lunes, 19 de junio de 2017

EL REBENQUE

No se lo debe dejar
en ningún sitio olvidado:
en él está señalado
el derecho de mandar;
no se lo puede colgar
en la muñeca ni elija
quien castigue la verija
ni la cabeza del pingo,
que esas son cosas de gringo
en esta tierra prolija.

Su destino de obediencia
curtido en el cuero crudo,
va del azote al saludo
con dócil condescendencia,
y con la misma cadencia
del brazo que lo acompaña,
en anca arisca se ensaña
o restalla en el cogote,
calculando en el rebote
el sitio donde más daña.

En el cabo que atestigua
señales de vida dura,
muestra su noble finura
maciza la plata antigua,
pero el brillo se amortigua
en el filete abollado,
donde la lucha ha dejado
esas resacas borrosas
que ostentan todas las cosas
usadas en descampado.

La lonja tiene un derecho
reseco, de tierra parda,
y en él el golpe se aguarda
con la firmeza del pecho,
y un fofo revés deshecho
por la lluvia y el sudor,
de calcinado color,
en cuya blandura vibra
estremeciendo la fibra
más encrespado el rigor.

Atributo de varón
conoce su oficio duro,
y sabe sacar de apuro
íntegro en toda ocasión,
y se cuelga del facón
a veces, como si fuera
nada más que una manera
simbólica de mostrar
que el lujo de castigar
tiene en la muerte frontera.

Versos de Miguel D. Etchebarne

martes, 13 de junio de 2017

CARTA GAUCHA

La pluma agarro, señor,
ensartada en un palito
pa’ mandarle en éste escrito
noticias del domador;
el “zaino colorau” flor,
que le entregó pa’ domar,
ya lo sabe galopiar
recorriendo los potreros,
se asusta hasta de los teros
y es muy fogoso pa’ andar.


Es animal que promete,
desengüelto, corajudo,
y hay laya en él, no lo dudo,
pa’ que le salga un güen flete;
en mil novecientos siete
yo tuve uno parecido,
voraciador y alvertido
de competirle al mejor,
pero dice el domador
¡que como el suyo no vido!
  
Le sabe dar rienda, y crea,
que parece adivinar
pa’l lau que lo va’a volcar
agatitas lo tantea;
el hombre en él se florea,
y créame, Don Lauriano,
que no le echó el ojo en vano
cuando lo sacó elegido…
¡va ser como falta envido
con las trainta y tres de mano!

A soga larga lo ata
a un poste suelto, pesau,
con un maniador sobau
por si se enrieda una pata;
después de allí lo desata,
le dá otro galope güeno,
lo desensilla, y sereno
lo muenta en pelo a veces,
y dentro de pocos meses
lo hará caballo de freno.
  
Y ansí, en esquela cortita
ya lo dejo anoticiau
de su “zaino colorau”
y el domador Ramón Pita.
Memorias a Doña Rita,
a su patrona y Don Calvo,
y, de mientras pongo en salvo
lo que a mi pluma no viene,
usté, Don Lauriano ordene
a Natividad Monsalvo.

Versos de Gualberto Gregorio Márquez 
                                (Charrúa)

jueves, 8 de junio de 2017

VIEJO FACÓN

Viejo facón oriental
que un bisagüelo entrerriano
atravesando un pantano
encontró, por un casual.
De mi vida de mensual
sos una clara evidencia
y apegao a su existencia
sin por qué, cómo ni cuando
vas conmigo desvirando
los tientos de la pasencia.

Viejo facón cabo’e plata
gastao en la empuñadura,
hermano de mi cintura
y regalo de mi “Tata”.
Con vos tusé a aqueya ingrata
que me quiso basuriar
y tuve que lastimar
al que salió en su defensa
jurando sobre esa trenza
no volverme a disgraciar.

Sin embargo aqueya vez
que me despidió el patrón
aunque yo tenía razón
no quisite hacer de juez.
Por respeto a su vejez
me jui tragando amargura;
aún el recuerdo me apura
porque’n vez de hincharle el lomo
a mi mano, ¡ni sé cómo!
la sujeté en mi cintura.

Cuando la hija del puestero
se ahorcó por un mal amor
vos cortaste el maniador
qu’eya ató bajo el alero.
Cuando, con un pial certero
cayó un sotreta quebrao
vos mesmo lo has despenao
de la manera más crioya:
dentrándole justo en la ‘oya’
pa’ que muera desengrao.

Viejo facón, camarada,
de hoja delgada y filosa
sin mí, vos no sos gran cosa
y yo sin vos, no soy nada.
Tu punta en una rodada
me hizo un tajo en la cadera
pero la moza pueblera
que me atendió de’sa herida
con una pasión fingida
me hizo otra herida más fiera.

Viejo facón caronero
que en una tacuara larga
dentraste en la última carga
de un agüelo montonero.
Reliquia, plata y acero,
prolongación de mi brazo,
sos el amigo gauchazo
que me hará sentir más juerte
cuando al peliar con la muerte
¡le tire el último hachazo!

Versos de Carlos López Terra

martes, 6 de junio de 2017

LA TROPILLA DE BALBINO

1
He visto muchas tropillas
andando entre mi gauchaje,
distinta marca y pelaje…
redomones y de silla;
y entre tanta maravilla
que pisa el suelo argentino,
por más que anduve caminos
la que vi de mejor mano
fue una’e pelo tobiano
de un hombre llamao Balbino.
2
De capa color overo,
negra y blanca… bien pareja;
desde la cola a la oreja
tienen adornao el cuero.
Tobianos… si, compañero
y muy bien seleccionados,
como si fueran pintaos
por la noche y por la luna.
¡Pa’l dueño esa es la fortuna
que muchos le han codiciao…!
3
Ande el cencerro se hamaca
se arremolinan los fletes
y cuando silba el jinete
todos juntitos se atracan;
dando una vuelta… los saca
como agarraos al pegual,
demostrando cada cual
la pacencia de ese criollo
que vive cerca el arroyo
por los pagos de Vidal.
4
Al notarlos avanzar
llamaos por el tintineo
me hago de cuenta que veo
un cuadro para almirar…
pues le han sabido cortar
la cola al maslo, pareja
y un buen lustre que refleja
de la rasqueta el trabajo
con un tuse de arco bajo
desde la cruz a la oreja.
5
Mostrando sus largas clinas
y orgullosa de su laya
una tobianita baya
a esa tropilla, domina;
que además de ser madrina
de los pingos entablaos
lleva también a su lao
una linda potranquita
¡claro!... tobiana y bayita
pues no desmiente el legao.
6
Luciendo como en domingo
o en fiesta tradicional
ya la vi por “El Casal”
en una tarde, a esos pingos.
Ese día había “gringos”
como de ochenta naciones
que al almirarle los dones
al asomar por la loma
en diferentes idiomas
le hacían ponderaciones.
7
Y era una cosa segura
pues al pisar la gramilla
esa tobiana tropilla
parecía una pintura;
hermoseando la llanura
seguían a la madrina
y al ver a esa raza equina
uno a otro se dijeron
que era lo mejor que vieron
en esta tierra argentina.
8
Por eso la he ponderiao
tropilla tobiano negro
y la verdad que me alegro
hacerle este dedicao.
Tal vez, pa’ haberla entablao
prolijamente su dueño
ha puesto tiempo y empeño,
mucha paciencia y trabajo
porque amansar desde abajo
le quita a cualquiera el sueño.
9
Dios quiera que haya pintao
en mi verso a esa tropilla
y al hombre criollo que ensilla
con tanto esmero y cuidao.
No le pondero el chapiao
aunque es de plata y muy fino;
pero como hombre argentino
seguiré diciendo igual:
¡Ques’s orgullo pa’ Vidal
la tropilla de Balbino!

Versos de Víctor Abel Giménez

                           (Vasco)

viernes, 2 de junio de 2017

CASILLA

Casilla que entre corrales
te levantás imponente
y guardás hasta el presente
recuerdos tradicionales;
sentastes aquí tus reales
allá por el novecientos
cuando de los cuatros vientos
llegaban a Mataderos
los abnegados reseros
fieles a su cumplimiento.

Eras como un hospedaje
de escasa comodidá
porque a tu lado… es verdá
que albergastes al gauchaje,
que después del largo viaje
y cumplida su misión
hacía rueda en el fogón
reunido con los de acá
trenzándose una amistá
sincera y de corazón.

A tu lado trabajaron
reseros que ya se han ido
y el recuerdo merecido
por Mataderos dejaron;
otros ya se retiraron
del oficio, a descansar,
pero otros se ven andar
todavía bien montaos
que con años encimaos
no se quieren entregar.

A tu lao pasó el pilchaje
de plata y de soguerío,
ponchos de lana pa´l frío
y encerao, bajo el cueraje,
y de distintos pelajes
tropillas bien entabladas
con madrinas enseñadas
por los hombres domadores
y cencerros tañidores
marca “Ciervo” registrada.

A tu lao se oyó gritar
¡tropa… tropa!, en la embretada,
se vio alguna costalada
y flor de parada echar,
como se sintió balar
desesperado al vacaje,
como se vio al terneraje
buscar la madre afligida…
¡Cómo ha cambiado la vida…!
¡Cómo cambió este paraje…!


Versos de Rodolfo Nicanor Kruzich

miércoles, 31 de mayo de 2017

DÉJENMÉN EN TIERRA

A mí no me recen
endispués de muerto.
en hacer gauchadas
gasten ese tiempo.
No quiero que el alma
me abandone el cuerpo…
Anduve la vida
por caminos güenos,
resignao y manso,
priestando mi apero,
priestando mi poncho
mi moro y mi techo,
que’s, al fin de cuentas
lo poco que tengo,
ganao con trabajo
y en míseros sueldos.
El cuchillo sólo
lo usé de tropero
hachando algún gajo
pa’ priender el juego.
Pa’ cortar alambre,
ni a Dios se lo empriesto;
corto una estribera
si un bagual mañero
arrastra algún gaucho
del estribo’e fierro.
En peliar? Mil veces
lo empeño primero.

Es pa’ mi lo mesmo
un blanco que un negro,
y en las religiones,
por denguna dentro
porque en todas ellas
encontré lo mesmo.
A mí que no me recen
porque tengo miedo
que los oraciones
me lleven al cielo
ande -dice- han ido
tantos que no quiero
ni en la mesma gloria
toparlos de nuevo.
Pasaron en vano
la vida, y mintiendo,
negándole al niño
el pan y los sueños;
matando a miseria
puebluchos enteros,
y haciendo de muchos
que sirven pa’ ejemplo
con sus injusticias
jaguares y perros.
Si es, que esos mandingas
han subido al cielo
empujaos de abajo
por misas y rezos
porque se achicaron
y se arrepintieron;
o porque donaron
pa’ salvar el cuero
a la Santa Iglesia
los robos que hicieron;
déjenmén en tierra
por si acaso es cierto.
A mí no me recen
que me voy contento
déjenmén el alma
pegadita al cuerpo…
Pero eso sí, hermanos:
que me entierren quiero
al pie de algún árbol
-cualquiera es lo mesmo-
déjenmén pagarle,
algo por lo menos
a la madre tierra
que tanto le debo.
Subiré a la savia…
brotaré en renuevos,
me abriré en las flores
de pétalos frescos,
ofreciendo el netar
al dardo mielero…
Maduro en semillas
nutriré polluelos…
cantaré en sus picos,
volaré con ellos…
A mí no me recen
que me encanta el suelo;
quiero ver la luna
que inspiró mis versos,
andar por los riachos
corriendo, corriendo…
Oír la guitarra
errante del viento,
aliviar las hondas
tristezas del muerto
extraño y profundo
dolor del silencio.


Versos de Wenceslao Varela

UNA YERRA DE LAS DE ANTES

Rojea en el calendario
el primer día de mayo
y van llegando a caballo
los criollos del vecindario.
Entre las nubes, corsario
el sol… pelea su mando
y mientras se va agrandando
el grupo’e los invitao,
los lazos bien engrasao
están su fiesta esperando.

Hay yerra en “Santa María”,
una estancia muy vistosa
y que conserva orgullosa
costumbres viejas, ‘toavía.
Su patrón, para ese día,
olvida manga y corral
y porque’s tradicional
del tiempo de sus abuelos:
quiere terneros al suelo
y volteados en un pial.

Se preparan en la playa
el que enlaza, pialadores,
marquero y atajadores
para empezar la batalla.
Sin alambrados ni rayas
va a comenzar la función;
en un costao, el fogón
tiene la marca candente
y entre’l bullicio’e la gente
entra el rodeo en acción.

Allí va el enlazador
montao en un rabicano
-es zurdo y con esa mano
de revés, tira mejor-.
Pa’ cumplir con su labor
ha sabido acomodar
el recao pa’ trabajar;
la cincha apretó bastante
y aunque está medio adelante
no lo han de ver sobaquiar.

Ya sale el primer ternero
disparando a campo raso
y están zumbando los lazos
midiendo tiros certeros.
Un pial de volcao, primero,
queda errao sin saber cómo;
después, otro sobre el lomo
lo saca de una gambeta
y con uno de paleta
lo voltea el mayordomo.

Se oye gritar al patrón
“-Aprete que va la marca!”
y con esa frase abarca
la primera marcación.
El ternero da un tirón
cuando se siente quemao,
queda olor a chamuscao
y después de la capada
festeja la paisanada
con un porrón destapao.

Y prosigue el desarrollo
sin darse tregua ninguno
entre el balar de vacunos
y los dichos de los criollos.
Hay tiros con todo el rollo
como puestos con la mano
y cada cual es baqueano
en lo que está trabajando
y así marcaos van pasando
los que fueron… orejanos.

Esa es la yerra a rodeo,
hermosa fiesta campera
de un tiempo que ya se fuera
y que antes fue de apogeo.
Me pongo a pensar, y creo
que hasta la vida ha cambiao
y de puro encariñao
le doy mi palabra franca…
¡que aunque fuera de payanca
yo… pialaría al pasao…!


Versos de Víctor Abel Giménez