luz apareciendo
denuncia una población.
Sobre un antiguo mojón
una lechuza parada
lanza de pronto asustada
su chistido de advertencia
y con rumbo a la querencia
marcha lenta una majada.

Cerca de un molino, echada
en montón, confusamente,
rumiando pacientemente
se encuentra una novillada;
una vaca distanciada
busca el ternero blanco.
Van unos patos volando
con destino a la laguna
y sobre el cielo la luna
su forma está recortando.

Después, silencio completo,
todo ha quedado callado.
Sobre el camino han parado
a hacer noche los reseros.
Brota el fogón, compañero
del que anda sobre la huella,
en lo alto algunas estrellas
de pronto han aparecido,
y ya los campos dormidos
reciben el beso de ellas.


Versos de Mario Rómulo De Olano

FLOR CRIOLLA

Entre grandes chañarales,
piquillines y brusquillas,
caldenes, jumes, jarillas
y muchos algarrobales.
Donde cantan los zorzales,
las calandrias y el boyero,
donde canta el teru-teru
y otras mil aves canoras,
vive sus últimas horas
el gaucho Braulio Lucero.

Es un rancho pobretón
que sostienen cuatro estacas,
con diez cabezas de vaca
que hacen círculo a un fogón.
Una yerbera, un porrón,
un mate y un asador,
un candil y un maneador
y en un cuerno de venao,
un ñandú recién boleao
con una picana flor.

De puerta un cuero estaqueao,
con el hollejo pa’juera,
sujeto a un marco’e madera
prolijamente cuadrao.
Tras de la puerta colgao,
un mate y un maneador,
un lazo, que es lo mejor
que se conoce en la zona,
se parece a una bordona
delgadito y zumbador.

Una tropilla entablada,
fiel al tin tin del cencerro,
varias ovejas, un perro,
diez chivos y una manada.
Una guitarra empolvada
que tiene en el clavijero
de azul y blanco un letrero,
bordado en cintas muy fina,
que dice: “Juana Molina,
pa’l gaucho Braulio Lucero”.


(según Tonito Rodríguez Villar, lo cantaba Félix Dardo Palorma. Lo cantaba... no que era el autor)