domingo, 24 de abril de 2011

COMO LANZA

Toda la tarde he probao
entre la prima y la cuarta
porfiando con una nota,
y no he podido templarla…
La pava chilla y ni un mate
ha pasao por mi garganta
y si sigo ansí, la noche
se va a echar sobre las casas.
Gastando tabaco y tiempo,
aquì estoy sin hacer nada.
Patrón de mi aburrimiento
me he quedao solo en la chacra
entre dominante y tono
de una milonga pampeana.
Bozal para los recuerdos
que a mis recuerdos amansa.
Sin encerrar la lechera
ni traer leña pa’ las casas
abrazao a la tristeza
que destila mi guitarra.

En un tiempo fui patrón
de caminos y distancias;
para sobre los estribos
siempre más lejos miraba.
Las narices de mi moro
ventiando un charquito de agua
eran el único apuro
que mi destino apuraba.
Dueño de soles de marzo
y noches de estrellas altas,
desensillaba ande quiera
en el cielo de mi patria…
Ningún amor duradero
por entonces me hacía falta,
me duraban los romances
entre la noche y el alba.

Pero… una tarde de otoño
más triste que mi guitarra,
me vio pasar por aquí
con la tormenta en la espalda.
Torearon dos ovejeros,
ella salió de las casas.
Yo ensayé un “¡Ave María…!”
até el moro a la enramada
y sonaron mis espuelas
con un tin-tin de rodaja.
Cuando dentré a la cocina
pa’ saludar a su tata,
se levantó el hombre viejo,
me tendió su mano gaucha:
“-Desensille y pase mozo,
mire que se viene el agua…”
Dos ojos grises de tiempo
le chispeaban en la cara
mirando aquél forastero
de a caballo y con guitarra.

Cenamos en la cocina
después del mate y la charla;
yo canté de sobremesa,
casi hasta la madrugada.
Me levanté tempranito,
el camino me esperaba,
y los ojos de la moza
pedían que me quedara.
Y allí terminó pa’ siempre
la historia de mis andanzas…
Cambié por dos ojos tristes
mis noches de estrellas altas.
Mi guitarra tuvo dueña,
porque ella también cantaba,
y le hacían desde el ombú
contrapunto las calandrias.
Mi moro dentró a engordar
en el potrero ‘e las casas
y en un rincón se durmieron
mis dos espuelas de plata.

Después su sueño y el mío
se juntaron en la almohada,
emplumando dos pichones
bajo una ternura mansa,
y jueron dos muchachitas,
prendidas de mis bombachas,
que me pialaron los rumbos
de mis pasadas andanzas.
Y aquí estoy clavao pa’ siempre
igual que una vieja lanza,
con cicatrices de herrumbres,
recuerdos de antiguas cargas…
Gastando tabaco y tiempo
me he quedao solo en la chacra,
viá’rrimar unas astiyas
y a ver si priendo una lámpara
antes que vengan del pueblo
la patrona y las muchachas;
que si me ven en lo oscuro
van a creer que algo me pasa,
y capaz que esas mandonas
me den una levantada,
porque… a pesar de los años
y el respeto por mis canas,
yo soy dueño de mi tiempo…
pero ellas son las que mandan.

Versos de Carlos López Terra

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