viernes, 8 de junio de 2012

AQUEL QUE TENGA UN LOBUNO


Por el pelo de un caballo
vi discutir a unos cuantos,
cargando todos sus tantos
por un “alazán” o un “bayo”.
Y ya que en el caso me hallo
si no lo ven importuno,
teniendo que elegir uno
yo también voy a opinar:
a  nadie debe envidiar
aquel que tenga un lobuno…

Y puesto a hablar diré más:
me ganan los sentimientos
cuando son bien “cenicientos”,
no así el llamado “torcaz”.
Y en señas, aunque quizás
los “pico blanco” o los “ruanos”
o un “sabino”, entre paisanos
juntan más ponderación,
yo prefiero el mancarrón
“cruzado” patas y manos.

Es sabido que el “cruzado”
nace y muere resistente,
eso es ciencia entre la gente
que en el campo se ha criado.
Y si a más de ser “cruzado”
sale “lobuno”, ya es fija:
por lejos que se dirija
o duro que sea el trabajo,
le va a cumplir a destajo
por mucho que se lo exija…

Y aunque es pronto y cosquilloso
en las mañanas con frío,
con más razón le confío
el menester más penoso.
Porque arranca así, orgulloso,
y una vez que se ha asentado,
le queda el nervio templado
y no hay trajín que lo aplaste:
por más sudores que gaste
jamás lo han de ver cansado…

Versos de Francisco Lanusse

NO TE RINDAS, CORASÓN


Corasón, no seas flojaso
ni te pialés en tus penas,
ricordá que hasta en las piedras
nasen florsitas ‘e raso;
y que si el sol en ocaso
emponcha al vaye en tristesas,
repuntando l’asperesa
de la sintura serrana…,
güelve a’parecer mañana
con oro, luses y fiestas.

Que si el malón del pampero,
atronador y bravío,
con sus chusasos ‘e frío
hase gemir los aleros,
cambea en abril sus arreos
y en susurro, brisa, canto…
trái de las cosas del campo
aromas, besos, suspiros…,
y hasta el “Amén” de un estilo
pa’ que se duerman los ranchos.

Quien te vido, se rairía;
vos que’n malambo de amores
sapatiastes tus primores
sobre’l querer de las chinas…,
hoy, solo, porque una indina
en yerra d’ingratitú
te quemó con su atitú,
¿vas a hosicar en la vida?
no, pues; corazón, ¡arriba!...,
y a repechar juventú.

No te rindas, corazón,
ni pasuquiés tu congoja,
mirá que la vida es floja,
no tiene más que’l tirón;
aguantále su encontrón,
que dominada en el chumbo
te ha de cabrestiar po’el mundo,
alegre, amorosa, güena,
¡hecha arpegio en tu vigüela
y coscoja en tu lobuno!

Versos de Arsenio Cavilla Sinclair

martes, 5 de junio de 2012

BRAVA LA PAISANA


Me fí pa’ ver a Loreta
por encargo de Velarde,
y de alunada esa tarde
ya se pisaba la jeta.
Andaba de mala veta,
ni el paine se había pasao;
con cada ojo colorao
como tajada ‘e sandía,
y pu’arriba se le vía
que’l horno estaba caldeao.

Poco me gusta dentrar
en custión con las mujeres,
ellas son pa’ sus quehaceres
y el hombre pa’ trabajar.
Yo la quise conversar
con palabras de güen criollo,
y anque sabe que no arrollo
y corajiando la indina,
me cargó como gallina
cuando le agarran un pollo.

Y ya pegué la sentada
pa’ no tener que aporrearla,
porque ¡a qué diantre ib’hablarla
viéndola así encachilada!
Chispiando la condenada
lo mesmo que un jogonazo,
y como no le hacía caso,
de purita indinación,
gritaba como un lechón
cuando le cierran el lazo.

Yo sé que cuando m’enojo
como cualesquier soy malo,
y podía, de darle un palo,
quedar rivoliando el ojo.
No s’iba a morir de antojo
si es lo que andaba buscando,
y la intención sofrenando
antes que más me tentara,
me volví en mi ‘malacara’
muchas, mil cosas pensando.

Versos de Charrúa

lunes, 4 de junio de 2012

EL VIEJO RESERO

Cuando al salto y de escondido,
trecho a trecho y mata a mata,
el tiempo vistió de plata
mi cabello renegrido,
mucho habré desmerecido
de mozo pa’ ser anciano,
pero sé que algún paisano
me cuartiará en el camino.
¡Sobre mi suelo argentino
hay muchos hombres humanos!

Yo soy de alcurnia muy baja
porque nací en pobre cuna
y no tengo más fortuna
que la de aquel que trabaja.
Cuando muera, mi mortaja
será el tiempo que he vivido,
el polvo que ha removido
mi tropilla en los senderos,
un adiós de los reseros
y un negro poncho de olvido.

Pero mientras siga andando
quiero tener el consuelo
de andar en mi propio suelo
viejo, pero trabajando.
Y mientras siga sonando
el cencerro en la madrina
desde el Plata a las andinas
tierras dirán los camperos:
¡Allá va un viejo resero
de nuestra Patria Argentina!

Quizás vaya de regreso
al declinar la esistencia;
los campos de mi querencia
los necesita el progreso.
Más no creo que por eso
se acabe la tradición;
donde quede una estensión
de campo allí habrá un overo
que llorará en los potreros
la muerte de su patrón.

No sé en que sierra o quebrada
daré el relincho postrero
recostao sobre el apero
al terminar mi jornada.
Pero en mi mano cerrada
han de encontrar mi facón
y mi última esclamación
ha de llegar hasta el cielo
¡que se levante del suelo
pa’ servirme de oración!

Versos de Juan Quiroga

domingo, 3 de junio de 2012

CEPOS Y CORAZONES


Al cumplir la pena que gané en mi hombrada,
iba liao‘e manos con fierro en los pieses,
sobre una carreta quejosa y tumbada
igual que mi vida, ¡charquiada‘e los jueses!

Amparao al ruido de juertes senserros
y en el ¡güeya, güeya! de una tropa en marcha,
con los ñervos duros como cortafierros
rompí los griyetes pa’ ganar la pampa.

Por segunda güelta se me negó el güeso
echando p’abajo lo que m’escasea
y gané de gola pa’l pobre pescueso…
un sepo “sebao”, po’ayá en la frontera.

Como los quirquinchos, hise dos ujeros;
afirmé los tacos, me crujió la isliya;
se simbró mi cuerpo mesmito que asero
y a juersa‘e garganta rompí esa goliya.

Cansaos ‘e mis juidas, ande me tomaron
m’echaron la falta con ¡a vaintisinco!...,
pero en una tarde las rejas flojiaron
al ver patacones sestiando en mi sinto.

Al volver la cara, tarjé muchas leguas;
y por mi fatiga, jué que’n una estansia
hise cabesera en dos trensas negras
y dormí al rescoldo de ojos mácuas.

Y ansina, con besos, cariños, promesas…,
con eso que disen que son cosas falsas,
me amarraron firme como no pudieran
ni griyos ni sepos, ni rejas ni guascas.

Si, amigo; en la vida, tuitas las cadenas
seden a l’astucia, la juersa o la plata;
el alma‘e la prienda que se ama endeveras…
es l’unica cársel de ande no se escapa.

Versos de Arsenio Cavilla Sinclair

sábado, 2 de junio de 2012

RESERO DE PROFESIÓN

Lo conocí cincuentón,
uno ochenta de estatura
y luciendo en la cintura
atravesau, un facón
mango de plata, cortón,
aunque de aspecto sencillo
dejaba ver con su brillo
que’ra plata verdadera;
siempre de gorra ‘e visera,
nativo de Saladillo.

Cinto de cuero ajustau
de aquellos de dos hebillas;
sabía lucir su tropilla
de bayos recién tusau’,
cola al garrón, desvasau’;
fue rumbiador y baquiano,
cruzó por montes y llanos
asigún la situación;
resero de profesión,
su nombre, Balbino Ramos.

De poca risa y cayau
en la rueda de un fogón,
y llegando la ocasión
tendía cama en el recau;
no le faltó el encerau
y un poncho matra lobuno,
y en el momento oportuno
aunque no fuera muy bueno
usaba lazo chileno
de aquellos torcidos de uno.

Era un hombre respetau
en cualesquiera reunión
y si tenía un tropezón
era medio mal arriau;
si alguna vez se ha encontrau
de paso en una jugada
copaba como si nada
tranquilón y con coraje…
Meses enteros de viaje
en la carpeta dejaba.

Cruzó por los campos anchos,
ya era caso muy notorio:
San Martín  y San Gregorio,
El Bote, El Carbón y Juancho;
sin querencia en ningún rancho
siempre anduvo caminando,
y cuando ya jue notando
que acortaba su esistencia,
a las ferias, con presencia,
llevó los bayos arriando.

Hoy solo queda el recuerdo
de los que lo conocimos
y alguna vez anduvimos
a través del tiempo lerdo.
Si hasta me parece verlo
bien derecho de a caballo,
siempre mirando ‘e soslayo,
por lo que lo recordamos,
así, a Don Balbino Ramos
y a su tropilla de bayos.

Versos de Ulises Muguerza
“El Cantor Libreño”

viernes, 1 de junio de 2012

PARANDO RODEO

Yo sé bien que mi fortuna
no es pa’ sentirme orguyoso,
pero el camino escabroso,
lo he salvao, dende mi cuna.
No tengo sencia ninguna
pa’ seguir a un solo lao;
y si plata no he juntao
jue por no tener trabajo,
ya que luchando de abajo
ni un centavo me ha sobrao.

La calle, que es del Estao,
que tiene cien metros de ancho,
me sirvió pa’ alzar mi rancho
ande no estorba: a un costao.
Tengo un pedazo acercao
que siembro pa’ mi provecho;
y pa’ tener el derecho
de hacer mi nido de hornero,
trabajo de caminero
y no cobro, en un buen trecho.

En un tiempo jui linyera
y ya cansao de vagar,
me dispuse a levantar
mi ranchito donde juera.
Los mazos de cortadera,
después que al sol se secaron,
con el barro se mezclaron,
mis manos los retorcieron,
más tarde se endurecieron
y las paredes formaron.

Tengo un arroyito al lao
ande tiro mi aparejo,
después que un rato lo dejo
siempre saco algún pescao.
Me jui haciendo de ganao,
regalao por los troperos;
crié guachitos dos terneros
que hoy son bueyes aradores,
tengo dos perros pastores
seis chivas y diez corderos.

Tres pingos: un doradillo,
un overo y un gatiao;
a cada uno lo he criao
guachito, dende potrillo.
Una vez, un cojinillo,
pagué por una ternera,
y la crié con mamadera,
más tarde me dio una cría,
y pa’ causar mi alegría
es una buena lechera.

La prenda que me faltaba,
la hallé en unas romerías,
entre risas y alegrías
comprendí que me gustaba.
Cuando menos lo pensaba
pa’l rancho la convidé,
y resignao me entregué
como obedeciendo a Dios,
y al comprendernos los dos
pa’ ser feliz, me casé.

Dende que tengo esa flor
a su belleza me rindo
parece el rancho más lindo
con la reina de mi amor.
Y allí, el ganao menor,
por ella se empezó a criar;
y dentrando a negociar
con los que llegan, mi china,
los gastos de la cocina
sabe con ellos sacar.

Y allí en ese camino ancho
que va rumbo a Concarán,
dejuramente, verán,
mesmo que un jardín, mi rancho.
Tengo una chancha y un chancho
que han dao una lechonada,
gallinas, una pollada
y en mi rincón de alegría,
hasta una gaucha con cría
¡y nadies me ha cobrao nada!

Versos de Evaristo Barrios

(Nota: no es campero, campero... pero está simpático.
Tomado de "El Fogón de los Troperos" de  1949)