Era un negro alto y delgao,
medio lampiño y bien mota,
de poncho, pero sin botas
y chiripá muy gastao.
Auténtico gaucho alzao
hecho a pampa y a sereno,
nadie sabía más o menos
ni de donde había venido,
puesto que’ra conocido
solo por “El Negro Ajeno”.
Cruzándole la cintura
tráiba y no por angelito,
un facón marcha “Chanchito”
con flores de plata pura.
Era un lujo su figura
mezclao con la polvadera,
y como si poco fuera
tráiba un mazo de barajas
y apretándole la faja
la soga de las potreras.
Tráiba aparte de tan rudo
como un honor a su raza
un par de espuelas machazas
en los garrones desnudos;
tuitos los pingos clinudos
-es decir, sus parejeros-
y aunque hilachento el apero
sin lujo, ni maraviya,
yegó arreando una tropiya
de diez rosiyos overos.
Cada vez que algún rodeo
Don Galeliano paraba,
“El Negro Ajeno” yegaba
desde los campos más feos;
su aspeto de gaucho reo
le dio una estampa pasiva
porque viva donde viva
reclamen, no lo reclamen,
yegaba, sin que lo yamen
y sin que lo echen se iba.
Por “San Francisco” se cuenta
que desde que “El Negro” anduvo
fue gaucho que siempre tuvo
con la justicia, sus cuentas.
En las campañas violentas
vivió su mundo tamaño,
hasta que’l galope huraño
de su vida peregrina
lo yevó con la neblina
del trascurrir de los años.
Versos de Saúl Huenchul
viernes, 13 de enero de 2012
martes, 10 de enero de 2012
ES AL ÑUDO QUE LO FAJEN
Dice un refrán compadrón
pero de lindo lenguaje,
“que es al ñudo que se faje
al que nace barrigón”,
y se acierta, en mi opinión,
con que en tal forma se diga,
porque el tal refrán estriba
en afirmar, de contao,
que al que nace jorobao
no hay quién le quite la giba.
El que nace para medio
y no llega nunca a real,
es que padece de un mal
á que no se halla remedio,
y en su interminable tedio
puede esclamar con razón:
¡gran siete!... en toda ocasión
el que es dichoso relincha,
y al ñudo le atracan cincha
al que nace barrigón!
A su gusto, satisfecho
halla un gaucho una morocha
y en seguida desabrocha
todo el amor de su pecho,
pero cuando mas derecho
cree realizar sus anhelos,
se le atraviesan los celos,
y á ese gaucho ardiente y rudo
que lo fajen es al ñudo
para acortarle los vuelos.
Nace suertudo un cristiano
y si cuando juega envida,
en el truco de la vida
no le ganan ni de mano
y si un “picudo” paisano
comienza á payar de lleno,
por más que le digan, bueno!
no para el hombre la lata,
que al ñudo es la serenata
si la moza no es de freno.
Quien de chico tiene mañas
sin que le acorten la rienda,
y sin que nadie lo ofenda
sale de malas entrañas,
cuando sus tristes hazañas
realiza sin miramientos
es porn que soplan los vientos
de esa su vida pasada
y porque “al ñudo es sin nada
llevar maleta á los tientos”.
Generalmente una fea
halla marido buen mozo
y á la de rostro precioso
no hay quien le encienda la tea;
no falta en eso quien vea
lo de que “el amor es ciego”,
pero más bien yo me allego
á que otra cosa ha de ser
“que si no es leña de arder
al ñudo es prenderle fuego”.
Trabaja el agricultor
constantemente en la brecha
y la anhelada cosecha
se le pierde á lo mejor;
el que no es trabajador
siembra á veces al descuido
no cuida lo que ha nacido
y es todo una bendición,
porque “al que nace panzón
es al ñudo”… ¡por sabido!
El carrerista ocasiones
lleva la plata robada
y á veces una rodada
le roba sus ilusiones;
á veces los mancarrones
ganan de modo casual,
no porque sea el animal
blando ni duro de boca,
sinó porque “á suerte loca
no hay quien le ponga bozal”.
Y así es todo en esta vida,
del nacimiento a la muerte
hay que luchar con la suerte
para ganar la partida,
y ¡pobre del que se olvida
que la dicha es ilusión!
y llegando la ocasión
entre chircales se mete,
porque “cincharlo es al cohete
al que nace barrigón”.
Por eso yo no me cincho
y desafiando al destino
cuando me duele me empino
y en vez de llorar relincho.
Sé que no corto ni pincho
obrando de esta manera,
pero si á la suerte fiera
nadie la puede torcer,
lo mejor es, á mi ver,
no atropellar la tranquera.
(ca. 1902)
Versos de Alcides De María
(uruguayo)
pero de lindo lenguaje,
“que es al ñudo que se faje
al que nace barrigón”,
y se acierta, en mi opinión,
con que en tal forma se diga,
porque el tal refrán estriba
en afirmar, de contao,
que al que nace jorobao
no hay quién le quite la giba.
El que nace para medio
y no llega nunca a real,
es que padece de un mal
á que no se halla remedio,
y en su interminable tedio
puede esclamar con razón:
¡gran siete!... en toda ocasión
el que es dichoso relincha,
y al ñudo le atracan cincha
al que nace barrigón!
A su gusto, satisfecho
halla un gaucho una morocha
y en seguida desabrocha
todo el amor de su pecho,
pero cuando mas derecho
cree realizar sus anhelos,
se le atraviesan los celos,
y á ese gaucho ardiente y rudo
que lo fajen es al ñudo
para acortarle los vuelos.
Nace suertudo un cristiano
y si cuando juega envida,
en el truco de la vida
no le ganan ni de mano
y si un “picudo” paisano
comienza á payar de lleno,
por más que le digan, bueno!
no para el hombre la lata,
que al ñudo es la serenata
si la moza no es de freno.
Quien de chico tiene mañas
sin que le acorten la rienda,
y sin que nadie lo ofenda
sale de malas entrañas,
cuando sus tristes hazañas
realiza sin miramientos
es porn que soplan los vientos
de esa su vida pasada
y porque “al ñudo es sin nada
llevar maleta á los tientos”.
Generalmente una fea
halla marido buen mozo
y á la de rostro precioso
no hay quien le encienda la tea;
no falta en eso quien vea
lo de que “el amor es ciego”,
pero más bien yo me allego
á que otra cosa ha de ser
“que si no es leña de arder
al ñudo es prenderle fuego”.
Trabaja el agricultor
constantemente en la brecha
y la anhelada cosecha
se le pierde á lo mejor;
el que no es trabajador
siembra á veces al descuido
no cuida lo que ha nacido
y es todo una bendición,
porque “al que nace panzón
es al ñudo”… ¡por sabido!
El carrerista ocasiones
lleva la plata robada
y á veces una rodada
le roba sus ilusiones;
á veces los mancarrones
ganan de modo casual,
no porque sea el animal
blando ni duro de boca,
sinó porque “á suerte loca
no hay quien le ponga bozal”.
Y así es todo en esta vida,
del nacimiento a la muerte
hay que luchar con la suerte
para ganar la partida,
y ¡pobre del que se olvida
que la dicha es ilusión!
y llegando la ocasión
entre chircales se mete,
porque “cincharlo es al cohete
al que nace barrigón”.
Por eso yo no me cincho
y desafiando al destino
cuando me duele me empino
y en vez de llorar relincho.
Sé que no corto ni pincho
obrando de esta manera,
pero si á la suerte fiera
nadie la puede torcer,
lo mejor es, á mi ver,
no atropellar la tranquera.
(ca. 1902)
Versos de Alcides De María
(uruguayo)
domingo, 1 de enero de 2012
NOCHES PAMPAS
El día se puso lobuno,
se va apurando el cencerro,
y en la ladera del cerro
busca refugio el vacuno;
no queda fogón ninguno
del sol en su retirada
y en el corral la majada
parece un trozo de luna:
no tendrá mucha fortuna
el zorro en su rastrillada.
Cubierto de patacones
el azabache del cielo,
parece sembrao a vuelo
por chacareros chambones.
Hay silencio en los galpones,
misterio en el callejón,
como después de un malón
un palenque solitario,
y el nochero en su calvario
relincha su rebelión.
Un cachasiento molino
apaga al tanque su sé,
la rueda es la inquieta ré
que busca el viento mezquino.
Algún peludo dañino
hace gritar la lechuza
que ensaya una escaramuza
mezquinando sus pichones,
y el tero a los apurones
si una comadreja cruza.
Hasta al tigre más mentao
con trabuco y caronero,
se le ha de arrugar el cuero
si ruido a’lambre ha escuchao.
El que’n el campo se ha criao
sabe’l misterio que’ncierra
luces que besan la tierra
y se vuelven barrilete;
si no se molesta el flete
el paisano no se aterra.
Y en su rancho asillonao
por el correr de los años
están reparando daños
que la jornada ha dejao.
Vendrá el lucero apurao
reclamando claridá,
jagüel de felicidá
será el jilguero en un tala
y el viento abrirá sus alas
gritando su libertá.
Versos de Edilio Machado
se va apurando el cencerro,
y en la ladera del cerro
busca refugio el vacuno;
no queda fogón ninguno
del sol en su retirada
y en el corral la majada
parece un trozo de luna:
no tendrá mucha fortuna
el zorro en su rastrillada.
Cubierto de patacones
el azabache del cielo,
parece sembrao a vuelo
por chacareros chambones.
Hay silencio en los galpones,
misterio en el callejón,
como después de un malón
un palenque solitario,
y el nochero en su calvario
relincha su rebelión.
Un cachasiento molino
apaga al tanque su sé,
la rueda es la inquieta ré
que busca el viento mezquino.
Algún peludo dañino
hace gritar la lechuza
que ensaya una escaramuza
mezquinando sus pichones,
y el tero a los apurones
si una comadreja cruza.
Hasta al tigre más mentao
con trabuco y caronero,
se le ha de arrugar el cuero
si ruido a’lambre ha escuchao.
El que’n el campo se ha criao
sabe’l misterio que’ncierra
luces que besan la tierra
y se vuelven barrilete;
si no se molesta el flete
el paisano no se aterra.
Y en su rancho asillonao
por el correr de los años
están reparando daños
que la jornada ha dejao.
Vendrá el lucero apurao
reclamando claridá,
jagüel de felicidá
será el jilguero en un tala
y el viento abrirá sus alas
gritando su libertá.
Versos de Edilio Machado
MI VIEJO MATE GALLETA
Mi viejo mate galleta,
que pena me dio perderte,
que mano tronchó tu suerte…?
Tal vez la mano del tiempo,
si hasta créi que eras eterno,
nunca imaginé tu muerte.
En tu pancita verdosa
cuántos paisajes miré,
cuántos versos hilvané
mientras gozaba tu amargo.
Cuántas veces te hice largo
y vos sabías por qué.
Cuando la yerba escasiaba
por falta de patacones
nunca pediste razones,
pero me diste consejos:
“chupá pero hacete viejo
sin llegar a los talones”.
Y en esos negros inviernos
cuando la escarcha blanqueaba,
tu cuerpito calentaba
mis manos con tu calor,
pa’ que’l amigo cantor
se prendiera a la guitarra.
Y áhi nomás se hacía la farra,
vos y yo en un mano a mano,
mate y guitarra en el claro,
mate y guitarra en la sombra;
en leguas a la redonda
no hubo jagüel orejano.
¡Ah! compañero y hermano,
que destino más sotreta,
nunca le di a la limeta,
en vos encontré la calma,
en este adiós pongo el alma,
mi viejo mate galleta.
Versos de José Larralde
que pena me dio perderte,
que mano tronchó tu suerte…?
Tal vez la mano del tiempo,
si hasta créi que eras eterno,
nunca imaginé tu muerte.
En tu pancita verdosa
cuántos paisajes miré,
cuántos versos hilvané
mientras gozaba tu amargo.
Cuántas veces te hice largo
y vos sabías por qué.
Cuando la yerba escasiaba
por falta de patacones
nunca pediste razones,
pero me diste consejos:
“chupá pero hacete viejo
sin llegar a los talones”.
Y en esos negros inviernos
cuando la escarcha blanqueaba,
tu cuerpito calentaba
mis manos con tu calor,
pa’ que’l amigo cantor
se prendiera a la guitarra.
Y áhi nomás se hacía la farra,
vos y yo en un mano a mano,
mate y guitarra en el claro,
mate y guitarra en la sombra;
en leguas a la redonda
no hubo jagüel orejano.
¡Ah! compañero y hermano,
que destino más sotreta,
nunca le di a la limeta,
en vos encontré la calma,
en este adiós pongo el alma,
mi viejo mate galleta.
Versos de José Larralde
MADRUGADA
Del gallo al canto primero
ya me encuentro levantao
y estoy juntando el recao
que’s mi cama de tropero.
A esa hora es noche oscura
y el lucero, al contemplarse,
parece amaga a tirarse
a correr por la llanura.
Todo es silencio… un balido
solo se escucha lejano
que corta campo, y baquiano,
viene derecho a mi oído.
Y matiando pasa la hora,
y al salir de la cocina,
hallo la primer gallina
bañada con luz de aurora.
Y es de ver esos colores
del cielo rojo escarlata,
arriando nubes de plata
a latigazos de albores.
Y creo que Dios, jugando,
por descargar su alegría,
le ha encajao un tajo al día,
porque viene coloriando.
Versos de Charrúa
ya me encuentro levantao
y estoy juntando el recao
que’s mi cama de tropero.
A esa hora es noche oscura
y el lucero, al contemplarse,
parece amaga a tirarse
a correr por la llanura.
Todo es silencio… un balido
solo se escucha lejano
que corta campo, y baquiano,
viene derecho a mi oído.
Y matiando pasa la hora,
y al salir de la cocina,
hallo la primer gallina
bañada con luz de aurora.
Y es de ver esos colores
del cielo rojo escarlata,
arriando nubes de plata
a latigazos de albores.
Y creo que Dios, jugando,
por descargar su alegría,
le ha encajao un tajo al día,
porque viene coloriando.
Versos de Charrúa
PRESUMIDO EL HOMBRE
En el paisanaje viejo
pero paisanaje flor,
conocí entre lo mejor
a un tal Rudecindo Trejo;
hombre prolijo y parejo
para ensillar y vestir,
y se me sabía ocurrir
cada vez que lo veía,
que en todo él se leía:
¡no puede el gaucho morir!
Era una estampa divina
del hombre puro y altivo,
digno estudio y fiel motivo
del gaucho de la Argentina;
de melena lacia y fina,
y elegante hombre campero,
con su vestir y su apero
imponía el mayor respeto,
pues era como un decreto
expulsando lo extranjero.
Vestía de negro merino
chiripá a la pantorrilla,
ensortijada golilla
y un poncho a listas muy fino;
eran un medio argentino
de su blusa, los botones,
el oro y los patacones
cubrían su tirador
y un facón y rastra flor
decían: ¡quedan varones!
Un sombrero que era en fijo
bien gaucho y de lo mejor,
con retranca y pasador
de oro ajustando el barbijo;
y las botas, yo colijo,
fueron de un potro azulejo;
las espuelas como espejo
se veían relumbrando,
tal como si el sol testando
les legara algún reflejo.
Como en todo presumía,
presumía de bien montao
y más sobre un colorao
cabos negros, que tenía;
el apero relucía,
pues era deslumbrador;
y para decir mejor
ese hombre así presumiendo
era un horcón sosteniendo
lo que adora este cantor.
Versos de Charrúa
pero paisanaje flor,
conocí entre lo mejor
a un tal Rudecindo Trejo;
hombre prolijo y parejo
para ensillar y vestir,
y se me sabía ocurrir
cada vez que lo veía,
que en todo él se leía:
¡no puede el gaucho morir!
Era una estampa divina
del hombre puro y altivo,
digno estudio y fiel motivo
del gaucho de la Argentina;
de melena lacia y fina,
y elegante hombre campero,
con su vestir y su apero
imponía el mayor respeto,
pues era como un decreto
expulsando lo extranjero.
Vestía de negro merino
chiripá a la pantorrilla,
ensortijada golilla
y un poncho a listas muy fino;
eran un medio argentino
de su blusa, los botones,
el oro y los patacones
cubrían su tirador
y un facón y rastra flor
decían: ¡quedan varones!
Un sombrero que era en fijo
bien gaucho y de lo mejor,
con retranca y pasador
de oro ajustando el barbijo;
y las botas, yo colijo,
fueron de un potro azulejo;
las espuelas como espejo
se veían relumbrando,
tal como si el sol testando
les legara algún reflejo.
Como en todo presumía,
presumía de bien montao
y más sobre un colorao
cabos negros, que tenía;
el apero relucía,
pues era deslumbrador;
y para decir mejor
ese hombre así presumiendo
era un horcón sosteniendo
lo que adora este cantor.
Versos de Charrúa
EN LA COCINA
Vieja, poné la caldera
pa’ ir el agua calentando
y andá el mate preparando,
el chifle y la tabaquera,
y no hagás mucha humadera
con yuyos de los rastrojos,
viejo con visuales flojos
a ver muy lejos no alcanzo
y cualquier humito manso
me hace lagrimiar los ojos.
Poné la leña a secar
antes de ponerla a arder
y así dispués vas a ver
que ningún humo va a echar,
no te dejés engañar
por lo que algunos propagan,
los troncos verdes aunque hagan
llamiar algunos tizones
son como las ilusiones:
al poco rato se apagan.
¡La guitarra!, tuavía no,
dejame amarguiar tranquilo
pa’ memoriar un estilo
que ella misma me inspiró.
Sí… más dispués aunque no
como antes podré floriarme,
quiero a la llama acercarme
y si el reuma se me alivia
tal vez con las manos tibias
pudiera de algo acordarme.
Seguí en suspiros soplando
el fogón de mis cachazas
pa’ que se aviven las brasas
que se me están apagando,
pa’ no pensar ni jugando
que la esistencia se hollina,
que pa’ mi no hay medecina
pa’l cansancio de mis güesos,
¡que el jarabe de tus besos
y el calor de la cocina!
(31/01/1974)
Versos de Clodomiro Pérez
pa’ ir el agua calentando
y andá el mate preparando,
el chifle y la tabaquera,
y no hagás mucha humadera
con yuyos de los rastrojos,
viejo con visuales flojos
a ver muy lejos no alcanzo
y cualquier humito manso
me hace lagrimiar los ojos.
Poné la leña a secar
antes de ponerla a arder
y así dispués vas a ver
que ningún humo va a echar,
no te dejés engañar
por lo que algunos propagan,
los troncos verdes aunque hagan
llamiar algunos tizones
son como las ilusiones:
al poco rato se apagan.
¡La guitarra!, tuavía no,
dejame amarguiar tranquilo
pa’ memoriar un estilo
que ella misma me inspiró.
Sí… más dispués aunque no
como antes podré floriarme,
quiero a la llama acercarme
y si el reuma se me alivia
tal vez con las manos tibias
pudiera de algo acordarme.
Seguí en suspiros soplando
el fogón de mis cachazas
pa’ que se aviven las brasas
que se me están apagando,
pa’ no pensar ni jugando
que la esistencia se hollina,
que pa’ mi no hay medecina
pa’l cansancio de mis güesos,
¡que el jarabe de tus besos
y el calor de la cocina!
(31/01/1974)
Versos de Clodomiro Pérez
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