domingo, 9 de febrero de 2020

EL BAILE


La fiesta se originó
finalizada la trilla,
porque “sin las de semilla”
cuarenta bolsas les dio;
fue el patrón quien prometió
con tres meses de antemano
“Si es el rinde soberano,
menos las monjas y el fraile,
he de convidar a un baile
para premiar al paisano”.

Así, con cielo cubierto
de estrellas en rededor,
donde no se vio mejor
luz de luna en campo abierto;
mientras daban un concierto
los grillos del pajonal
y en contrapunto un bagual
relinchaba a la distancia,
iban copando la estancia
parientes y personal.

Piso de tierra el galpón
bien regado a palangana,
y una orquesta ciudadana
ha contratao el patrón;
dos guitarras y acordeón,
bien a la usanza campera,
y en un lienzo de arpillera
pueden leer los que aguardan:
“¡Hasta que las velas no ardan,
pasen por esta tranquera!”.

Comienzan a acomodarse
las parejas en su rol,
y de la luz del farol
buscan bailando alejarse;
“¡Es cuestión de no apamparse!”,
grita ocurrente el mensual,
y un viejo sentimental
que de temprano ha chupau
dice: “Se han entreverao
como cuero sin señal”.

El que llevó días atrás
mate cocido al rastrojo,
al mujerío pone el ojo
junto con el capataz;
quien le aconseja, además
de aliarse en una palmada:
“Vos ganá la atropellada,
que al son de la musiquita,
la vas a encontrar mansita
como liebre encandilada”.

Un vasco busca camorra
cuando comprobó su vista
que hasta el medio de la pista
le han hecho volar la gorra;
semejante a una cotorra
las chinas largan su rollo,
y bajito reza un criollo
a la hermana del puestero:
“Dios me hiciera jardinero
pa’ cuidar este pimpollo”.

Tiró el lazo con aplomo
un peón, al oir ranchera,
y pialó de compañera
la hija del mayordomo;
corajeando, ni sé cómo
le dijo en tono de gozo:
“Soy Dorreguero y buen mozo,
mas le advierto sin cumplido:
que usté me tiene metido
como balde adentro ‘el pozo”.

Escuchando su verseado
la chica le sonreía
pero astuta se venía
lo mismo que pampa alzado
y haciendo el pelo a un costado
replicó con voz de ruego:
“Los muchachos de Dorrego
que en amor no hallan fortuna,
son como tronco de tuna,
no sirven ni pa’ hacer fuego”.

Hasta que de la cocina,
mandan tortas y buñuelos
para calmar los anhelos
de la gente bailarina;
se va vaciando la tina
cargada con sidra y vino,
la patrona, con buen tino
se deshace en atenciones;
y otra vez trenza ilusiones
el soguero del destino.

Mas cuando llega el final,
porque el día se dio cita,
en promesa de visita
vuelven al camino real;
balando cerca al brocal
es despedida un cordero,
un gato lame el talero
culpa del vaso volcado,
y un cuzco ya muy cansado
se arrolla sobre el apero.

Baile que ensillaste gloria
con los dichos del paisano,
sana costumbre en el llano
acollarada a tu historia;
por traerte a la memoria
hoy me enhorqueto en el centro
del pingo que va al encuentro
de patria y de tradición,
y en campos del corazón
queda retozando adentro.
  
 Versos de Eduardo González

sábado, 8 de febrero de 2020

MATERAS DE AYER


Materas, gauchos bastiones
de las estancias de antaño,
la pionada, cual rebaño,
se juntaba en sus fogones.
Diario lugar de reuniones
ande el mate, soberano,
al pasar de mano en mano
-costumbre tradicional-
era un antiguo ritual
en el quehacer campechano.

Las paredes, muy senciyas,
de chorizo o material,
algunas con ventanal
otras, con simples miriyas.
Apoyaos en sus oriyas
bancos de forma variada
y entre matiada y matiada
sagradas de cada día ,
al suelo, verde tañía
la yerba desparramada.

Había que ver el piso
destinto en cada matera:
de ladriyo, de madera,
de tierra o cemento liso.
En mi pago uno se hizo
con esmero y con mesura,
pues conformaban su hechura
tabas del lao de la suerte.
¡Deficulto que otro acierte
con mesejante lindura!

Vide un fogón circular
hecho de barro y ladriyo
y una yanta de rastriyo
amurada en el lugar.
No faltaba un costiyar
asao con pacencia santa
y el humo, como una manta,
cubría pavas tiznadas,
tuitas con ganchos colgadas
en el borde de la yanta.

En la difusa humareda
que flotaba en el ambiente
se mentaba, diariamente,
alguna hazña campera.
Otro tema, también era,
cuasi siempre preferido:
un cuento de aparecido,
de luz mala o lobizón;
ha falta que un joven pión
por eyo no haiga dormido.

Las materas han quedao
en el tiempo sepultadas.
Hoy no tienen las pionadas
ese recinto sagrao.
De a poco se han apagao
las brasas en el fogón
mas, el gaucho cimarrón
sigue caliente en las manos
de puebleros y paisanos
que son patria y tradición.

Versos de Arnoldo Daniele

viernes, 7 de febrero de 2020

BOLICHE TAPERA


Entre cardos y gramillas
que hacen guardia a su cumbrera,
duerme un “boliche tapera”
cobijado en coronillas;
horcones hechos astillas
lo presentan abatido,
y notándolo vencido
pasa el tiempo y se despacha,
pagando de punta y hacha
con el facón del olvido.

Sin notas que a la llegada
da en la tropilla el cencerro,
ni los ladridos del perro
macaco a cualquier pasada.
Con la ilusión sepultada
un chimango busca altura,
y en broche a tal desventura
el viento al brocal le puso
“paja brava” y  “cardo ruso”
que entristecen su figura.

La seca en los bebederos
denuncia que no hay carreras,
y perdieron dos banderas
su resto en los esquineros;
solo coparon los teros
quietudes de tanta pampa;
la tranquera cedió grampa
al costado del camino,
y ya sin rueda el molino
gira lástima en su estampa.

Hasta el palenque quebrao
parece añorar coscoja,
o algún mañero que afloja
la cincha en el alambrao;
¡malaya!, si del pasao
Regresara un “hopa – hopa”,
del resero, y ver su tropa
pastando en el potrerito
al cambiar pechazo y grito
por el sabor de la copa.

Y lo que fuera fogón
-punto de unión del gauchaje-
pareciera que el indiaje
le hubiese entrao en malón;
no está el capataz ni el pión
que un mus haya acollarao,
ni el bolichero parao
junto al vino, caña o grapa;
dando una vuelta de yapa
si era bueno lo gastao.

Boliche que a paso lento
fuiste opacando tu estrella,
cuando el progreso hizo mella
en el criollo firmamento;
tu tapera es el lamento
de una estirpe que no olvida,
pero en la tierra sentida
tu historia pisa tan fuerte,
que aunque te alcance la muerte
¡siempre seguirás con vida!

Versos de Eduardo González

lunes, 3 de febrero de 2020

POBRE ESTANCIA


Fue por ambición de herencia
que pelearon entre hermanos,
dejando a varios paisanos
sin labores ni querencia;
filosa esa diferencia
con su facón pegó un tajo.
Que es cencerro sin badajo,
y es guitarra sin bordona,
y es hambre que no perdona,
el lugar que no hay trabajo.

Así quedó abandonada
la estancia orgullo del pago,
extrañando algún halago
como en época pasada;
abatida la morada
que albergaba a los patrones,
y las piezas que a los peones
tantas veces han reunido;
¡todo está desvanecido!
igual que las ilusiones.
                        
No tiene el jardín las flores
que le adornaban el suelo,
ni las notas que en su vuelo
daban pájaros cantores;
se esfumaron los olores
de placentera costumbre,
y aquella familiar lumbre
que irradiaba la casona,
se marchó con la patrona
y toda la servidumbre.

Frente al tanque carcomido
presta el molino su queja,
y semioculta una reja
muere al golpe del olvido;
ni balada, ni mugido
que atraviesen la extensión;
la araña copó el cinchón
de aquel mayordomo altivo,
si total ya ni es motivo
para un cuzco juguetón.
Los hilos del alambrado
se declararon en huelga,
tal si lloraran la melga
que el yuyaje ha sepultado;
antiguo paso de arado
por los esquineros brota,
y testigo en la derrota
que sufre el torniquetero,
suele presentarse un tero,
o alguna que otra gaviota.

Farol de tanta alegría
hoy te has quedado sin mecha,
cuando el rinde de cosecha
con un baile se medía,
y el galpón que los unía
-regadito a palangana-
desbordado de jarana,
se mostraba servicial,
semejante a un club social
en la llanura pampeana.

Como aguardando al “nochero”
sigue clavada la estaca,
y un cardo rueda y se hamaca
culpa del viento surero;
¡malhaya! venga un resero
con tropa de venturanza,
y en el sitio que ahora alcanza
a cubrir el pajonal,
vuelva a crecer un trigal
entre surcos de esperanza.

¡Pobre Estancia!, destruida
de la matera al brocal,
sin algún peón o mensual
que te haga la recorrida;
se apagarán con tu vida
los dichos del paisanaje,
y solo te hará homenaje
un chimango desde el techo,
erguido y sacando pecho
por disfrutar del paisaje.

Versos de Eduardo Néstor González

domingo, 19 de enero de 2020

EL MALACARA TUERTO


Hace ya muchos años, el maestro Don Carlos Moncaut (con quien compartíamos la admiración por la obra de Don Justo Sáenz), me obsequió varias fotocopias de versos y cartas escritas de su puño y letra. Entre ellas, esta que refiere al "malacara tuerto". Con mucha paciencia, y tras muchas leídas, fui descifrando estrofa a estrofa, pero... en la tercera me quedaron dos palabras sin poder descubrir.
Copio el verso, y al pie del mismo adjunto la cuarteta en cuestión, en una de esas, algún lector puede ver lo que yo no he visto.


Animales he tenido
y animales se me han muerto
pero el que más he sentido
es mi malacara tuerto.

Era animal voluntario
mansito y de güen andar
su fin nunca se le vido
poniéndolo a galopiar.

Cuando lo …… pasmau
…………. á Olavarría
¡Treinta leguas, pelo a pelo
s’hizo mi pingo ese día!

¡Pobre malacara tuerto
juiste flete más que güeno!
Con vos, fácil se boleaba
un avestruz bajo el freno.

¡Si me habrá sacau de apuros
cuando a poblar me metí
en esos campos desiertos
pa’ este lao de Guaminí!

Y ricuerdo que una güelta
me corrieron los infieles
dende el Médano Partido
a los Catorce Jagüeles…

Una tras otras, las pilchas,
las juí largando en la juida.
Con eso y la ayuda ‘e Dios
conseguí salvar la vida.

Otra vez qué iba de chasque
pa’ la estancia ‘e Centurión
me salió una indiada grande
al cruzar un cañadón.

¿Cómo sabrán las sospechas
que se le han confiao a Usté?
Me dije -buscando el rumbo
del pueblito ‘e Tapalqué.

Ái lo largué al malacara
y salimos como tromba…
Esa tarde, a la oración
estaba en Fortín Estomba…

Señores: con todos hablo
y tengánlo por muy cierto.
¡Que jamás tuve un caballo
como el malacara tuerto!
                             (15/Mayo/58)

Versos de Justo P. Sáenz (h)



martes, 14 de enero de 2020

SI FUERA COMPOSITOR


Si nunca fui cuidador
no es porque me hayan faltao
recursos pa’ ser mentao
como soy de payador.
Si no fui compositor
de renombre en el metier
la experiencia me ha hecho ver
que al caballo hay que amansarlo
y con paciencia enseñarlo
antes de echarlo a correr.

Nunca lo deje porfiar
pa’l lao que él quiera dar vuelta,
tornéelo de rienda suelta
pa’ así no hacerlo enojar;
acostúmbrelo a mirar
de frente en el partidero
y pa’ no hacerlo mañero
no lo apure si es fogoso
pa’ que mansito y mimoso
aprienda a ser parejero.

Y ha de darme la razón
el que continuo ha cuidao
que el caballo a campo a criao
no quiere mucho galpón;
con paciencia y con tesón
he’cho mis observaciones,
que si un pingo en sus acciones
al partir en falso estriba,
seña es que afloja de arriba
o es duro de los garrones.

Mas verde y rocío ha de dar
cuando el grano no le quiebre
pa’ preservarlo’e la fiebre
y no dejarlo empachar;
contémplelo al racionar        
si el máiz seco no estuviera
y por si no lo supiera
bueno es que aprienda y se acuerde,
que mucha cebada verde
lo aluna y le da dentera.

Y sabe cualquier chambón
sin que nunca haiga cuidao
porque a caballo apestao
se tiene a media ración,
pero eso es otra cuestión
frente a un chapino maceta
aunque le encebe las grietas
puede aflojar de otro lao:
de la cuerda, del candao,
del nudo o de la paleta.

Observe pacientemente
cuando algún floreo le da
la acción y la voluntad
que le nota al día siguiente;
si gordo y pesao lo siente
las energías no le melle
despacio, no lo atropelle,
al trote y al tranco alcanza,
métale al agua a la panza
y déjelo que resuelle.

Cuando más corto es el trecho
más firme será el trabajo
que el que aligera de abajo
tiene a ganar más derecho.
El trabajarlo en repecho
no ha de servirle pa’ nada
dele temple en la pisada
que pique y corra parejo
que el repecho no es más lejos
pero acorta la brazada.

Mucho cepillo y rasqueta
le da escozor en el cuero
ni es pa’ todo parejero
el morral ni la trompeta.
Tiene más de una receta
que analizar el que cuida
si un comilón, la comida
la babosea inapetente
suele dolerle algún diente
o tener alguna herida.

Cuando lo note erizao
como si tuviera frío
olfateándose el vacío,
perezoso y desganao,
camínelo desmontao
con maneador del bozal
que al írsele yendo el mal
observándolo con celo,
va a conocer por el pelo
el estao del animal.

Mucho reló’ no le atraque
ni lo apure en el trabajo
que puede tirarlo abajo
o acarrearle algún achaque;
mucha punta no le saque
que lo pone acobardao,
y no lo tenga cansao
pa’ que más rinda y resalte:
siempre es mejor que le falte
antes que corra pasao.

Si cuando lo sacudió
pa’ prenderle los cartuchos,
liviano y corriendo mucho
a su parecer lo vio,
consulte con el reló’
y si es que el tiempo ladino
‘ta de acuerdo con su tino
córralo con fe y confianza,
que el amor y la esperanza
se juegan en el camino.

El tiempo con la experiencia
es quien sasona las cosas
las hace claras y hermosas
llenas de luz y de ciencia;
mi vocación y mi creencia
me hicieron poeta y cantor
pero con el mismo amor
que pongo en lo que más quiero,
cuidaría mi parejero
si fuera compositor.

Versos de Clodomiro Pérez

lunes, 13 de enero de 2020

TRANQUIANDO SOBRE LA GÜEYA


Ha llovido el día entero
y la lluvia castigando,
jué poco a poco pasando
el poncho de aquel resero.
No le hace asco al aguacero
porqu’el pensamiento d’ella,
es pa’ su vida una estrella
que lo tiene encandilao
y que lo lleva almariao
tranquiando sobre la güeya.

Él lo que quiere es llegar
a destino con la hacienda,
porque de güelta a la prienda
la ha pensao apalabrar.
El hombre la va’encarar
como pavo rastrojero,
porque el gaucho verdadero
sabe con justa razón,
qu’en ganándole el tirón
no hay animal pezcuecero.

¡Ah, Liberata Rosales!,
Mi compañera en la tropa
ando por vos hecho sopa
y sos la causa’e mis males;
no me arisquiés los percales
qu’l día menos pensao
me van a encontrar finao
como pa’ lonjas el cuero,
abierto el degolladero
¡y por chimangos rodeao!

Versos de Omar J. Menvielle