domingo, 15 de enero de 2017

PA' UN PAISANO DE VALOR

Disculpe Miguel González
si en una forma atrevida
cuento algo de su vida
y de lo mucho que vale;
espere a que yo iguale
las cuerdas de mi instrumento
y de que suelte al momento
mi voz pura de paisano
para que recorra el llano
enancada en los vientos.

 Fue domador, fue resero
en la costa ‘e Punta Lara
y le broncearon la cara
entre el sol y el pampero;
en los trabajos camperos
ponderiao como el mejor
demostrando gran valor
boleando en campo raso,
y en el cimbrón con el lazo
baquiano y calculador.
  
Si habrá cruzao los bañao
en épocas de creciente
luchando con la corriente
para salvar el ganao;
penurias habrá pasao
en las bravas travesías
poniendo su fe y baquía
para cruzar los arroyos.
Tirando con todo el rollo
supo asentar su valía.

Días felices llegaron,
conoció a su compañera
y a la usanza más campera
en el “Piria” se casaron,
cuando los meses pasaron
llegó la hija primero
-que cuidaron con esmero
en tibio nido ‘e terrón-,
el segundo fue el varón
que le salió bien campero.
  
Cincuenta años  trabajó
con honradez y constancia
y en aquella misma estancia
a jubilarse llegó;
a lo suyo se entregó,
se le agrandaron los callos
tironeando los caballos
cuando formó la tropilla
con la que hizo maravillas
al pisar suelo uruguayo.
  
Hoy que ya ha llegado a viejo
contento de ser abuelo,
pa’l paisano de este suelo
éste gaucho es el espejo.
Mi homenaje acá le dejo
con respeto y emoción,
se me agranda el corazón
-casi del pecho se sale-
gritando: ¡Miguel González,
un puntal de tradición!

Versos de Manuel Rodríguez


                                       

sábado, 14 de enero de 2017

RECORDANDO AL PANGARÉ

1
Tuve un pangaré criollón,
cabos negro’y delgadito,
¡vieran que pingo bonito
desde la frente al garrón!;
lástima tan macacón
y tan diablo sin Jesús,
que, a pesar de su virtú
yo le llamaba “El Macaco”,
porque a parte de bellaco
pa’ la pata era una luz.
2
Por eso con ciencia grata,
cada vez que lo montaba,
despacito le agarraba
con el cabresto las patas;
no crean que son bravatas
lo que a recordarles entro
porque aunque lo ataba adentro,
no le confiaba un instante
mire, al patiar pa’delante
llegaba cerca’el encuentro.
3
Cansao de su sangre altiva
y de sus malas ideas,
le trabajé una manea
pa’ desmaniarlo de arriba;
bueno será que describa
pa’quel que mucho no entiende:
una manea, comprende,
que se trabaja al momento
con dos aujeros y un tiento
y una rosita que prende.
4
Es cierto que fue macaco
pero tenía la virtú
de alcanzar cualquier ñandú
en planizas o alpatacos;
y si habré boliao guanacos,
baguales y chucarones!,
porque con sus intenciones
dándole apena’una tregua,
capaz de correr dos leguas
saltando rama’y zanjones.
5
¿Dónde andarás pangaré?
que casi ya al enfrenar
se lo tuve que entregar
a un tal Santiago Valdes;
hoy, casi casi de a pie,
sin tropilla y sin recao,
con el corazón templao
se consuela mi alma inquieta
recordando algún sotreta
de los tiempo’en que he domao.


Versos de Saúl Huenchul

EN TRANCE FIERO

1
Yo andaba en un redomón
medio macaco y finito
cuando lo escuché al “Chiquito”
que toriaba en un zanjón,
salí medio al galopón
pa’ver lo que había encontrao
pero me quedé parao
cuando distinguí de paso,
que era un jabalí machazo
y de colmillos cruzao.
2
Como nunca fui chambón
pa’ voltiar cualquier padrillo,
pensé que sería sencillo
partirle en dos el melón,
pero me tembló el garrón
cuando se me vino airoso;
quise pelar el bufoso
pero el matungo, macaco,
se enredó en un alpataco
y al suelo fuí tembloroso.
3
En tremenda mescolanza
cuando medio me paraba,
vi que el caballo sangraba
desde el encuentro y la panza
y, al perder la esperanza
de voltiarlo de un balazo,
disparé unos cuantos pasos
pero al mirarme de a pie,
volvía a encararme otra vez
como pa’hacerme pedazos!
4
El perro, tuito sangrao
desde el hocico al cogote,
no le alflojaba al grandote
y parecía duplicao,
y si no he sido achurao
por aquel chancho fierazo,
fue por el perro, amigazo,
porque cuando se venía
al cruce se le prendía
sin miedo a los colmillazos.
5
Entre tantas reculadas
y apurones sin ventaja
me había perder la faja
y una alpargata gastada;
y fue una corajiada
que al saltar una jarilla,
alcancé a pelar el fierro,
¡y haciéndole honor al perro
se lo prendí en las costillas!
6
Como quien siente el amargo
dolor en cuerpo desnudo,
pegó un bufido el cerdudo
y se alejó al trote largo
pero el perro, sin embargo,
lo siguió firme y parejo;
cuando lo hallé allá lejos
en una playa estirado
se había muerto desangrado
por defenderme el pellejo.
7
Allí quedó, pobrecito,
entre tomillos y sampa
por serle fiel y sin trampa
a quien lo crió de chiquito;
en cambio el chancho maldito
herido pero se fue
y tristemente pensé:
¡qué julepe, compañero!
donde casi dejo el cuero
de puro tonto esa vez.


Versos de Saúl Huenchul

domingo, 8 de enero de 2017

SOY

Soy chasquido de facón
-cuando choca en otro acero-
y soy del viento pampero
el violento sacudón;
ansia’e perro cimarrón,
espina de zarza mora,
el filo de la totora,
del ñapindá dura garra;
y la angustia’e la cigarra
que’n la verde fronda llora.

Tucutucal en llanada,
yara oculta en el estero
y del reservao mañero
soy peligro de boliada.
Soy la yapa ramaliada
que en el apuro revienta,
el tizón que no calienta
y sin arder se consume;
soy sin calor ni perfume
yuyo que el pampero avienta.

Soy aquello que más cansa,
soy garúa dentradora,
retobo de boliadora,
media luna de la lanza;
asrisco que no se amansa
ni el progreso lo domina;
soy la emponsoñada espina,
sobra dañina de “aruera”
y esqueleto de tapera
que se agacha en la colina.

Soy de la espuela el crujido,
melladura de cuchiyo
y el lamento del lomillo
al lomo en arco oprimido;
del toldo del vicio, nido,
de la desgracia, guarida;
parada siempre perdida,
taba que el diablo cargó,
cencerro que Dios colgó
a la yegua de la vida!


Versos de Wenceslao Varela

MI PONCHO AUJEREAO

Tengo un poncho avicuñao
que lo llamo “el calamaco”
cuando hace frío lo saco
y me lo tiro a un costao.
Está todito aujereao,
con los flecos carcomidos,
mas yo no lo echo al olvido
y áhi está sobre mi cama,
lo hizo una güelta mi mama
de rato a rato perdido.

Si habré montao orgulloso
con mi poncho en el recao,
cuando anduve enamorao,
allá por mis años mozos.
Cuando era nuevo era hermoso,
en el pago no había igual,
me acuerdo, pa’un carnaval,
la menor de las Traverso
mientras yo le canté un verso,
me le bordó la inicial.

Este asunto de aujereao
a muchos le causa risa
pero a mí, ni una sonrisa
porque sé las que ha pasao.
Cada aujero es un bordao
que en mi vida de campero,
le hicieron lluvias, pamperos
y el filo de algún facón,
cuando en más de una ocasión
me salvó de un entrevero.

Es por eso que lo quiero
a mi poncho “calamaco”,
de mi lado no lo saco,
siempre fue mi compañero.
Y les voy a ser sincero:
¿saben por qué no lo olvido
y áhi lo tengo bien tendido,
adornándome la cama?,
porque lo tejió mi mama
de rato a rato perdido.


Versos de Carlos Ríos

sábado, 7 de enero de 2017

LA TROPA

Noche de estío sumida
en un profundo letargo,
como un crespón ancho y largo
sobre la tierra extendida.
La llanura adormecida
rodea al estero callao;
está el silencio posao
sobre forma… indescriptible;
como un pájaro invisible
pero agorero y pesao.

En los brazos de la brisa
la enorme selva se acuna
y con palidez de luna
su sangre el ceibal matiza.
Lentamente se desliza
por la cuesta del paraje
una gran tropa salvaje
perezosa y ondulante,
como una boca gigante
que va buscando el follaje.

Flotan sobre la hondonada
gritos juertes y alargaos,
y silbidos prolongaos,
que empujan la novillada.
Aletean entrelazadas
las melenas y las vinchas,
y, mientras que corta o pincha
-filosa como navaja-
llora al morder la rodaja
en los hilos de la cincha.

La fatigante tarea
va floreciendo en sudor,
y entre el polvo cegador
los ponchos relampaguean.
Una coscoja granea
el ambiente matizao,
y bajo el cielo estrellao
-que el orbe infinito abarca-
van rajando la comarca
los balidos del ganao.

En el bajo, o la cuchilla,
con un ritmo acompasao
ante el cencerro cansao
picotiando la tropilla.
Los flechillales se humillan
ante esa calma apasible,
y algún relincho terrible
que estaya de trecho en trecho,
hiere al silencio en el pecho
como una flecha invisible.

Después el chisporroteo
de un gran fogón campesino
pone a un costao del camino
punto final al arreo.
La hacienda forma un rodeo;
humean las pavas chillonas,
el mate, la rueda entona,
enfrente a un lecho de brasas
lloran lágrimas de grasa
los asao de una mamona.


Versos de Wenceslao Varela

TROPILLA'E GATIAO'

De Rauch me vine encantao
amigazo, se lo juro,
al conocer Don Arturo
esa tropilla’e gatiao’.
Cuando la yegua ha llamao
como un perro la seguía,
bien enseñao’, con maestría,
ande los hizo formar
tranquilo podía agarrar
el caballo que quería.

Criollos como Martín Fierro
a la madrina tobiana,
la quieren como a una hermana
ande con o sin cencerro.
Y la siguen como un perro
y ni uno lejos va a dir,
a ella la van a seguir
obedientes al tañido.
¡Cien cencerros parecidos
no la van a confundir!

Aunque ni uno es parejero
no son solo pa’ desfile
y en alguno ande se apile
capaz de correr ligero.
Amansao por un campero
sancocho no haya ninguno,
el que muente es oportuno,
pa’ atropellar… un flechazo.
Y son pesao en el lazo
en donde agarre un vacuno.

Ya su dueño es veterano,
lo mismo está la tropilla,
y si a veces los ensilla
es pa’ no perder la mano.
Pero pronto estará sano
y si lo alumbra el candil,
en algún potro cerril
que él mismo podrá amansar
¡lo van a ver desfilar
allá en el año dos mil!
                                   (Ca. 1984)


Versos de Libertario Blengio